Un timbre que suena, una medicación
que administrar, una tensión que tomar, unas lágrimas que enjugar e incluso una
inyección que poner. Eso es lo que vemos nosotros desde nuestra situación como
pacientes o como observadores externos. Pero para quien está al otro lado es
bien diferente: cada una de estas cosas puede representar una petición de
ayuda, un medio para salvar a alguien, escuchar y consolar así como combatir la
enfermedad.
Existen miles de profesiones que
brillan con luz propia, pero en este artículo vamos a resaltar una que
precisamente está en la oscuridad desde prácticamente su creación y que, aunque
no nos demos cuenta y sea más menospreciada de lo que merece, es muy importante
en nuestras vidas: la enfermería.
Basta con imaginar un mundo en el
que nadie estuviese a nuestro lado cuando estamos enfermos para apreciar un
tanto lo que representan estas mujeres y hombres, porque sí, la enfermería no
es sólo una profesión de mujeres que van con falda y cofia con jeringuillas en
la mano. Sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg: escuchar, aconsejar,
educar, cuidar, consolar… todo ello es parte de un trabajo de personas que dan
lo mejor de sí mismas para que otros se recuperen o no caigan enfermos. Se dice
que es algo vocacional y es completamente cierto: hace falta más valor del que
se les adjudica para mantener una sonrisa o prestar la mejor ayuda posible más
allá de los propios días malos o los problemas personales.