lunes, 22 de octubre de 2012

Sevilla son sus curiosidades: El canal de Alfonso XIII


Sevilla y su río Guadalquivir. Dos términos inseparables para la infinita mayoría de los mortales. ¿Algún sevillano es capaz de imaginarse a su ciudad, sin que fuese cruzada por este río tan carismático? ¿Algún sevillano alcanzaría a imaginar a Triana separada de Sevilla, única y exclusivamente por una baldía y simple calle? Yo, desde luego, no. Y que curiosa, hermosa y sevillana paradoja, como podrían decir en los burladeros, pues este río, mi río, nuestro río, no es más que un mero canal sin vida, un brazo inerte de agua, que el verdadero, caudaloso e imponente Guadalquivir deja a su paso por nuestra ciudad


Aunque gran parte de los ciudadanos de a pie lo desconozcan, hoy en día, a lo que lo sevillanos llamamos “Guadalquivir” se trata realmente del Canal de Alfonso XIII, que, al fin y al cabo, no es más que una vieja sombra de lo que en su día fue el verdadero Guadalquivir.

La dársena de este canal corresponde al antiguo cauce del río Guadalquivir, que en 1946 fue cegado al norte por la corta de la Cartuja, conectándose a través del puerto de Sevilla, mediante dos esclusas al que hoy en día es su auténtico cauce.

Podemos ver el trazo "paralelo" del cauce actual del río y del canal (de izquierda a derecha)

La construcción de este canal de 13.5 km de longitud y que atraviesa la ciudad de Sevilla (si bien también algunas de sus partes alcanzan a los términos municipales de Santiponce y de Dos Hermanas), responde a motivos de seguridad y salubridad. Con anterioridad a 1946, eran famosas las inundaciones que acuciaban a Sevilla de forma aleatoria, dependiendo de cómo resultase el año en lluvias (si bien estas inundaciones no tenían únicamente como fuente al río Guadalquivir, lo que se demostraría en 1961 con el desbordamiento del Tamarguillo y la conocida Operación clavel). Estos desastres naturales solían atacar sin remordimiento alguno a muchas familias sevillanas, para las que, este suceso inesperado podía suponer fácilmente un infortunio insuperable en términos económicos. No olvidemos que el casco histórico de Sevilla se encuentra en muchas de sus zonas por debajo del nivel del mar, algo que agravaba estas situaciones de emergencia.


Imagen de: La sevilla que no vemos

De esta forma, decidió acabarse en 1946 con este tipo de amenazas creando una nueva cuenca para el río Guadalquivir que pasara por la Cartuja y se uniera en San Juan de Aznalfarache con un antiguo cauce abandonado. Por su parte, al taponarse la entrada norte del río en Sevilla en Chapina, quedaba construida una dársena que recibiría en su totalidad el nombre de Canal de Alfonso XIII (si bien, cierta parte hoy en día, también reciben el nombre de Canal de Isabel II).


Imagen de Gobierno de España (CHGuadalquivir)

De esta forma, en 1946, Sevilla se consolaba por haber perdido al río que durante siglos formase inseparablemente parte de cada ápice de su historia, con el consuelo de mantener, como memoria suya, un pequeño brazo muerto del mismo. Un golpe duro para el amor propio de Sevilla, pero un mal necesario por el bienestar de sus ciudadanos y, en general, de la estabilidad de la ciudad.

Décadas más tardes, con motivo de la EXPO 1992, se volvió a abrir el tapón de Chapina, para desplazarlo más hacia el norte, hacia el barrio de San Jerónimo, con el objetivo de aumentar la longitud del Canal de Alfonso XIII, estableciendo en este nuevo dique una depuradora de aguas residuales, y una pequeña conducción subterránea, de modo que el caudal de río fuese regulable y no se encontrase totalmente muerto o estancado, y dependiente de las esclusas al sur para su limpieza.

Marcas históricas de algunas inundaciones

Como acaban de enterarse, si ya no lo sabían, queridos lectores, cuando vengan y caminen por Sevilla, disfruten con una ciudad única y con un “río” que aporta algo especial a esta tierra, háganlo posiblemente con un agradable paseo desde la Torre del Oro hasta el Puente de Triana, pero no se olviden de mirar un poco más allá, en dirección a las colinas del Aljarafe sevillano, donde Sevilla comienza a perder su nombre, porque allí, les estará sonriendo, con el auténtico borboteo de la vida, el río que otrora, maravillase a un Imperio, y diera su nombre al sur de la península ibérica … el río Betis.

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