Sevilla y su río Guadalquivir. Dos términos inseparables para
la infinita mayoría de los mortales. ¿Algún sevillano es capaz de imaginarse a
su ciudad, sin que fuese cruzada por este río tan carismático? ¿Algún sevillano
alcanzaría a imaginar a Triana separada de Sevilla, única y exclusivamente por
una baldía y simple calle? Yo, desde luego, no. Y que curiosa, hermosa y
sevillana paradoja, como podrían decir en los burladeros, pues este río, mi
río, nuestro río, no es más que un mero canal sin vida, un brazo inerte de
agua, que el verdadero, caudaloso e imponente Guadalquivir deja a su paso por
nuestra ciudad
Aunque gran parte de los ciudadanos de a pie lo desconozcan,
hoy en día, a lo que lo sevillanos llamamos “Guadalquivir” se trata realmente
del Canal de Alfonso XIII, que, al fin y al cabo, no es más que una vieja sombra
de lo que en su día fue el verdadero Guadalquivir.
La dársena de este canal corresponde al antiguo cauce del río
Guadalquivir, que en 1946 fue cegado al norte por la corta de la Cartuja, conectándose
a través del puerto de Sevilla, mediante dos esclusas al que hoy en día es su
auténtico cauce.
Podemos ver el trazo "paralelo" del cauce actual del río y del canal (de izquierda a derecha)
La construcción de este canal de 13.5 km de longitud y que
atraviesa la ciudad de Sevilla (si bien también algunas de sus partes alcanzan
a los términos municipales de Santiponce y de Dos Hermanas), responde a motivos
de seguridad y salubridad. Con anterioridad a 1946, eran famosas las
inundaciones que acuciaban a Sevilla de forma aleatoria, dependiendo de cómo resultase
el año en lluvias (si bien estas inundaciones no tenían únicamente como fuente
al río Guadalquivir, lo que se demostraría en 1961 con el desbordamiento del
Tamarguillo y la conocida Operación clavel). Estos desastres naturales solían
atacar sin remordimiento alguno a muchas familias sevillanas, para las que,
este suceso inesperado podía suponer fácilmente un infortunio insuperable en términos
económicos. No olvidemos que el casco histórico de Sevilla se encuentra en
muchas de sus zonas por debajo del nivel del mar, algo que agravaba estas
situaciones de emergencia.
Imagen de: La sevilla que no vemos
De esta forma, decidió acabarse en 1946 con este tipo de amenazas
creando una nueva cuenca para el río Guadalquivir que pasara por la Cartuja y
se uniera en San Juan de Aznalfarache con un antiguo cauce abandonado. Por su
parte, al taponarse la entrada norte del río en Sevilla en Chapina, quedaba
construida una dársena que recibiría en su totalidad el nombre de Canal de Alfonso
XIII (si bien, cierta parte hoy en día, también reciben el nombre de Canal de
Isabel II).
Imagen de Gobierno de España (CHGuadalquivir)
De esta forma, en 1946, Sevilla se consolaba por haber
perdido al río que durante siglos formase inseparablemente parte de cada ápice
de su historia, con el consuelo de mantener, como memoria suya, un pequeño
brazo muerto del mismo. Un golpe duro para el amor propio de Sevilla, pero un
mal necesario por el bienestar de sus ciudadanos y, en general, de la
estabilidad de la ciudad.
Décadas más tardes, con motivo de la
EXPO 1992, se volvió a abrir el tapón de Chapina, para desplazarlo más hacia el
norte, hacia el barrio de San Jerónimo, con el objetivo de aumentar la longitud
del Canal de Alfonso XIII, estableciendo en este nuevo dique una depuradora de
aguas residuales, y una pequeña conducción subterránea, de modo que el caudal
de río fuese regulable y no se encontrase totalmente muerto o estancado, y
dependiente de las esclusas al sur para su limpieza.
Marcas históricas de algunas inundaciones
Como acaban de enterarse, si ya no
lo sabían, queridos lectores, cuando vengan y caminen por Sevilla, disfruten
con una ciudad única y con un “río” que aporta algo especial a esta tierra,
háganlo posiblemente con un agradable paseo desde la Torre del Oro hasta el
Puente de Triana, pero no se olviden de mirar un poco más allá, en dirección a
las colinas del Aljarafe sevillano, donde Sevilla comienza a perder su nombre, porque
allí, les estará sonriendo, con el auténtico borboteo de la vida, el río que
otrora, maravillase a un Imperio, y diera su nombre al sur de la península
ibérica … el río Betis.



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