lunes, 15 de octubre de 2012

El granjero que se proclamó Príncipe



Pagar impuestos siempre ha sido una cuestión controvertida. Aunque pocos discuten de que se trata de un deber esencial que todos los ciudadanos debemos cumplir a fin de que el Estado pueda cumplir con sus funciones, prestar servicios a la sociedad y efectuar una justa redistribución de la renta, no siempre todos están de acuerdo sobre su cuantía, la manera en que deben aplicarse y para qué debe destinarse ese dinero.

En este sentido, es famosa la historia de Henry David Thoreau, un tipo excéntrico, genial y tozudo, que en 1846 fue a la cárcel porque se negó a pagar un impuesto destinado a financiar la guerra de Texas contra México. Años después, Thoreau escribiría la obra con la que pasaría a la Historia: La desobediencia civil. Como dato curioso, señalar que Thoreau no saldría de la cárcel, hasta que sus amigos, hartos ya de intentar hacerle entrar en razón, pagaron la deuda por él.

Sin embargo, estoy seguro de que el padre de la desobediencia civil, bien se habría pensado lo de la cárcel, si hubiera conocido a Leonard George Casley, quien un siglo más tarde, lejos de convertirse en mártir por sus ideas, se decantó por una opción un tanto insólita: se autoproclamó príncipe, protagonizando una historia que perfectamente podría ser el argumento de una nueva película de Woody Allen.



En la década de los sesenta, el Gobierno australiano aprobó una ley de cuotas sobre la producción del trigo que a ojos de muchos granjeros era flagrantemente abusiva. Así, cinco aguerridas familias con granjas en la región de Hutt River, en la Australia occidental, se unieron para combatir esta ley. Sin embargo, viendo que sus protestas eran ignoradas, Leonard George Casley, portavoz de los granjeros, decidió que sus granjas se independizarían de Australia alegando una ley de finales del siglo XV, la Treason Act de 1495. Ni cortos ni perezosos, los habitantes de Hutt River se constituyeron como provincia en 1969.

Dado el peculiar sistema jurídico vigente en el mundo anglosajón, dicha ley aún seguía vigente, por lo que el Gobierno de Australia Occidental determinó que no podía hacer nada sin la intervención del Gobierno Federal. Además, en medio de todo este revuelo político y jurídico, en una correspondencia con el gobernador general, sin querer una carta fue dirigida a Casley como “Administrador de la Provincia de Hutt River” que bajo una prerrogativa real convertía este reconocimiento en vinculante para todas cortes de justicia.

Acabándose la paciencia de las autoridades australianas, Casley fue amenazado de ser demandado ante los tribunales si no acababa con esta farsa. Nuestro granjero, hombre de armas tomar y buen conocedor de la Ley, comenzó a usar el título de “Príncipe de Hutt River” con el fin de aprovecharse de una ley australiana según la cual “un monarca no podrá ser enjuiciado y que aquél que interfiera en sus labores será acusado de traición”. De esta forma, de la noche a la mañana, el 21 de abril de 1970, la Provincia de Hutt River pasó a convertirse en Principado. Por su parte, Australia tenía por delante un plazo de dos años para responder a esta declaración de independencia, sin embargo, por increíble que parezca, el Estado australiano NO RESPONDIÓ, dándole al principado el estatus legal de facto el mismo 21 de abril de 1972.

En 1976 el servicio de correos de Australia se rehusó a manejar la correspondencia de Hutt River, lo que forzó a que el correo fuera redirigido vía Canadá. Por otro lado, el fisco australiano cerraba el cerco, exigiendo sin miramientos que los hutriveños cumplieran con sus obligaciones tributarias. Sin embargo, esta aldea de irreductibles granjeros no estaba dispuesta a ceder ante este asedio administrativo y tras varias demandas ante los tribunales, el servicio de correo fue restaurado y los pedidos de cobro de impuestos cesaron.

A día de hoy, la agencia de impuestos de Australia cataloga a los habitantes de Hutt River como no-residentes en Australia para cobro de impuestos; así que los ingresos obtenidos en el principado de Hutt River están exentos del cobro de impuestos. El principado cobra su propia tarifa del 0,5% en transacciones financieras por compañías extranjeras registradas en el principado y cuentas personales.

El Príncipe Leonard I, el cual se declara leal a la reina Isabel II, es el Jefe de Estado de una micronación con un territorio de 75 km² y una población que si bien en un principio era de 60 personas, en la actualidad asciende, contando con los extranjeros nacionalizados, a 20.000 almas. El Principado cuenta con su propia moneda (el dólar de Hutt River), su capital se llama Nain y las lenguas más habladas son el inglés, el francés y el esperanto.

Aunque resulte un tópico, no por ello es menos cierto: a veces la realidad supera a la ficción.



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