Hoy, día de Nochevieja, raro será
aquel de vosotros que no se eche una como descanso previo a una larga, intensa
y gran noche. Pero, ¿os habéis preguntado alguna vez, de dónde viene esa
costumbre tan española y mundialmente conocida de “echarse una siesta”?.
Imagen de Nomaders
Como ocurre con tantas expresiones
y tradiciones asociadas, encontramos la respuesta a ello en la historia. El
término siesta proviene de la época romana, donde nuestro ancestros
acostumbraban a dividir el día en varias partes, destinando cada una de ellas a
una función. La sexta parte del día, se reservaba para guardar silencio y
descansar tras la comida, reposando los alimentos recién ingeridos y recuperado
fuerzas, precisamente, en las horas donde el calor sofocante de nuestra región
apretaba más.
De esta forma, a pesar de haber
pasado los siglos, e incluso, los milenios, la costumbre se conservó en nuestro
país, si bien, la expresión de “guardar la sexta” o “sextear” acabó derivando
en “guardar la siesta” o en “echarse la siesta”. Pero, ¿cómo comenzó este
proceso lingüístico?. Tiempo después, alrededor del Siglo XI, esta tradición
fue arraigada, aún más, gracias a una de las Reglas de San Benito, que especificaba,
claramente, el deber de “reposar y mantener tranquilidad en la hora sexta”,
lapso temporal comprendido, aproximadamente según la antigua tradición latina,
entre las horas 12 y 15 del día. De esta forma, el abad de Nursia, San Benito,
imponía a sus hermanos el deber de recostarse en su lecho, en silencio
absoluto, para descansar y retomar energías de cara a afrontar, con fuerzas
suficientes, el resto de la jornada. Con epicentro en la región de Umbría, en
Italia, esta costumbre comenzó a abrirse paso y a adoptarse en muchos otros
monasterios. La población, a este uso monacal, comenzó a denominarlo “siesta”.
Aclarado sus orígenes históricos,
podemos plantearnos, igualmente, si más allá de la mera costumbre, existe una
razón puramente biológica para este descanso de medio día. Pues bien, podemos
afirmar igualmente que la siesta es una consecuencia orgánica totalmente natural.
Tras la ingesta de alimentos, la sangre desciende desde el sistema nervioso
hacia el sistema digestivo. Este proceso, provoca un elevado grado de
somnolencia, siempre proporcional a la cantidad y pesadez de los alimentos que
se hayan ingerido. Es probablemente por ello, debido a lo copiosas que son las
comidas españolas, nuestra devoción innata por echarnos la siesta después de
almorzar. Pero no podemos dejarnos engañar por ello, ya que, estudios recientes
evidencian que otros muchos países europeos han asimilado este hábito tan
profundamente en sus rutinas, que incluso
nos han superado en términos relativos. Por ejemplo, mientras un 9% de la
población española suele respetar el hábito de la siesta en su vida cotidiana,
lo hacen un 22% de los alemanes (país con mayor índice), un 15% de los
italianos, un 14% de los británicos y un 8% de los portugueses. ¡Y después nos
llaman vagos a nosotros! Una vez más, la mala fama española está totalmente
injustificada como demuestra la pura realidad … como dice el refrán, “críate la
fama, y échate a dormir”.
Imagen de: Conectatours
Pero, ¿Es la siesta algo
saludable? En este caso, sin lugar a dudas, la respuesta tiene que ser un
rotundo “sí”, aunque con un pequeño matiz, y es que, lo recomendable, es que
las siestas no se pronuncien más allá de los 10 a 30 minutos. Siempre que
mantengamos esa condición, o al menos, no la rompamos de sobremanera, una
siesta después de comer puede:
- Aliviarnos tensiones
- Reducir el cansancio de los ojos
- Reducir el riesgo de sufrir un infarto
- Eliminar la fatiga física y mental
- Favorecer la memoria
- Combatir el estrés
- Aumentar el rendimiento
- Aportar sensación de bienestar
Así que ya lo sabéis, si os
encontráis extenuados, y necesitáis un descanso tras el almuerzo, no lo dudéis ni
os dejéis llevar por aquellos que os llamen vagos. Simplemente, recordadles y
haced gala de lo siguiente, “si los romanos levantaron uno de los mayores
imperios de la historia, y eran una de las civilizaciones más avanzadas para su
contexto, todo, respetando la siesta, no voy a ser yo quien les contradiga”. ¡Feliz
año nuevo a todos!
Imagen de: Almacendemisterios



Totalmente de acuerdo, no hay nada como una siesta (eso sí pequeña) para recargar nuestras energías.
ResponderEliminarUn estupendo relato.
Te felicito por el blog.
Un saludo!!
Oliver
Por supuesto! Ese momento de la siesta, después de un día agotador, no tiene precio! Aunque a veces sea una tentación extremadamente grande el ampliarla más allá de la media hora recomendable jaja.
ResponderEliminarMuchisimas gracias Oliver. Me alegra mucho que te haya gustado, y que disfrutes con el blog =) Esperamos verte mucho más por aquí.
Un saludo amigo!!
buenas! leí un estudio q concluía q una hora y media es lo ideal. saludos
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