jueves, 6 de diciembre de 2012

Sevilla son sus curiosidades: Origen y leyenda de la calle Sierpes


Si hay una calle en toda la ciudad hispalense que mejor refleja el sentir de la ciudad, esa no puede ser otra que su famosa calle Sierpes. Un lugar de trasiego cotidiano de numerosos sevillanos, un rincón excelente para un agradable paseo nocturno, o incluso, al atardecer, y, cómo no, el corazón neurálgico de la Semana Grande de la ciudad.

Imagen de: Postales y fotos antiguas de Sevilla

Pero ¿cuál y cómo fue el origen de esta importante vía en la actualidad? Primitivamente, esta calle fue un brazo del río Guadalquivir que llegaba por el Arenal, por la calle García de Vinuesa, y se prolongaba por Trajano hasta la Alameda de Hércules  (donde se encontraba una laguna pestilente e infecciona en la que se arrojaban basuras, enseres viejos, e incluso cadáveres de animales). 

Imagen de: Esto es Hispania


En los márgenes de este brazo, fueron edificándose progresivamente varios conventos (en uno de ellos, el de San Acasio, se afincaba la hermandad del Gran Poder) y comercios, especialmente en los Siglos XVII y XVIII, pues por allí transitaban los que llegaban de las Américas con la intención de vender sus preciadas mercancías, aunque a veces, en lugar de encontrar compradores, se topaban con ladrones y maleantes de todo tipo que les robaban o estafaban sus bienes con hábiles trucos. Por este motivo, al ser un lugar tan transitado por malhechores, se hizo esencial la demanda de espadas, instalándose en este lugar el Gremio de los Espaderos, quienes darían, en 1500, su nombre a la calle.

Imagen de: Leyendas de Sevilla

Sin embargo ¿Cómo y cuándo surgió el nombre que tiene esta calle en la actualidad? Avanzado el S XV, en primer lugar, hay que aclarar, que su siguiente denominación fue la calle de la Sierpe, sustituida al poco por calle de las Sierpes, para pasar a designarnos, finalmente, calle Sierpes. Son muchas las teorías en torno al origen de este apelativo; algunos historiadores consideran que éste se debe a la forma serpenteante original de la calle, otros, apuestan porque proviene de la Cruz de la Cerrajería (que pese a estar hoy en día en la plaza de Santa Cruz, residió en esta calle hasta 1840) debido a los adornos que ésta muestra en forma de serpientes, por su parte, el ilustre polígrafo sevillano don Luis de Montoto atribuye el nombre a  un supuesto caballero, conocido como Álvaro Gil de las Sierpes, que tenía su residencia en este lugar, otras versiones apuntan a que en esta calle existía una famosa taberna conocida como de la Sierpe, finalmente, hay otras versiones que apuestan porque en la Calle Sierpes existió una barbería con honores de botica, que junto a los botes de sanguijuelas y lancetas de sangrar, mostraba una serpiente (o sierpe).

Imagen de: Tvrrisfortissima

Pese a todo, el fervor popular, hoy en día, mantiene como principal, la versión que cuenta que el origen del nombre de la Calle Sierpes, radica en una conocida y famosa leyenda. Todo sucedió a finales del S XV. Durante esta época, comenzaron a desaparecer niños de esta calle a todas horas, todo de forma muy misteriosa, sin dejar ningún rastro. Por ese motivo, un día los vecinos alertaron de estos hechos al Comendador de León, Alfonso de Cárdenas, quien por esta época fuera el regente de la ciudad.

Tras un tiempo donde cundió el caos, una persona que no quiso dar su nombre, prometió contar la historia y decir quién era el culpable si se cumplía una petición, obtener la libertad. Alfonso de Cárdenas aceptó, y envió a su escribano con el fin de obtener los datos necesarios para formalizar la petición. Gracias a ello, se descubre que el misterioso personaje era Melchor de Quintan y Argüeso, un bachiller de letras que había sido encarcelado por participar en una rebelión contra el Rey. Allí, el testigo cuenta cómo descubrió al culpable, narrando para ello su intento de fuga de la prisión que fue durante el cual se topó con él. De este modo, Quintana y Argüeso explica como realizó un túnel con el fin de huir, que llevó a las galerías subterráneas de Sevilla (que datan de épocas romanas y musulmanas). Pese a dar con ellas de casualidad, no dudo en usarlas para escapar de allí. Durante esta escapada, se encontró con el ladrón de niños, a quien, según aseguro al escribano, dio muerte, para luego retornar a la cárcel.

Imagen de: Feteju

Con esta aclaración, sólo fue necesario guiar al Comendador y su grupo de hombres al lugar donde el encarcelado aseguraba haber encontrado y matado al culpable de las desapariciones. Efectivamente, encontraron allí al culpable de ello con una daga en el pecho que confirmaba su muerte, al igual que los restos de huesos a su lado que le señalaban e incriminaban como responsable de las desapariciones. El culpable, no era otro que una enorme serpiente, con un tamaño similar al de un hombre.

Como compensación, y en cumplimiento de la promesa efectuada, se liberó al bachiller Quintana y Argüeso de su reclusión (quien incluso llegaría a prometerse y casarse con la hija del Comendador). Por su parte, Alfonso de Cárdenas ordenó que el disforme cuerpo de “la Sierpe” fuera retirado de aquella galería, para que su corrupción no infectase de pestilencia toda la ciudad. Los restos del animal fueron expuestos en la misma calle Espaderos, y el vulgo, que venía a admirarlos desde todos los barrios de Sevilla, a fuerza de repetir el relato vino a llamar a esta calle “la callle de la Sierpe”, hecho que acabó borrando de la memoria de los sevillanos el nombre de Espaderos que atesoraba previamente este lugar.

No podríamos cerrar este artículo sin hacer una importante alusión a los personajes históricos que, en muchos casos desafortunadamente (debido a que en una de sus esquinas, con la Plaza de san Francisco, se encontraba la Cárcel Real de Sevilla), residieron en esta calle. El primero y más destacado de ellos, como no puede ser de otro modo, fue el máximo exponente de la literatura española, Miguel Cervantes de Saavedra, quien situaría a Pierre Papin, el personaje principal de su comedia “El rufián dichoso”, en una tienda de naipes que él mismo tenía en esta calle.

Imagen de: Leyendas de Sevilla

Por su parte, cercano a la Campana, residió Nicolás Monarde, médico y botánico, que fue el primer europeo en estudiar las plantas que comenzaban a llegar de la recién descubierta América. De este modo, Monarde siembra algunas de esas plantas en su huerto y en su azotea, siendo el primer lugar del viejo mundo donde, debido a ello, pueden verse cultivados tomates, tabaco, o patatas entre otros.

Imagen de: Leyendas de Sevilla

Además, no podemos tampoco olvidarnos de los conocidos Martínez Montañes, máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería y escultor del Cristo de Pasión, Bartolomé Morel, fundidor del Giraldillo, Mateo Alemán, escritor del Siglo de Oro y autor de la novela picaresca del Guzmán de Alfarache, y Alonso Cano, compañero de Velázquez y experto en varias artes. Todos ellos, por infortunios de la vida, presos de la Cárcel Real.

De este modo, hoy en día, cuando volvamos a pasar por esta histórica, prestigiosa y rancia calle del centro de Sevilla, no nos olvidemos de la plena sabiduría que la misma rebosa, por haber sido testigo durante tantos años, de tantos hechos dispares, y no por ello, menos importantes. Incluso, parémonos a reflexionar en el prólogo del Quijote, donde Cervantes dice que el personaje “se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación”. ¿Pudo ésta haber sido la Cárcel Real de Sevilla, localizada en la calle Sierpes, y por tanto, Sevilla, el origen y epicentro del nacimiento de la novela española más importante y difundida de todos los tiempos? Lo único que me queda claro es que la inseparabilidad de la calle a su ciudad, y su aportación a la historia de la misma, nunca dejaran de presenciar nuevos episodios.

Imagen de: Sevillapedia

2 comentarios:

  1. Fantástica entrada!
    Es curioso, pero resulta realmente difícil imaginar lo que era el entorno de Sierpes-Campana hace pocos siglos: callejas estrechas, insalubres, sombrías... y el arroyo, que por lo visto salvaba un pontoncillo en la mismísima Campana.
    De hecho leí hace unos años que una Madrugá del siglo XVIII llegó a llover tanto que los nazarenos del Silencio tuvieron que darse la vuelta hacia su templo porque el puente estaba desbordado.
    Ya digo, difícil de imaginar en la actualidad...

    Un saludo

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  2. ¡¡Muchísimas gracias!!

    Realmente la Calle Sierpes y la Campana han experimentado muchos cambios. Como tú bien sabrás, no hace falta remontarnos a tan antaño, con ver fotos de principios del siglo pasado, la prueba queda evidente ... Quizas por eso, es un lugar tan especial, ¿no?.

    ¡Muchas gracias por el aporte sobre el arroyo! No sabía que incluso en esa época las hermandades de aquel entonces realizaran su estación de penitencia por la mismísima calle Sierpes, y mucho menos, que para llegar a ella, tuvieran que salvar el arroyo por un puente en la Campana. Muy curioso.

    Quizás eso mismo que piensas tú ahora, lo piensen nuestros predecesores Sergio. Conociendo a nuestra ciudad ... todo es imprevisible, y no hay rincón que permanezca a salvo y estable para siempre ...

    ¡Un abrazo!

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