Si hay una calle en toda la
ciudad hispalense que mejor refleja el sentir de la ciudad, esa no puede ser
otra que su famosa calle Sierpes. Un lugar de trasiego cotidiano de numerosos
sevillanos, un rincón excelente para un agradable paseo nocturno, o incluso, al
atardecer, y, cómo no, el corazón neurálgico de la Semana Grande de la ciudad.
Imagen de: Postales y fotos antiguas de Sevilla
Pero ¿cuál y cómo fue el origen
de esta importante vía en la actualidad? Primitivamente, esta calle fue un
brazo del río Guadalquivir que llegaba por el Arenal, por la calle García de
Vinuesa, y se prolongaba por Trajano hasta la Alameda de Hércules (donde se encontraba una laguna pestilente e
infecciona en la que se arrojaban basuras, enseres viejos, e incluso cadáveres
de animales).
Imagen de: Esto es Hispania
En los márgenes de este brazo, fueron edificándose progresivamente
varios conventos (en uno de ellos, el de San Acasio, se afincaba la hermandad
del Gran Poder) y comercios, especialmente en los Siglos XVII y XVIII, pues por
allí transitaban los que llegaban de las Américas con la intención de vender sus
preciadas mercancías, aunque a veces, en lugar de encontrar compradores, se
topaban con ladrones y maleantes de todo tipo que les robaban o estafaban sus
bienes con hábiles trucos. Por este motivo, al ser un lugar tan transitado por
malhechores, se hizo esencial la demanda de espadas, instalándose en este lugar
el Gremio de los Espaderos, quienes darían, en 1500, su nombre a la calle.
Imagen de: Leyendas de Sevilla
Sin embargo ¿Cómo y cuándo surgió
el nombre que tiene esta calle en la actualidad? Avanzado el S XV, en primer
lugar, hay que aclarar, que su siguiente denominación fue la calle de la Sierpe,
sustituida al poco por calle de las Sierpes, para pasar a designarnos,
finalmente, calle Sierpes. Son muchas las teorías en torno al origen de este
apelativo; algunos historiadores consideran que éste se debe a la forma
serpenteante original de la calle, otros, apuestan porque proviene de la Cruz
de la Cerrajería (que pese a estar hoy en día en la plaza de Santa Cruz,
residió en esta calle hasta 1840) debido a los adornos que ésta muestra en
forma de serpientes, por su parte, el ilustre polígrafo sevillano don Luis de
Montoto atribuye el nombre a un supuesto
caballero, conocido como Álvaro Gil de las Sierpes, que tenía su residencia en
este lugar, otras versiones apuntan a que en esta calle existía una famosa taberna
conocida como de la Sierpe, finalmente, hay otras versiones que apuestan porque
en la Calle Sierpes existió una barbería con honores de botica, que junto a los
botes de sanguijuelas y lancetas de sangrar, mostraba una serpiente (o sierpe).
Imagen de: Tvrrisfortissima
Pese a todo, el fervor popular,
hoy en día, mantiene como principal, la versión que cuenta que el origen del
nombre de la Calle Sierpes, radica en una conocida y famosa leyenda. Todo
sucedió a finales del S XV. Durante esta época, comenzaron a desaparecer niños
de esta calle a todas horas, todo de forma muy misteriosa, sin dejar ningún rastro.
Por ese motivo, un día los vecinos alertaron de estos hechos al Comendador de
León, Alfonso de Cárdenas, quien por esta época fuera el regente de la ciudad.
Tras un tiempo donde cundió el
caos, una persona que no quiso dar su nombre, prometió contar la historia y
decir quién era el culpable si se cumplía una petición, obtener la libertad.
Alfonso de Cárdenas aceptó, y envió a su escribano con el fin de obtener los
datos necesarios para formalizar la petición. Gracias a ello, se descubre que
el misterioso personaje era Melchor de Quintan y Argüeso, un bachiller de letras
que había sido encarcelado por participar en una rebelión contra el Rey. Allí,
el testigo cuenta cómo descubrió al culpable, narrando para ello su intento de
fuga de la prisión que fue durante el cual se topó con él. De este modo,
Quintana y Argüeso explica como realizó un túnel con el fin de huir, que llevó
a las galerías subterráneas de Sevilla (que datan de épocas romanas y
musulmanas). Pese a dar con ellas de casualidad, no dudo en usarlas para escapar
de allí. Durante esta escapada, se encontró con el ladrón de niños, a quien,
según aseguro al escribano, dio muerte, para luego retornar a la cárcel.
Imagen de: Feteju
Con esta aclaración, sólo fue
necesario guiar al Comendador y su grupo de hombres al lugar donde el
encarcelado aseguraba haber encontrado y matado al culpable de las
desapariciones. Efectivamente, encontraron allí al culpable de ello con una
daga en el pecho que confirmaba su muerte, al igual que los restos de huesos a
su lado que le señalaban e incriminaban como responsable de las desapariciones.
El culpable, no era otro que una enorme serpiente, con un tamaño similar al de
un hombre.
Como compensación, y en
cumplimiento de la promesa efectuada, se liberó al bachiller Quintana y Argüeso
de su reclusión (quien incluso llegaría a prometerse y casarse con la hija del
Comendador). Por su parte, Alfonso de Cárdenas ordenó que el disforme cuerpo de
“la Sierpe” fuera retirado de aquella galería, para que su corrupción no
infectase de pestilencia toda la ciudad. Los restos del animal fueron expuestos
en la misma calle Espaderos, y el vulgo, que venía a admirarlos desde todos los
barrios de Sevilla, a fuerza de repetir el relato vino a llamar a esta calle “la
callle de la Sierpe”, hecho que acabó borrando de la memoria de los sevillanos
el nombre de Espaderos que atesoraba previamente este lugar.
No podríamos cerrar este artículo
sin hacer una importante alusión a los personajes históricos que, en muchos
casos desafortunadamente (debido a que en una de sus esquinas, con la Plaza de
san Francisco, se encontraba la Cárcel Real de Sevilla), residieron en esta
calle. El primero y más destacado de ellos, como no puede ser de otro modo, fue
el máximo exponente de la literatura española, Miguel Cervantes de Saavedra,
quien situaría a Pierre Papin, el personaje principal de su comedia “El rufián
dichoso”, en una tienda de naipes que él mismo tenía en esta calle.
Imagen de: Leyendas de Sevilla
Por su parte, cercano a la
Campana, residió Nicolás Monarde, médico y botánico, que fue el primer europeo
en estudiar las plantas que comenzaban a llegar de la recién descubierta
América. De este modo, Monarde siembra algunas de esas plantas en su huerto y
en su azotea, siendo el primer lugar del viejo mundo donde, debido a ello,
pueden verse cultivados tomates, tabaco, o patatas entre otros.
Imagen de: Leyendas de Sevilla
Además, no podemos tampoco
olvidarnos de los conocidos Martínez Montañes, máximo exponente de la escuela
sevillana de imaginería y escultor del Cristo de Pasión, Bartolomé Morel,
fundidor del Giraldillo, Mateo Alemán, escritor del Siglo de Oro y autor de la
novela picaresca del Guzmán de Alfarache, y Alonso Cano, compañero de Velázquez
y experto en varias artes. Todos ellos, por infortunios de la vida, presos de
la Cárcel Real.
De este modo, hoy en día, cuando
volvamos a pasar por esta histórica, prestigiosa y rancia calle del centro de
Sevilla, no nos olvidemos de la plena sabiduría que la misma rebosa, por haber
sido testigo durante tantos años, de tantos hechos dispares, y no por ello,
menos importantes. Incluso, parémonos a reflexionar en el prólogo del Quijote,
donde Cervantes dice que el personaje “se engendró en una cárcel, donde toda
incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación”. ¿Pudo
ésta haber sido la Cárcel Real de Sevilla, localizada en la calle Sierpes, y por
tanto, Sevilla, el origen y epicentro del nacimiento de la novela española más
importante y difundida de todos los tiempos? Lo único que me queda claro es que
la inseparabilidad de la calle a su ciudad, y su aportación a la historia de la
misma, nunca dejaran de presenciar nuevos episodios.
Imagen de: Sevillapedia





Fantástica entrada!
ResponderEliminarEs curioso, pero resulta realmente difícil imaginar lo que era el entorno de Sierpes-Campana hace pocos siglos: callejas estrechas, insalubres, sombrías... y el arroyo, que por lo visto salvaba un pontoncillo en la mismísima Campana.
De hecho leí hace unos años que una Madrugá del siglo XVIII llegó a llover tanto que los nazarenos del Silencio tuvieron que darse la vuelta hacia su templo porque el puente estaba desbordado.
Ya digo, difícil de imaginar en la actualidad...
Un saludo
¡¡Muchísimas gracias!!
ResponderEliminarRealmente la Calle Sierpes y la Campana han experimentado muchos cambios. Como tú bien sabrás, no hace falta remontarnos a tan antaño, con ver fotos de principios del siglo pasado, la prueba queda evidente ... Quizas por eso, es un lugar tan especial, ¿no?.
¡Muchas gracias por el aporte sobre el arroyo! No sabía que incluso en esa época las hermandades de aquel entonces realizaran su estación de penitencia por la mismísima calle Sierpes, y mucho menos, que para llegar a ella, tuvieran que salvar el arroyo por un puente en la Campana. Muy curioso.
Quizás eso mismo que piensas tú ahora, lo piensen nuestros predecesores Sergio. Conociendo a nuestra ciudad ... todo es imprevisible, y no hay rincón que permanezca a salvo y estable para siempre ...
¡Un abrazo!