Durante los últimos días, aún más
si cabe con la reciente elección del nuevo Papa Francisco I, seguro que para
mucho de vosotros, conocedores o no de esta tradición, os habrá llamado la
atención el llamativo sistema que tienen en el Vaticano para anunciar si las
votaciones han sido fructuosas y se ha alcanzado un acuerdo para enaltecer a un
nuevo sucesor de Pedro.
Imagen de: La Vanguardia
Aunque os pueda parecer que este
sistema ha existido desde los orígenes de la institución de la Iglesia, lo
cierto es que “únicamente” tenemos que retroceder hasta el año 1274 para
conocer sus orígenes. Fue entonces cuando, Gregorio X, en el Concilio de Lyon,
promulgó el “Ubi periculum”, un documento donde se establecía, de forma
oficial, toda la metodología a seguir en el momento de celebración de un
cónclave para elegir a un nuevo papa. Hay que señalar, que este documento y su
regulación ha sobrevivido hasta nuestros días.
Hasta entonces, eran muchos, y
muy confusos, todos los sistemas que se habían venido empleando para escoger a
los nuevos sucesores del trono de Pedro. Los cuáles, por supuesto, solían estar
salpicados de artimañas y tejemanejes interesados para manipular a gusto y
antojo los resultados finales. Es así que podemos incluso señalar que, a falta
de un método claro de elección, a veces se alcanzaba el acuerdo a través de
importantes sumas monetarias que pagaban los candidatos, o a cambio de
poderosas alianzas entre naciones. Obviamente fue así como el Papa Benedicto IX
(quien él solito daría para un artículo muy interesante) pudo salir escogido en
1032 (y después dos veces más en 1045 y 1047) pese a sólo contar con 14 años.
Toda una aberración y un insulto a los millones de seguidores por aquel
entonces de esta religión.
Él no quiso perderse tan mediática ceremonia, y optó por un palco VIP
Imagen de:Telecinco
Introduciéndonos un poco en los
preceptos del “Ubi periculum” vemos en él una clara seña de la propia
experiencia de su creador, Gregorio X. Éste, necesitó de 34 meses para ser
proclamado como nuevo Papa, ya que las discusiones y desavenencias entre los
cardenales electores parecían no arribar en acuerdo alguno. Fue por eso, que en
el siglo XIII fue también cuando se determinó que los cardenales electores en
un cónclave se mantendrían absolutamente aislados del mundo, sin comunicación alguna
con el exterior. Es desde esta época, por tanto, cuando comenzó también la
tradición se la liturgia de aislamiento que rodea a los cónclaves papales.
Sin perdernos demasiados del tema
central de este artículo, el humo de la chimenea, popularmente conocido como “fumata”
es el resultado de la quema y combustión en una estufa de los votos que los
cardenales han emitido durante sus deliberaciones. El color blanco significa
que, afortunadamente, uno de los cardenales ha obtenido la mayoría cualificada
necesaria para ser proclamado como nuevo Papa. Por su parte, el color negro,
implica que el propósito de las
votaciones no se ha alcanzado, y que ninguno de los cardenales ha contado con
la mayoría necesaria. Además, existe una fumata amarilla, que quizás muchos
desconocen, ésta se usa para de forma previa a que el cónclave se reúna, con la
intención de probar que la estufa donde se queman las papeletas funcione
correctamente.
Imagen de: La Vanguardia
Históricamente, para conseguir
que el humo de la chimenea saliese de un color u otro, se quemaba cierta
cantidad de paja junto a las papeletas de los votos. Si previamente esta paja
se humedecía, el color resultante era el negro, mientras que si se mantenía
seca, el color resultante era el blanco.
Hoy en día, para garantizar que
el humo resultante de la quema adquiere las tonalidades necesarias, y para evitar
problemas del pasado (como por ejemplo, en las elecciones de Juan Pablo I y
Juan Pablo II el color resultante de la fumata fue un blanquecino grisáceo que
parecía tender al negro.) se ha incorporado una segunda estufa adicional donde
se quema la paja juntos a otros componentes químicos y demás pigmentos que
tiñen del color necesario a la humareda resultante. Además, desde el último
cónclave de 2005, se ha incorporado un repique de campanas cuando la fumata
alcanzada sea blanca, para que la decisión se haga aún más evidente a todos los
presentes en la Plaza de San Pedro, y por supuesto, a todos los que hoy en día
pueden seguir esta costumbre, desde sus casas, gracias a los medios de comunicación
y los avances tecnológicos.
Ciertamente existen otras hipótesis que señalan a un origen del humo muy distinto.
Imagen de: Nuvol
Cómo podemos ver, quizás lo más
paradójico y encantador de la tradición, consista en que una de las
instituciones mundiales con más poder, dinero e influencia, siga sirviéndose de
unos métodos de comunicación tan primitivos, que a muchos, quizás puedan
recordarles a las señales de humo de los indígenas americanos. ¿Quizás sea una
forma de presentar ante el mundo una imagen de humildad y austeridad?
Probablemente, aunque quien les escribe piensa que se mantiene como homenaje a
un cambio que supuso un antes y un después en el mundo eclesiástico, una
reforma que impidió que reyes y poderosos pudieran campar a sus anchas como hacían
en el pasado, donde hacían y deshacían a su antojo y voluntad en la Casa de
Pedro. Porque de lo contrario, si quisieran exhibir austeridad, habrían
empezado como lo ha hecho el reciente Papa Francisco I, con hechos simbólicos
pero de gran repercusión. Todo evoluciona en el mundo a partir de pequeños
cambios de gran importancia. Esperemos que el nuevo Papa sepa encarrilar y
limpiar todo lo que tiene alrededor. Desde aquí, nada más que desearle mucha
suerte en su misión.
Imagen de: Muy Interesante





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