Quizás a muchos esta historia os suene irreal o fantástica.
Desde luego lo parece. La verdad,
incluso para mí, el decir “érase una vez un árbol solitario en medio de uno de
los desiertos más grandes de la Tierra” parece evocarme antes a una tira
cómica, un chiste o un proverbio popular, pero no queridos amigos, realmente
existió una vez, y no hace mucho. ¿Que si tenía nombre? Por supuesto. Extraño
hubiera sido que espécimen tan excepcional no lo hubiera tenido. El árbol de
Teneré.
Imagen de: África en colores
Este peculiar árbol recibió su nombre por el sencillo hecho
de que se localizaba en la región de Teneré, al noroeste de Níger. Durante
siglos, y gracias a él, las caravanas de los Tuareg que atravesaban la zona en
sus camellos, podían orientarse con mayor facilidad. Porque claro, en 9
millones de kilómetros cuadrados exactamente idénticos, ¿qué podía haber más
significativo y distintivo que una pequeña acacia?. Tanto es así, que ya
cuentan los escritos que durante la colonización europea, este excéntrico
personaje que nos ocupa hoy ya fue un elemento esencial en la orientación de
los colonizadores.
Así fue como con el paso de los siglos el árbol de Teneré
fue engrandeciendo su fama. No en vano ostenta el reconocimiento de haber sido
el primer árbol individual que ha llegado a aparecer en un mapa a escala 1 : 4.000.000
(si bien, poco tiempo después, el árbol Perdido repetiría esta gesta geográfica).
Imagen de: Taringa
Como podemos intuir, nuestro amiguito no fue siempre un
árbol solitario, formando parte en el pasado de un grupo de acacias bastante
considerable. Sin embargo, el cambio climático que afectó a la zona del Sáhara
fue tan radical y extremo, que terminó por acabar con toda su familia, siendo
él el único superviviente.
Henry Lhote lo describía en 1934 como “una acacia con tronco
degenerativo, enfermo o de aspecto débil. Por otra parte, el árbol tiene hojas
verdes agradables y algunas flores amarillas.”
¿Cómo era posible que una acacia se mantuviera con vida en
medio del desierto cálido y árido más grande del mundo? Pese a que los tuaregs jamás se atrevieron a
excavar en los alrededores del árbol, al considerarlo poco más que como a una
deidad, en el invierno de 1939 un sargento del Servicio de Asuntos Saharianos,
Lamotte, ordenó excavar un pozo. El resultado fue pronto conocido. A 35 metros
de profundidad existía un acuífero que era el culpable de que el fascinante
árbol de Teneré siguiera con vida.
Imagen de: Maikelnai
Pero claro, la historia sería demasiado bonita si nos detuviéramos
aquí, ¿no?. ¿Y sois capaces de aventurar quien acabó con la vida y proeza del
árbol de Teneré? Por supuesto. Lo que la madre naturaleza no fue capaz de
conseguir, fue llevado a cabo por el continuamente imperfecto ser humano, y
encima, por partida doble.
Imagen de: Naufrablogs
Aspecto del árbol de Teneré antes de los incidentes que sufrió
En primer lugar, en la década de los 50, en una fecha que no
se puede precisar, un camión que iba camino a Bilma chocó contra el pobre
árbol. Hasta entonces el mismo había mostrado una forma similar a la Y, fruto
de una bifurcación de su tronco en dos subtroncos superiores. El resultado de
este primer incidente fue la sección de uno de estos subtroncos, recudiendo con
ello a la mitad la presencia física de nuestro amigo. Tras este suceso,
nuevamente Lhote volvería a dar
testimonio de su estado de salud, diciendo de él que “anteriormente, este árbol
era verde y con flores. Ahora es un árbol espinoso, sin color y desnudo. No
puedo reconocerlo. Tenía dos troncos distintos, ahora sólo hay uno, más bien
con un golpe en el lado que un corte a un metro del suelo.”
Imagen de: Naturacuriosa
Aspecto del árbol tras el primer incidente que sufrió
Pero si parece bastante… ¿cómico, hilarante? que un camión
choque contra el único objeto visible que
hay en 400 kilómetros a la redonda, ya lo que sí que es desternillante (hablando
irónicamente, por supuesto) es que de nuevo, en 1973, se repitiera este
incidente. En esta ocasión fue un camionero libio, del que cuentan las crónicas
que iba completamente borracho, quien impactó con la desafortunada acacia,
derribándola por completo y acabando con su vida. Si bebes no conduzcan dicen
los anuncios… pero claro, beber y conducir por un desierto donde no hay nada,
qué peligro podía tener, pensaría el “homicida” del árbol de Teneré.
A los pocos meses del suceso, el Gobierno de Níger optó por
trasladar al árbol al museo de Niamey. Además, para intentar honrar por un lado
a la memoria del árbol de Teneré, y por otro lado, salvar el punto de
orientación que había existido durante tantos siglos en el desierto del Sáhara,
decidió instalar un monumento conmemorativo en el lugar donde otrora se hallase
la acacia.
Imagen de: Plantamer
Monumento conmemorativo. Fácilmente apreciable el poco gusto y sencillez que se tuvo al escogerlo.
Imagen de: Fronterasblog
Al no contar con cimientos (únicamente un cubo de una tonelada es el encargado de sujetarlo) y debido a las tormentas del desierto, son numerosas las veces que el monumento ha acabado cediendo.
Con esta historia que os traemos hoy, queda una vez más demostrado
que el hombre, además de ser un lobo para el hombre como diría el acertado de
Hobbes, es igualmente un lobo para todo aquello que le rodea. Nos encanta
acabar y modificar aquello que siempre ha existido y estado en su sitio. ¡Qué
culpa tendría este tranquilo y solitario árbol del sino que el ser humano acabó
concediéndole!¡Qué daño le había hecho el a nadie, más que ayudar a orientar a
perdidos viajeros a lo largo de los siglos!. Pero claro, en un mundo donde todo
lo diferente desentona, un pobre árbol, destacando en el horizonte en una
superficie tan enorme, parecía estar pidiendo a gritos su eutanasia para algunos
ávidos conductores.
Imagen de: Plantación forestal.
Actualmente, los restos del árbol de Teneré exhibidos en el museo de Niamey.
Será quizás mejor que nos vayamos recordando las palabras de
aquellos curiosos que, pasmados al comprobar la veracidad de su existencia, no
pudieran más que como Michele Lesourd (Comandante del Servicio Central de
Asuntos Saharianos) mostrar su asombro y respeto: “Uno debe de ver el árbol
para creer en su existencia. ¿Cuál es su secreto?¿cómo pudo sobrevivir a pesar
de las multitudes de camellos que pasaban a su lado?¿cómo ningún azahari
permitió que algún camello comiera sus hojas y espinas?¿por qué ningún tuareg que
dirigía las caravanas de sal cortó sus ramas para encender fogatas? La única
respuesta es que el árbol es tabú y es condierado como tal por los caravaneros.
Hay un tipo de superstición, una orden tribal, que es siempre respetada. Cada
año los azahari se renunen alrededor del
árbol antes de afrontar el cruce del Teneré. La acacia se ha convertido en un
faro viviente. Es el último punto de referencia para los azahari que dejan
Agadez para ir a Bilma, o para regresar”








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ResponderEliminarHermosa historia, mas no un lindo final. Maravilloso los días que vieron con vida al Teneré. No pudo sobrevivir a la arremetida de los coches de motor, eran más calmos los días de andar a pié o con camellos
ResponderEliminarHermosa historia, mas no un lindo final. Maravilloso los días que vieron con vida al Teneré. No pudo sobrevivir a la arremetida de los coches de motor, eran más calmos los días de andar a pié o con camellos
ResponderEliminarHermosa historia, mas no un lindo final. Maravilloso los días que vieron von vida al Tereré. No pudo sobrevivir a la arremetida de los coches de motor, eran más calmos los días de andar a pié o con camellos.
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