En 1938, el profesor y escritor brasileño Julio César de Mello y Souza, disfrazado bajo el pseudónimo de Malba Tahan, escribe su obra de divulgación "El hombre que calculaba", ambientada en el Lejano Oriente y que trata de un hombre, Beremiz, que resuelve problemas que para otros resultan imposibles mediante las matemáticas. Entre sus capítulos podemos encontrar todo tipo de herramientas matemáticas como las divisiones, el cálculo mental, la estimación estadística, la geometría o la teoría de juegos convertidas en deliciosos cuentos llenos de camellos, jeques, califas y princesas del desierto.
En una de estas historias, Beremiz consigue determinar la belleza de una mujer sin mirarla, tan solo palpando su rostro. Con este cuento se pretende ilustrar el concepto de la denominada "proporción áurea", un número que se encuentra tanto en algunas de las obras de arte más admiradas como en algunas flores o en la concha de algunos moluscos. Su nombre deriva de que, según los matemáticos, la presencia de esta proporción en las dimensiones de un objeto favorece que nos resulte más atractivo o agradable de ver. Vendría a ser la proporción de la belleza.
En una de estas historias, Beremiz consigue determinar la belleza de una mujer sin mirarla, tan solo palpando su rostro. Con este cuento se pretende ilustrar el concepto de la denominada "proporción áurea", un número que se encuentra tanto en algunas de las obras de arte más admiradas como en algunas flores o en la concha de algunos moluscos. Su nombre deriva de que, según los matemáticos, la presencia de esta proporción en las dimensiones de un objeto favorece que nos resulte más atractivo o agradable de ver. Vendría a ser la proporción de la belleza.



