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miércoles, 23 de septiembre de 2015
La hipnosis, ayer y hoy
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Curiosidades,
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Psicología
jueves, 28 de mayo de 2015
El cerebro nos engaña
“La única verdad es la realidad”, decía Aristóteles. Nuestra realidad es como nos la presentan nuestros sentidos. Los ojos miran a nuestro alrededor, los oídos escuchan con atención y el cerebro recibe e interpreta las señales. ¿Podemos confiar en que esa interpretación sea fiel a la realidad
Richard Gregory, profesor de Neuropsicología de la Universidad de Bristol, no cree que una pequeña imagen recibida a través de la vista logre conseguir una visión completa del exterior: “El cerebro efectúa muchas suposiciones. Las imágenes que recibe el ojo no se corresponden en absoluto con los objetos que está mirando. El cerebro se imagina un objeto real a partir de una imagen tan pequeña como un sello de correos. Si se está mirando una mesa, por ejemplo, debe adivinar algunas cualidades del objeto, como que se trata de un objeto sólido y fuerte”.
Para este experto, cuando se reciben imágenes de objetos del exterior, el cerebro actúa elaborando hipótesis sobre qué puede ser y las contrasta mediante los sentidos. Sin embargo, si la respuesta es errónea, el cerebro tarda un tiempo en asimilar la nueva información. Es lo que ocurre con los llamados “efectos ópticos”, son falsas suposiciones causadas por una falta de datos. La imagen que se recibe no es completa y la reconstrucción es fallida.
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| El cerebro es un laberinto de interpretaciones. Laberinto Trojebor (Troya). Wikimedia.org |
Las ilusiones ópticas pueden dividirse en dos tipos: cognitivas (cuando nuestra visión no capta el objeto en su totalidad y realiza una suposición errónea) y fisiológicas (cuando el fallo se produce en el mecanismo visual por cansancio o deslumbramiento). A su vez, dentro de las ilusiones ópticas cognitivas pueden producirse ambigüedades, si hay dos alternativas de percepción; deformaciones, si el error se basa en las líneas, ángulos, tamaño, curvatura u otro tipo de propiedad geométrica; paradojas, cuando la imagen representa una realidad imposible (las famosas escaleras por las que se sube y al mismo tiempo se baja de piso); y las ficciones o creaciones ópticas, en las que se capta una imagen que en realidad no existe.
lunes, 20 de abril de 2015
Pareidolia: el curioso fenómeno de ver caras por todas partes
Todos nos hemos sentado alguna vez con un amigo, con nuestros hermanos, a adivinar las figuras que se ven en las nubes, ¿verdad? Bueno... De acuerdo. Digamos que eso es más de película americana en el porche, frente a nuestra casita en el árbol y junto a nuestro padre atento y sensible que se inventa una historia sobre el origen de la nube. Pero, sabemos de lo que estamos hablando: Un ¡mira! ¡ese coche parece que sonríe!, o un ¡mamá esa casa nos mira!, o mejor un ¡La Mona Lisa ha aparecido en mi tostada! (que sucede), son casos típicos. En definitiva, que si tú también has visto la carita triste del despertador y la nube-submarino en las fotos anteriores, significa que has experimen-tado pareidolia.
No te preocupes, que no es una enfermedad. Técnicamente, y poniéndonos algo más serios, la pareidolia es un tipo de apofenia. La apofenia es la experiencia de percibir patrones o conexiones en objetos o sucesos aleatorios y sin ningún sentido. Dentro de la apofenia podríamos encontrar numerosos hechos que hacen de su existencia algo muy común. En ella entrarían, por ejemplo, los "razonamientos" en juegos de azar, como los patrones que algunas personas siguen para echar la lotería, para juegos de carta o la ruleta (después de dos veces negro toca rojo; si la última vez salió el 6 ahora tiene que salir el 8...), pero también aspectos como la adivinación, leer el futuro a través de las cartas y algún que otro fenómeno paranormal. En definitiva, podríamos decir que la apofenia se produce en todo aquello en lo que, sin razón o motivación aparente, percibimos una especie de "señal".
Una vez inmersos en el fenómeno en cuestión, nos centramos en el caso que nos ocupa.
miércoles, 21 de enero de 2015
De la inteligencia biológica a la artificial
Ser Inteligente.
Todos sabemos más o menos que significa ser inteligente, no obstante encontrar una definición satisfactoria para todos ha sido una ardua tarea histórica. En todo caso, para los fines de esta lectura acordemos la siguiente definición: es la capacidad de percibir información, entenderla, comprenderla y asimilarla, generando nueva información capaz de resolver problemas.
Quizás se estará preguntando ¿soy inteligente?, ¿qué tan inteligente soy? Le aseguro qué usted es inteligente, ya que se encuentra leyendo esta información, la va comprendiendo y va generando su propia conclusión, aunque no esté consciente de ello, cumple con la definición propuesta. Ahora bien, ser inteligente no necesariamente es ser genio, un nivel de inteligencia es genial cuando el proceso de percibir la información y generar nueva información es eficaz y eficiente, y en consecuencia los problemas se resuelven de manera más expedita. Por lo tanto usted seguramente es inteligente pero quizás no es un genio.
Individuos y especies Inteligentes.
El registro del avance científico ha permitido transmitir conocimiento de una generación a la siguiente, dando paso al progreso en la comprensión de nueva información utilizada para resolver problemas. Somos individuos inteligentes; pero esa transmisión del conocimiento de una generación a la siguiente, provoca que nuestra inteligencia como individuo trascienda a nuestra especie. Podemos decir que un gato callejero es muy inteligente, debido a su capacidad de percibir su entorno, tomar decisiones con esa información y resolver problemas como su alimentación y reproducción. No obstante, solo puede transmitir información genética a sus descendientes, por lo tanto como especie no es capaz de transmitir experiencia que pueda generar nueva información en las siguientes generaciones. Aunque en cierta medida si puede enseñar a sus descendientes lo que haya aprendido por medio de su experiencia. No obstante, la especie humana de alguna manera se libró de esa atadura al no tener ningún tipo de limitación para transmitir conocimientos experiencias a las nuevas generaciones. Eso nos hace una especie inteligente.
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Psicología de los colores: ¿Cómo reaccionamos ante ellos? (I: Colores primarios)
Los colores son uno de los elementos más presentes en
nuestra vida y uno de los que más determinan nuestras sensaciones e impulsos.
¿Por qué la comida azul nos produce rechazo? ¿Por qué asociamos el rojo al
amor? ¿A qué se debe que el amarillo nos inspire alegría e ira a la vez? Vamos a descubrir cómo y hasta qué nivel varía
el efecto de un color sobre las personas.
Cada color produce muchos efectos distintos, a menudo
contradictorios, debido a que conocemos más sentimientos que colores. Un rojo puede resultar erótico o brutal,
inoportuno o noble, así como un verde puede parecer saludable, o venenoso, o
tranquilizante. Estos efectos tan diversos y particulares se deben a que ningún color aparece aislado, sino que
cada uno está rodeado de otros colores, es decir, en un efecto intervienen
varios colores. A esto se le conoce como acorde
de colores.
¿Qué es un acorde de colores?
Un acorde cromático se compone de aquellos colores más
frecuentemente asociados a un efecto particular, de manera que se evidencie que
colores iguales se relacionan siempre con sentimientos e impresiones
semejantes. Ejemplifiquemos esto: los colores asociados con la fidelidad se
asocian también a la confianza; los que se asocian con la animación, lo hacen
también con la alegría. De este modo, un acorde de colores no es un efecto
accidental, sino una combinación que determina el efecto del color principal.
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