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miércoles, 28 de octubre de 2015

La Estatua de la Libertad: la historia de una antorcha para iluminar al mundo

La Libertad Iluminando Al Mundo, más conocida como Estatua de la libertad, es quizás el símbolo más conocido de la ciudad de Nueva York, situada en el Estado homónimo de los Estados Unidos de América (EE.UU.) y, por qué no decirlo, un símbolo a nivel mundial por todo el significado que engloba. Situada en el Liberty Island, antigua base militar al sur de Manhattan, en la desembocadura del río Hudson, da la bienvenida a los barcos y pasajeros que llegan a su costa. Sin embargo, su historia se inicia en la vieja Europa, por ser un regalo que realizó el Estado francés al país para conmemorar el centenario de su Declaración de Independencia.

viernes, 28 de agosto de 2015

El Cementerio de Finisterre

Probablemente se trate de uno de los enclaves más peculiares del mapa geográfico español, plagado de leyendas y envuelto en la inmensidad del Océano Atlántico. "Finis terrae" protagonizaba el cuento del fin del mundo cuando la tierra se consideraba "plana". Más allá sólo se encontraba el mar, el final. Hoy en día, se trata de un municipio gallego envuelto en la rutina de los peregrinos que se aventuran a realizar el Camino de Santiago. De éste también se considera el final, donde en su precioso Faro, ubicado en el confín de la pequeña península que corona el municipio, el peregrino quema sus botas y da cierre a una de las etapas que, los que hacen el camino, consideran una de las más enriquecedoras de su vida.

Es Finisterre, por tanto, el final geográfico, el final de un camino; y curiosamente, en el objeto de este artículo, también el final de la vida.

martes, 16 de junio de 2015

La destrucción del tempo de Jerusalén

Fue la gran profecía de Jesús de Nazaret. Pocos días después de la expulsión de los mercaderes, a la salida del Tempo de Jerusalén, con sus discípulos extasiados ante la grandeza y belleza de las edificaciones, dejó dicho: “No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”. Y aquella no sería la última vez en escandalizar a los que lo escuchaban augurando la destrucción del orgullo de los judíos, el símbolo del pueblo elegido.

lunes, 13 de abril de 2015

Las catedrales de madera del Norte de Europa

El mundo de la arquitectura, tal y como la conocemos y sentimos hoy en día, se ha materializado en fríos cubículos de hormigón y acero revestidos de un velo de vidrio. Esto supone el resultado de una notable evolución de los sistemas constructivos, los cuáles han pasado principalmente por tres materiales fundamentales: hormigón, acero y, en la actualidad prácticamente olvidada, madera. 
 
Sin embargo, un reducto del calor gracias a la nobleza de la madera se esconde en las construcciones religiosas del norte de Europa. Noruega, Finlandia o Rumania (al sur de este continente) albergan coquetas y cálidas iglesias enfundadas en rígidas estructuras de madera cumpliendo una doble función: sustentación y revestimiento. Una rápida explicación a esta abundante presencia puede resultar la de la cercanía de la materia prima. La extracción de madera se puede dar fácilmente en estos países debido a los frondosos bosques que esconden.
 
A continuación veremos los ejemplos más notables de estas piezas, comenzando por el más abundante: las iglesias noruegas de madera.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La clave de Gaudí



“La belleza es el resplandor de la verdad, y como que el arte es belleza, sin verdad no hay arte”
Frase inscrita en la lápida de Antonio Gaudí


“El testigo insobornable de la historia” decía Octavio Paz[i] a propósito de la Arquitectura, una de las bellas artes que busca provocar un placer estético al espectador a través del, nada fácil, equilibrio entre la forma y la función. Sin embargo, hoy no solamente la arquitectura y los arquitectos, sino las artes restantes y los demás artistas,[ii] responden cada vez más a los estándares internacionales promovidos desde la OCDE, que determinan los rasgos que delinean la formación académica de quienes ejercerán esta profesión.
 
En estos tiempos, cabe la pregunta: ¿qué habría pensado un arquitecto de la academia del S. XXI si tuviera que calificar un diseño de Antonio Gaudí? Seguramente increparía al genio en el marco del debate forma-función[iii] o costo-beneficio[iv], para finalmente reprobar su propuesta porque ninguno de los proyectos del artesano cumple con la mínima norma de urbanismo[v]. 


Por eso, El Templo Expiatorio de La Sagrada Familia en Barcelona, merece una consideración aparte en la historia de las construcciones religiosas ¿Cómo tomaría un sesudo sinodal de la academia de arquitectura actual, los argumentos de Gaudí respecto al gótico como un arte imperfecto[vi] debido a la rigidez de sus líneas, tan alejadas de la naturaleza en sus formas y métodos?

domingo, 5 de octubre de 2014

¿Qué tenemos encima de nuestras cabezas?

¿Y encima de nuestros edificios? ¿El cielo? ¿las estrellas? ¿nuestros pensamientos e inquietudes?

               Encima de nuestras cabezas y edificios no sólo se agolpa el peso del aire, ni las preocupaciones del trabajo; no rondan en solitario pensamientos de angustia y amor. Encima de nuestras cabezas, la ciudad se cubre con una manta de ladrillos de cerámica de 14x28 tomada con el tiempo por una fina capa de verdina o moho. Encima de nuestro cuidado peinado, habitan monstruosas máquinas de climatización para hacernos la vida más cómoda; y así, escondida donde nuestros ojos no alcanzan, la ciudad trabaja sin descanso para nosotros, ajenos al sacrificio que supone. ¿Conocéis las azoteas?
                 Si en anteriores líneas viajábamos hacia el horizonte, hoy toca aterrizar en las cubiertas. En el amplio mundo de las mismas: inclinadas, planas, pizarra, tejas, ajardinadas y así puedo relatar durante al menos un par de horas. Las más castigadas son a la vez las más ignoradas, nada de cubierta plana, hablemos de “azotea”. Dejemos el término técnico a un lado y pongámonos del lado del hedonismo, adivinaréis que mi relación con ellas es cuestión de algo romántico. Las azoteas representan el olvido último de la civilización, donde los ojos y ni siquiera los pensamientos alcanzan, donde no llega el mimo, ni el cariño vertido en fachadas o pavimentos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Francesco Borromini

Francesco Castelli, más conocido como Francesco Borromini, nació un 25 de septiembre de 1599 en Bissone y murió en Roma un 3 de agosto de 1667. Es uno de los arquitectos de mayor renombre en la arquitectura barroca romana junto con Maderno (del que además era pariente y admirador) y Bernini, con los que trabajará a lo largo de su vida. Se trata de un artista muy original en su época que rompe con los tradicionalismos de la arquitectura para desarrollar nuevas concepciones. Como persona, todas las crónicas le retratan como un hombre mentalmente desequilibrado que termina suicidándose debido a una fuerte depresión.

En sus construcciones subordina su arte a la imaginación, por lo que llena sus obras de movimiento y decoración. Esto se relaciona además con algunas de las características típicas de la arquitectura barroca: abundancia de líneas curvas, ilusiones ópticas y claroscuros (juegos de luces y sombras), sensación de dinamismo, profusión de decoración y unión entre escultura y arquitectura con el fin de impresionar, adoctrinar y conmover al espectador y engrandecer  a las personas que encargaban las obras y a la Iglesia .

No hay que olvidar que el arte barroco, que en Roma se desarrolla sobre todo en el siglo XVII, es un arte ligado a la Iglesia católica, que frente a la crisis que sacude a la población en esta época (pobreza, hambruna, guerras religiosas y revueltas sociales), es una Iglesia triunfante frente al protestantismo. Por ello, y por el poder económico del Papado, proliferarán las construcciones religiosas en las que se intentará demostrar el poder y la autoridad de la institución y adoctrinar sobre los nuevos dogmas ratificados en el Concilio de Trento.
San Carlo alle Quattro Fontane

jueves, 18 de septiembre de 2014

Las pautas de vida que dan forma a la ciudad romana

           Infinitas veces estudiada, la vida romana nunca deja de sorprendernos. Una vida llena de costumbres, métodos y sucesivos ritos que marcaban su quehacer diario y que influirán directamente en su forma de ver y reconocer la ciudad. Estos actos repetitivos gozan de la virtud de adaptar a su antojo elementos como calles, edificios públicos e incluso la vivienda; y es aquí donde alcanza su punto álgido, estructurada para saludar. Efectivamente, el saludo se convertirá en el organizador del espacio de la tipología residencial; pero, previamente, hagámonos una idea de hasta donde podía llegar la influencia de sus preceptos de vida en la disposición de sus ciudades. 

                  Sabemos que Roma se fundó en la colina del Capitolio en el año 753 a.C. por un pueblo nómada latino y poco a poco, concretamente en el 509 a.C. empieza a expandirse cuando Grecia aún se mantenía en su punto álgido. Ya en el año 27 a.C. aparece la estructura política del Estado y con él, los emperadores; el Senado y el Emperador comparten el poder. 
 

jueves, 4 de septiembre de 2014

El SKYLINE, el plano del siglo XXI

                     Cuando somos pequeños soñamos con ser astronautas o futbolistas, olvidándolo más tarde en la edad adulta. Yo, por mi parte, siempre soñé con volar, con ser un pájaro o un piloto, alejada del trasiego y sintiendo el aire en la cara; yo, por mi parte, también reconozco seguir siendo aquella cría. Cuentan que visitar grandes ciudades te da la sensación de lo insignificante del ser humano, del peso que derrumban sobre él las grandes estructuras que aprisionan su espacio vital, de ser una pequeña hormiguita, yo, sin embargo, prefiero ser un halcón o un Boing 747 entrando a pista rozando el trasero en las antenas situadas en las cubiertas.

                  Las vistas desde el aire son espectaculares y dan a entender más de lo que parecen. En los últimos años, un término anglosajón ha invadido redes y distintos medios de comunicación, un término que engloba el panorama urbano de una ciudad, el “Skyline”. Ese fino trazo que delimita el horizonte, la barrera del ser humano para ser pájaro y surcar los cielos y, con el tiempo, se ha convertido inevitablemente en la carta de presentación de una ciudad, su firma. 

                  Pero, ¿qué implica este vocablo? Aunque las apariencias engañen, es más que un término de moda en tiempos cosmopolitas como “selfie”, “trendy” o “hastag”. Es una idea, una tarjeta identificativa. Si nos muestran distintos perfiles de diversas ciudades, probablemente seríamos capaces de reconocer el noventa por ciento de todas ellas. Hasta entonces, el medio de representación más característico de una metrópoli era el plano o mapa, herramienta dotada de la suficiente capacidad para conocer los distintos entresijos urbanos de una villa. Desde una calle se puede registrar que en el punto donde se ensancha aparece una plaza, y donde continúa hacia la derecha no tiene salida por tratarse de un antiguo adarve islámico. Pero llega un punto donde las ciudades se parecen, provienen de una misma civilización, asentadas próximas al curso de un río, y las posibilidades de saber qué ciudad estamos observando se reducen casi al cero por ciento. Así, el dibujo en dos dimensiones se deja atrás para la representación en altura, y la talla de una ciudad la desvelan sus edificios, por tanto, estos pasan a ser llamados los planos del siglo XXI.
 

martes, 26 de agosto de 2014

El Teatro del Mundo - Arquitectura Viajera

"[...]
Tú, que siempre diverso,
la fábrica feliz del universo,
eres, primer prodigio sin segundo,
y por llamarte de una vez, tú el Mundo,
que naces como el Fénix en su fama
de tus mismas cenizas.

[...]"

             "El Gran Teatro del Mundo"
             Pedro Calderón de la Barca

                  En 1655, Calderón de la Barca tradujo en tinta y páginas doradas las desventuras de un protagonista desvencijado por el tiempo. El Teatro surgió para el Mundo y el Mundo es un Teatro. Por eso en 1979, el arquitecto Aldo Rossi, hizo del espacio un lugar cambiante y del teatro un viajero con vagones de agua. Se trataba de un edificio con cimientos de barca que hacía las veces de teatro; un teatro flotante y errante, de formas simplificadas y colores venecianos. Una mañana apareció anclado en el puerto como un espejismo, un truco, una ilusión, la posesión del espacio y el escapismo más absoluto.

                Hace tan sólo 35 años, esta coqueta estructura de acero tubular y revestida de madera de 25 metros de altura, se echó al mar de la ciudad de Venecia en su Bienal de ese mismo año. Dos años más tarde fue desmantelado en la ciudad de Dubrovnik donde se asentó tras el acontecimiento italiano.