“La única verdad es la realidad”, decía Aristóteles. Nuestra realidad es como nos la presentan nuestros sentidos. Los ojos miran a nuestro alrededor, los oídos escuchan con atención y el cerebro recibe e interpreta las señales. ¿Podemos confiar en que esa interpretación sea fiel a la realidad
Richard Gregory, profesor de Neuropsicología de la Universidad de Bristol, no cree que una pequeña imagen recibida a través de la vista logre conseguir una visión completa del exterior: “El cerebro efectúa muchas suposiciones. Las imágenes que recibe el ojo no se corresponden en absoluto con los objetos que está mirando. El cerebro se imagina un objeto real a partir de una imagen tan pequeña como un sello de correos. Si se está mirando una mesa, por ejemplo, debe adivinar algunas cualidades del objeto, como que se trata de un objeto sólido y fuerte”.
Para este experto, cuando se reciben imágenes de objetos del exterior, el cerebro actúa elaborando hipótesis sobre qué puede ser y las contrasta mediante los sentidos. Sin embargo, si la respuesta es errónea, el cerebro tarda un tiempo en asimilar la nueva información. Es lo que ocurre con los llamados “efectos ópticos”, son falsas suposiciones causadas por una falta de datos. La imagen que se recibe no es completa y la reconstrucción es fallida.
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| El cerebro es un laberinto de interpretaciones. Laberinto Trojebor (Troya). Wikimedia.org |
Las ilusiones ópticas pueden dividirse en dos tipos: cognitivas (cuando nuestra visión no capta el objeto en su totalidad y realiza una suposición errónea) y fisiológicas (cuando el fallo se produce en el mecanismo visual por cansancio o deslumbramiento). A su vez, dentro de las ilusiones ópticas cognitivas pueden producirse ambigüedades, si hay dos alternativas de percepción; deformaciones, si el error se basa en las líneas, ángulos, tamaño, curvatura u otro tipo de propiedad geométrica; paradojas, cuando la imagen representa una realidad imposible (las famosas escaleras por las que se sube y al mismo tiempo se baja de piso); y las ficciones o creaciones ópticas, en las que se capta una imagen que en realidad no existe.