Dice Herodoto en sus Historias que “Egipto es un regalo del Nilo”. Egipto es el Nilo, un estado de ánimo, un “misterio envuelto como una momia en la mística muerte”. Sus grandes restos arquitectónicos, edificios dedicados alguna vez a prácticas funerarias en forma de pirámides que asemejan ser montículos mortuorios artificiales, llenas de patrones que se repiten de columna en columna, de patio en patio y cámara en cámara; todo ello como ejemplo tangible de la permanencia y la inmutabilidad. “Quienes han bebido el agua del Nilo siempre regresan a Egipto”, dice un proverbio egipcio moderno hecho realidad en la vida de Howard Carter, un joven Inglés que visitó por primera vez aquella tierra a la edad de 18 años. El valle del Nilo, el desierto, las tumbas de los faraones y las majestuosas pirámides lo enamoraron hasta el punto de pasar a la Historia como el arqueólogo que descubrió la tumba del rey Tutankamón, en el Valle de los Reyes, abierta un 16 de febrero de 1922.




