Aunque
no se trate de uno de los grandes misterios de la humanidad, su origen
sorprenderá, indudablemente, al lector. En apariencia, las líneas de las
carreteras así como la preocupación por la seguridad vial son asuntos propios
del siglo XX, sobre todo teniendo en cuenta que la primera autopista del mundo
fue construida en Italia en los años 20.
En
España muchos consideran que fue el albaceteño Antonio Gómez Ibáñez quién, a
principios de los años 60 del siglo XX, tuvo la idea. Por aquel entonces
los coches tenían el peligro de pisar el bordillo exterior de la carretera, que
era de piedra, y accidentarse en la cuneta. Por este motivo, e inspirado por las
vías de tren, pensó que mediante unas rayas en la carretera se evitarían muchos
accidentes. También ideó un sistema que se activaría en el momento en el que
los coches salieran fuera de las líneas. Lamentablemente, Antonio no disponía de
dinero suficiente para patentar su idea y no pudo llevarla a cabo. De cualquier
modo, las rayas de las carreteras eran ya algo conocido fuera de España.