domingo, 23 de junio de 2013

¿El olor del dinero o el tuyo propio?

Seguro que muchas veces, después de tener algunas monedas entre las manos y soltarlas, has notado ese repulsivo hedor que dejan tras de sí en tu piel. Lo más posible es que, inconscientemente, lo hayas asociado al dinero, y desde entonces hayas pensado que lo que ocasiona y produce el olor son las propias monedas. Nada más lejos de la realidad.

Imagen de: Tequierocomoamigoradio

¿Cómo se explica?  Las monedas, como bien sabemos, suelen estar compuestas de una combinación de distintos metales, entre ellos, de hierro. Los científicos, en este punto, afirman que al contacto del hierro con la piel se produce una ruptura de los aceites propios de la epidermis (causada por la transpiración, que proporciona electrones al hierro). Ese aceite corporal descompuesto, produce el conocido olor a rancio que asociamos inmediatamente al dinero.

Además, este proceso se agrava por el hecho de que nuestra sangre también contiene hierro, un hierro que así como el externo también adquiere una carga de electrones que potencia el resultado. De este modo se podría decir que no olemos el hierro de las monedas cuando las manos “nos huelen a dinero”, sino más bien, olemos el propio hierro de nuestra sangre.

Imagen de: Enroquedeciencia
Composición química de la sangre, donde podemos ver su parte de hierro.

Ahora, párate a pensarlo por un momento. ¿No es idéntico el olor que asocias al dinero, que el que se produce cuando tocas cualquier otro elemento que contenga hierro? ¿Y a que también es extraordinariamente parecido al olor que emiten tus heridas cuando has sangrado? Sin embargo, si hueles una moneda o un billete, ¿desprenden, aunque sea, un olor ligeramente similar? He ahí la demostración empírica de nuestro artículo.  

Imagen de: Enroquedeciencia

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