Quizás suene a tribal o prehistórico, pero lo cierto es que
los habitantes de una zona de Alicante se levantan todas las mañanas bajo la
protección de una tenebrosa calavera que les vigila desde la montaña. Hablamos
de la calavera de la Serra Grossa.
Imagen de machohercules
Esta genuina formación, no es ni mucho menos natural y
aleatoria, y por supuesto, en absoluto antigua.
Fue pintada a principios de los años 90, por un autor desconocido, aprovechando
el saliente de una roca prominente de la ladera de la montaña.
Desde entonces, poco a poco, la calavera de la Serra Grossa
ha ido introduciéndose en la vida cotidiana de los alicantinos, alcanzando el
reconocimiento de los mismos. Ubicada en la ladera de la montaña que da a la
parte trasera del que fuera el Liceo Francés de la ciudad alicantina, a lo
largo de los años la pintura se ha desgajado y estropeado en innumerable número
de ocasiones, siendo repintada en otras tantas ocasiones para que continúe viéndose
desde la lejanía, si bien, años atrás, y como protesta a una pruebas atómicas
que hizo Francia en el atolón de Mururoa, se le añadió un icono de
radioactividad. Algo que hoy en día ya no aparece.
Imagen de envelopesteam
Como hemos visto, una curiosa muestra de cómo algo, que en
principio podría haberse considerado como un acto vandálico, o realizado por un
impulso inconsciente de un ciudadano, ha terminado generando la aparición de un
nuevo rasgo característico en una ciudad. El tiempo evoluciona, y con él, como
las propias personas, también los rasgos que, por ejemplo, diferencian a las
ciudades. Cada día se destruyen y crean nuevas edificaciones que pasan a
disminuir o engrosar el patrimonio de una urbe. Tempus fugit… y nunca mejor
expresado, al amparo de una calavera que jamás pensaría alcanzar la repercusión
de la que está comenzando a gozar hoy en día.


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