“El perro es el animal más fiel
que existe y el mejor amigo del hombre”. Seguramente muchos seremos los que
desde pequeños hayamos escuchado esta frase, ya sea en refranes sabios de
nuestros mayores, en comentarios de amigos y personas de la calle, o en series
o películas de televisión. Realmente, cualquiera que haya tenido un perro o
haya disfrutado temporalmente de ellos, sabrá cuán cierta es esta afirmación.
Tú puedes ignorar a tu perro, apenas prestarle atención, cuidado o cariño, que
él, siempre y sin ninguna duda, estará ahí esperándote con todo su amor. De
esta forma es como introducimos la historia en torno a la cual gira nuestro
artículo de hoy. Hachiko, el perro que esperó a su amo eternamente.
Imagen de: Wikipedia
Hachiko nació en noviembre de
1923. Era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco. A los 2
meses de edad fue adoptado por Eisaburo Ueno, profesor del Departamento de
Agricultura de la Universidad de Tokio, que vivía cerca de la estación de
trenes de Shibuya.
Con el paso del tiempo, la
relación entre Eisaburo y su perro Hachiko fue estrechándose. Tanto, que pronto
el profesor, que por motivos de trabajo tenía que coger cada mañana el tren a
Tokio, decidió que éste le acompañara cada mañana hasta la estación. Allí, el
perro Hachiko veía cada día como tras comprar su dueño un billete de tren,
desaparecía entre la multitud que acudía a subirse a la máquina… y allí esperaba
pacientemente el animal hasta su regreso al atardecer.
Viendo Eisaburo que a su vuelta,
siempre se encontraba a Hachiko, la confianza en su animal aumentó, y nunca
decidió dejarlo en casa cuando iba por la mañana a tomar el tren. Es por ello
que, tras días y días repitiéndose la misma escena, los habituales que también
transitaban la estación de trenes por la
mañana empezaron a familiarizarse con la tierna imagen del profesor
despidiéndose de su perro, mientras éste se quedaba firme e impasible esperando
que su dueño volviera.
Imagen de Danicaceres
Sin embargo, todo cambiaría la
tarde del 21 de mayo de 1925. Previamente a esa fecha, la salud de Eisaburo no
había sido precisamente buena, y repentinamente aquella tarde sufrió un ataque
cardíaco en la Universidad donde trabajaba que le supuso la muerte casi
inmediata. Es así como Eisaburo jamás pudo regresar a su última cita con
Hachiko, quien pacientemente le estuvo esperando por siempre.
Tras las noticias de la repentina
muerte del profesor, inmediatamente muchas personas, ya acostumbradas a las
tiernas imágenes que se daban cada mañana en la estación de trenes entre
nuestros dos protagonistas, pensaron en qué pasaría con el pobre perro. Fue así
como muchos anónimos trataron de convencer al perro para que abandonara la
estación de trenes y llevarlo a sus hogares, pero ninguno tuvo éxito.
Imagen de Forosperu
Los días se volvieron semanas, y
las semanas meses, pero allí estaba Hachiko siempre, cada mañana, esperando a
que su querido amo volviese de su viaje. No importaba que hiciera sol, nevara o
lloviese, siempre seguía allí con la llegada del último tren en el cual solía volver
Eisaburo, analizando a la muchedumbre para encontrar a su
dueño.
La lealtad que Hachiko mostró por
su dueño y amigo causó un efecto sin parangón entre los habitantes de Shibuya.
Pronto Hachiko se convertiría en un héroe y en la figura más amada de la zona. Como
ejemplo y curiosidad, podemos destacar que se convirtió en costumbre que los
viajeros que se ausentaban por largo período de su pueblo, al volver, lo
primero que hicieran, fuese buscar o preguntar por el estado del perro.
Finalmente, en abril de 1934, los
habitantes de Shibuya, encandilados por la envidiable e incuestionable
fidelidad de Hachiko, encargaron a un famoso escultor japonés que realizara una
estatua en su honor. La misma fue realizada con gusto por su autor. Tallada en
bronce, la colocaron en frente de la estación, en la misma zona donde el animal
tenía por costumbre esperar a su dueño.
Estatua original junto a Hachiko
Imagen de Hachikodog
Desafortunadamente, poco menos de
un año después, el 7 de marzo de 1935, y tras casi 10 años de incesante espera,
Hachiko pereció a los pies de su propia estatua, debido a un cáncer términal y a una infección de gusanos en el corazón.
Velatorio de Hachiko en la sala de equipajes de la estación.
La mujer de la derecha es la viuda de Eisaburo
Imagen de Wikipedia
Como suele pasar con los humanos,
su muerte no hizo más que mitificar aún más su propia figura, que pronto empezó
a ser conocida fuera de su pequeño pueblo, y en poco tiempo raro era aquel japonés
que no sabía quien había sido Hachiko.
Pocos años después comenzaría la
II Guerra Mundial, y todas las estatuas de bronce de muchísimas ciudades y
pueblos japoneses tuvieron que ser fundidas para la elaboración de material
armamentístico. Por desgracia, la de Hachiko no escapó de esta suerte, algo que se agravaría con el asesinato, poco tiempo después, del escultor de la misma.
Pese a todo, la figura del leal
perro jamás se diluyó en las mentes de los pobladores de Shibuya, quienes
continuaban recordándolo con cariño y admiración. Fue por ello que, en 1947, decidieron
formar una sociedad para el reemplazo de la estatua del animal, contratando al
hijo de su anterior escultor para que la realizase.
Imagen de Asiacondition
Actualmente, la estatua de
Hachiko no está localizada donde antaño, sino en el centro de la plaza que
existe justo delante de la entrada principal de la estación de Shibuya, en una
pequeña zona verde diseñada para resaltar la belleza de la misma y darle mayor
encanto, rodeando a la estatua con diversas fuentes.
Imagen de Identili
Emotivo es también señalar que
actualmente parte de los restos de Hachiko (junto a un monolito recordatorio) descansan junto a los de su amo, en una
esquina de su sepultura, en el cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku,
en Tokio, donde por fin nuestro pequeño amigo vio su espera colmada.
Imagen de Wikipedia
Para concluir con esta preciosa
historia, decir que en Shibuya cada 8 de abril se conmemora a Hachiko en la
plaza donde se encuentra su estatua, lugar donde además, es una costumbre que
los amigos tiendan a quedar. Citas en las que unos u otros tienen que
esperarse, fielmente, como varias décadas atrás hiciera Hachiko a su mejor
amigo, Eisaburo. Y recuérdalo bien, un perro nunca es un juguete ni un objeto
desechable, por el contrario, es posiblemente el mejor amigo con el que puedas tener
el honor de contar, y él, nunca lo haría…
Restos disecados del animal y expuestos en el Museo Nacional de Ciencia de Tokio
¿Realmente se merecía un final de "objeto de feria"?
Imagen de Wikipedia








No os vayáis tan lejos, en Cádiz también pasó una historia similar, la del Perro Canelo
ResponderEliminarMuy cierto. Desconocía esa historia. Seguro que la trataré en un futuro.
EliminarElegí la de Hachiko porque en su momento fue la que mayor repercusión a nivel social tuvo (ya que si que conocía un par de ellas más, aunque no la de Canelo). Tanta, que hoy en día, es todo un símbolo en su pueblo.
Gracias por participar con tu comentario. Esperamos seguir disfrutando de tu presencia por aquí.
Un saludo!!
Aquí en Valencia también sucedió algo parecido con el perro de un indigente ingresado en un hospital.
ResponderEliminarIngresaron a la persona y el animal se quedó en la puerta, esperando verlo salir.
Allí estuvo y la gente comenzó a comentar la historia, le daban de comer, le hicieron fotos los medios y a raiz de esto una familia que había perdido el perro lo encontró, resultó ser suyo.
La verdad es que existen muchos casos parecidos. Los perros nunca dejarán de sorprendernos en este aspecto.
Eliminar¿Recuerdas por curiosidad el nombre del perro de ese caso?
Muchas gracias por tu comentario.
'Un saludo amigo!
que soloroso para hachiko, sufrio mucho por su amo, como me hiso llorar esa pelicula y al leer la historia igual
ResponderEliminarGracias por compartir tu opinión con nosotros.
EliminarQue nos sirva su ejemplo, para darnos cuenta de todo lo que valen y nos quieren estos animales.
Pronto publicaremos un artículo sobre la historia de canelo.
Un saludo.
HERMOSA HISTORIA
ResponderEliminarAmo la historia y el lugar
ResponderEliminarMaravillosa historia..... cada vez que la leo o veo la película, las lagrimas caen.... que suerte tenemos los humanos de contar con estos incondicionales amigos... :D Gracias por la información aportada.
ResponderEliminarGracias por la divulgación de ese amor perruno.
ResponderEliminarGracias por la divulgación de ese amor perruno.
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