lunes, 29 de abril de 2013

Hachiko, el perro que esperó eternamente

“El perro es el animal más fiel que existe y el mejor amigo del hombre”. Seguramente muchos seremos los que desde pequeños hayamos escuchado esta frase, ya sea en refranes sabios de nuestros mayores, en comentarios de amigos y personas de la calle, o en series o películas de televisión. Realmente, cualquiera que haya tenido un perro o haya disfrutado temporalmente de ellos, sabrá cuán cierta es esta afirmación. Tú puedes ignorar a tu perro, apenas prestarle atención, cuidado o cariño, que él, siempre y sin ninguna duda, estará ahí esperándote con todo su amor. De esta forma es como introducimos la historia en torno a la cual gira nuestro artículo de hoy. Hachiko, el perro que esperó a su amo eternamente.

Imagen de: Wikipedia

Hachiko nació en noviembre de 1923. Era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco. A los 2 meses de edad fue adoptado por Eisaburo Ueno, profesor del Departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, que vivía cerca de la estación de trenes de Shibuya.

Con el paso del tiempo, la relación entre Eisaburo y su perro Hachiko fue estrechándose. Tanto, que pronto el profesor, que por motivos de trabajo tenía que coger cada mañana el tren a Tokio, decidió que éste le acompañara cada mañana hasta la estación. Allí, el perro Hachiko veía cada día como tras comprar su dueño un billete de tren, desaparecía entre la multitud que acudía a subirse a la máquina… y allí esperaba pacientemente el animal hasta su regreso al atardecer.
Viendo Eisaburo que a su vuelta, siempre se encontraba a Hachiko, la confianza en su animal aumentó, y nunca decidió dejarlo en casa cuando iba por la mañana a tomar el tren. Es por ello que, tras días y días repitiéndose la misma escena, los habituales que también transitaban la estación de trenes  por la mañana empezaron a familiarizarse con la tierna imagen del profesor despidiéndose de su perro, mientras éste se quedaba firme e impasible esperando que su dueño volviera.

Imagen de Danicaceres

Sin embargo, todo cambiaría la tarde del 21 de mayo de 1925. Previamente a esa fecha, la salud de Eisaburo no había sido precisamente buena, y repentinamente aquella tarde sufrió un ataque cardíaco en la Universidad donde trabajaba que le supuso la muerte casi inmediata. Es así como Eisaburo jamás pudo regresar a su última cita con Hachiko, quien pacientemente le estuvo esperando por siempre.

Tras las noticias de la repentina muerte del profesor, inmediatamente muchas personas, ya acostumbradas a las tiernas imágenes que se daban cada mañana en la estación de trenes entre nuestros dos protagonistas, pensaron en qué pasaría con el pobre perro. Fue así como muchos anónimos trataron de convencer al perro para que abandonara la estación de trenes y llevarlo a sus hogares, pero ninguno tuvo éxito.

Imagen de Forosperu

Los días se volvieron semanas, y las semanas meses, pero allí estaba Hachiko siempre, cada mañana, esperando a que su querido amo volviese de su viaje. No importaba que hiciera sol, nevara o lloviese, siempre seguía allí con la llegada del último tren en el cual solía volver Eisaburo, analizando a la muchedumbre para encontrar a su dueño.

La lealtad que Hachiko mostró por su dueño y amigo causó un efecto sin parangón entre los habitantes de Shibuya. Pronto Hachiko se convertiría en un héroe y en la figura más amada de la zona. Como ejemplo y curiosidad, podemos destacar que se convirtió en costumbre que los viajeros que se ausentaban por largo período de su pueblo, al volver, lo primero que hicieran, fuese buscar o preguntar por el estado del perro.

Finalmente, en abril de 1934, los habitantes de Shibuya, encandilados por la envidiable e incuestionable fidelidad de Hachiko, encargaron a un famoso escultor japonés que realizara una estatua en su honor. La misma fue realizada con gusto por su autor. Tallada en bronce, la colocaron en frente de la estación, en la misma zona donde el animal tenía por costumbre esperar a su dueño.

Estatua original junto a Hachiko
Imagen de Hachikodog

Desafortunadamente, poco menos de un año después, el 7 de marzo de 1935, y tras casi 10 años de incesante espera, Hachiko pereció a los pies de su propia estatua, debido a un cáncer términal y a una infección de gusanos en el corazón.

Velatorio de Hachiko en la sala de equipajes de la estación.
La mujer de la derecha es la viuda de Eisaburo
Imagen de Wikipedia

Como suele pasar con los humanos, su muerte no hizo más que mitificar aún más su propia figura, que pronto empezó a ser conocida fuera de su pequeño pueblo, y en poco tiempo raro era aquel japonés que no sabía quien había sido Hachiko.

Pocos años después comenzaría la II Guerra Mundial, y todas las estatuas de bronce de muchísimas ciudades y pueblos japoneses tuvieron que ser fundidas para la elaboración de material armamentístico. Por desgracia, la de Hachiko no escapó de esta suerte, algo que se agravaría con el asesinato, poco tiempo después, del escultor de la misma.

Pese a todo, la figura del leal perro jamás se diluyó en las mentes de los pobladores de Shibuya, quienes continuaban recordándolo con cariño y admiración. Fue por ello que, en 1947, decidieron formar una sociedad para el reemplazo de la estatua del animal, contratando al hijo de su anterior escultor para que la realizase.

Imagen de Asiacondition

Actualmente, la estatua de Hachiko no está localizada donde antaño, sino en el centro de la plaza que existe justo delante de la entrada principal de la estación de Shibuya, en una pequeña zona verde diseñada para resaltar la belleza de la misma y darle mayor encanto, rodeando a la estatua con diversas fuentes.

Imagen de Identili

Emotivo es también señalar que actualmente parte de los restos de Hachiko (junto a un monolito recordatorio) descansan junto a los de su amo, en una esquina de su sepultura, en el cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, en Tokio, donde por fin nuestro pequeño amigo vio su espera colmada.

Imagen de Wikipedia

Para concluir con esta preciosa historia, decir que en Shibuya cada 8 de abril se conmemora a Hachiko en la plaza donde se encuentra su estatua, lugar donde además, es una costumbre que los amigos tiendan a quedar. Citas en las que unos u otros tienen que esperarse, fielmente, como varias décadas atrás hiciera Hachiko a su mejor amigo, Eisaburo. Y recuérdalo bien, un perro nunca es un juguete ni un objeto desechable, por el contrario, es posiblemente el mejor amigo con el que puedas tener el honor de contar, y él, nunca lo haría…

Restos disecados del animal y expuestos en el Museo Nacional de Ciencia de Tokio
¿Realmente se merecía un final de "objeto de feria"?
Imagen de Wikipedia

Si quieres leer más artículos como éste, continúa en Toda una amalgama.


11 comentarios:

  1. No os vayáis tan lejos, en Cádiz también pasó una historia similar, la del Perro Canelo

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    1. Muy cierto. Desconocía esa historia. Seguro que la trataré en un futuro.

      Elegí la de Hachiko porque en su momento fue la que mayor repercusión a nivel social tuvo (ya que si que conocía un par de ellas más, aunque no la de Canelo). Tanta, que hoy en día, es todo un símbolo en su pueblo.

      Gracias por participar con tu comentario. Esperamos seguir disfrutando de tu presencia por aquí.

      Un saludo!!

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  2. Aquí en Valencia también sucedió algo parecido con el perro de un indigente ingresado en un hospital.
    Ingresaron a la persona y el animal se quedó en la puerta, esperando verlo salir.
    Allí estuvo y la gente comenzó a comentar la historia, le daban de comer, le hicieron fotos los medios y a raiz de esto una familia que había perdido el perro lo encontró, resultó ser suyo.

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    1. La verdad es que existen muchos casos parecidos. Los perros nunca dejarán de sorprendernos en este aspecto.

      ¿Recuerdas por curiosidad el nombre del perro de ese caso?

      Muchas gracias por tu comentario.

      'Un saludo amigo!

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  3. que soloroso para hachiko, sufrio mucho por su amo, como me hiso llorar esa pelicula y al leer la historia igual

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    1. Gracias por compartir tu opinión con nosotros.
      Que nos sirva su ejemplo, para darnos cuenta de todo lo que valen y nos quieren estos animales.
      Pronto publicaremos un artículo sobre la historia de canelo.
      Un saludo.

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  4. Amo la historia y el lugar

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  5. Maravillosa historia..... cada vez que la leo o veo la película, las lagrimas caen.... que suerte tenemos los humanos de contar con estos incondicionales amigos... :D Gracias por la información aportada.

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  6. Gracias por la divulgación de ese amor perruno.

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  7. Gracias por la divulgación de ese amor perruno.

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