Seguramente, tras leer el rótulo de
este pedagógico e instructivo artículo estaréis todos con los ojos como platos.
Ojipláticos. Expectantes. Pero sobre todo, excitados. Sí, porque todos hemos
oído hablar alguna vez del punto G, pero nadie lo ha visto. Sabemos que existe,
pero no lo hemos visto. ¿Por qué? Porque nadie lo quiere ver, lo que quiere es
sentirlo. Y en sentirlo sí que lo habrá experimentado más de una o un
afortunado. Así que aquellas personas que todavía no han tenido y, por tanto,
vivido la experiencia, estad bien atentas... os voy a ayudar a descubrirlo.
Comenzamos:
Es
muy importante comenzar remontándonos a los orígenes. Todos y todas tenemos un origen. Los animales. Las cosas.
Todo tiene su principio, así que no iba a ser menos el punto con más renombre
del Universo. ¿Por qué “G”? Muchos estaréis pensando que por la inicial de la
palabra “gustito”, pero no.
Tranquilos, todo se puede entender, la ignorancia es muy atrevida y quedarse
con el nombre de Gräfenberg tampoco es algo que haga todo el mundo.
Ernst Gräfenberg, fue un ginecólogo alemán nacido un 26 de
Septiembre de 1881 y finado un 28 de Octubre de 1954. Toda una vida dedicada a
la vagina, ya ves. De hecho, se le conoce por sus estudios del sistema genital
femenino y en especial, su relación con el orgasmo. Diseñó el anillo Gräfenberg
y realizó otros tantos estudios acerca de la eyaculación femenina. Pero no es
hasta los años 40 cuando descubre a este amigo nuestro llamado punto y que nos
da o ha dado tantas alegrías. Y lo descubre por casualidad, mientras estudiaba
la uretra femenina, porque sus estudios por aquellos años estaban centrados en
la estimulación uretral y no en la estimulación de la pared vaginal interna.
Como os digo,
Gräfenberg fue quién descubrió esta bonita zona festivalera del placer, pero no
fue él quien dijo “¡ah!, pues yo que la he descubierto, la bautizo con mi apellido”.
No, no fue él. El termino punto “G” fue acuñado por un señor llamado Addiego y otros señores colaboradores,
en honor a Gräfenberg. Podríamos decir que hay que ver el detalle que tuvieron,
pero es que si lo descubrió Ernst, qué menos.
¿Dónde
se localiza?
Tranquila, venga relájate, ya estamos en la pregunta que tanto esperabas. Para
de comerte las uñas, o mejor, sigue comiéndotelas no sea que después de darte
las señas de su localización te pongas a buscarlo y es muy importante no
hacerse daño. El punto “G” se encuentra entre los 2.5 a 7.5 centímetros
desde la abertura vaginal y la uretra hasta la parte frontal (anterior) de la
pared vaginal. Si os parece complicado entenderlo, os sugiero ir tocando a
ciegas hasta que os volváis locas perdidas. Sí, porque para el caso que nos
ocupa, coger un mapa de carreteras como tú comprenderás no resulta.
¿Qué ocurre si no lo localizo? ¿Soy disfuncional? No ocurre nada y
tampoco eres disfuncional. Según declaraciones de sexólogos e investigadores de
todo el mundo, eres una mujer completamente normal, como normal es el no
experimentar el punto G. De hecho, hay diferentes estudios que concluyen que su
existencia no está realmente comprobada y es subjetiva. Así que no preocuparos,
podréis disfrutar igualmente como siempre lo habéis hecho sin necesidad de ese
punto, porque os queda el resto de la vagina entera. Y es que no hay mejor
parque temático, ¿verdad?
La polémica está
servida partiendo de esas opiniones enfrentadas de sexólogos e investigadores
que afirman que sí existe tal punto, y los sexólogos e investigadores que dicen
que no. A nosotras, como no nos gusta la controversia que se ha generado alrededor
del tema y tampoco nos gusta hacer el feo de posicionarnos en uno u otro bando,
nos callamos. Lo importante es disfrutar de nuestro cuerpo y si tenemos un
orgasmo más intenso de lo normal, que podamos llamarlo como queramos sin
buscarle un porqué, sin preocuparnos de adónde nos han tocado para poder darle
ese nombre con el que bautizaron un día a ese punto. Punto “G”.
Hasta ahora hemos centrado la
atención básicamente en el punto “G” femenino, y evidentemente ahí no puede
quedar la cosa porque vosotros, queridos lectores, os estaréis reconcomiendo
por dentro pensando: “bueno, ¿y nosotros?
¿No tenemos punto “G”? Pues yo algo había oído de tenerlo”. Estáis en lo
cierto, habéis oído bien, y alguno muy bien seguramente porque lo habrá puesto
en práctica. El punto “G” o “P” del hombre está en el ano. Querido amigo,
en tu ano podrás encontrar una zona equivalente a la de la mujer que
logrará que consigas tal grado de excitación que pierdas la conciencia del
tiempo y del sitio. En la pared frontal
del ano podréis sentir la glándula prostática (de ahí, punto “P”), cuya
estimulación puede provocar incluso eyaculaciones involuntarias o espasmos. Qué
bonito, ¿no? Es para estar contentos, así que disfrútenlo.
Y nada, ¿qué otra
cosa os puedo decir? Que encantadísima de que hayáis compartido un ratito
conmigo. Espero que lo hayáis pasado bien, y tomado nota para que
disfrutéis de todo lo que la
Naturaleza os ha regalado para que estimuléis.
Autora: Alejandra (@jandra_bl)



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