Al igual que el vestido de novia,
cuya evolución ha ido marcada por las creencias y las modas, el complemento
estrella, el velo, no podía ser menos relevante. Su origen, dependiendo de las
culturas sobre las que hablemos, tiene un significado y uso distintos. También
hay que unirle un proceso de cambio a lo largo de los siglos, llegando a
adquirir más importancia el estilo y el si llevarlo o no, que el pararnos a
pensar, el porqué de esta tradición. Una tradición, cuya simbología, como se
verá en este artículo, ya no tiene tanta importancia al considerarse como una
adorno más en el vestir de una novia.
La palabra ‘velo’ hace referencia
a cubrir, ocultar o disimular. Esta delicada prenda posee diversos orígenes y
significados. No se conoce la fecha exacta en la que apareció por primera vez,
pero ya en época del Imperio Romano, las mujeres para sus ceremonias
matrimoniales lo utilizaban como complemento. Entonces tenía una simbología
pagana, todo lo opuesto a la cultura católica. Para los romanos, las novias
eran atraídas por unos espíritus malignos, para, según dicen algunos, quitarles
su pureza, así como de las envidias y los males de ojos, y para que esto no las
perjudicara, se cubrían el rostro de tal modo que ni los espíritus ni otros
factores negativos pudieran encontrarlas.
En el Medievo, el significado ya
empieza a tener un rumbo. El velo venía a representar castidad, pureza y
modestia, por parte de la novia hacia su futuro marido. Esta simbología es la
más extendida entre muchas culturas, así como la de sumisión y la obediencia
para con su consorte. Aunque las novias no son las únicas que han llevado velo;
también las monjas en relación a estos conceptos, que en esta ocasión son
respecto a Dios.
Para algunos países de Oriente,
tiene que ver con la costumbre de los matrimonios concertados entre familias.
Los novios no se conocen hasta la misma ceremonia nupcial, y por esta razón la
novia permanece con su rostro escondido tras un velo. Es sólo cuando el novio
lo retira, el momento en el que se ven por primera vez. La novia de este modo
obtenía un papel importante dentro de la celebración, convirtiéndose en la gran
sorpresa para su marido y la familia de éste.
En relación con la religión
católica, la simbología originaria del uso de esta prenda estaba relacionada
con que la mujer que iba a contraer el sacramento del matrimonio era virgen y se
entregaba así a su futuro marido. También tenía que ver con apartar a la novia
de la vida exterior.
En Estados Unidos, en el siglo
XVIII, la hija del presidente George Washington utilizó para su boda un velo de
encaje blanco después de que está se sintiera muy atraída por unas cortinas que
ella había visto en una celebración a la que acudió con su padre, y que estaban
hechas del mismo material. Esto sirvió de influencia para las novias futuras. Y
desde entonces, el estilo al realizar estas prendas no ha dejado de evolucionar
y de expandirse. Desde los tejidos utilizados, tul, chantilly, encaje…; al largo, con la misma longitud que la cola del
vestido, a la altura de la cintura, de los codos, por los hombros o simplemente
tapando la cara a modo de tocado; o a la manera de colocarlo, ya sea de los que
no cubren la cara o los que siguen más la tradición que sí lo hacen.
En cuanto a la forma de sujeción,
el velo de nuestros días está influenciado por el de Eugenia de Montijo, que en
su boda decidió acompañarlo con una tiara de diamantes, siendo copiado
posteriormente por Augusta de Gran Bretaña, y es el estilo que hoy en día se
suele seguir. Aunque hay otras que optan por fijarlo por medio de horquillas o
peinecillos desde el mismo recogido del pelo.




Que curioso. Me ha encantado leer y aprender el significado del velo
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