Hablar de los mayas es hablar de una
civilización precolombina fascinante, una de las más avanzadas, más importantes
y prolíficas que ha habitado el planeta tierra, siendo más específicos, la
región denominada como Mesoamérica, que hoy abarca los países de Belice,
Honduras, El Salvador y cinco estados del sureste de México (Chiapas, Tabasco,
Campeche, Yucatán y Quintana Roo).
A lo largo de 3,000 años aproximadamente, a partir del año 1000 A.C., los mayas no solo fueron capaces de desarrollar impresionantes y destacados avances en astronomía, arquitectura y matemáticas aún vigentes, también se destacaron por su concepción del mundo, su compleja y fantástica filosofía de vida, religión y su lengua que persiste hasta la actualidad y esta dio como resultado más de 40 lenguas mayas modernas.
A lo largo de 3,000 años aproximadamente, a partir del año 1000 A.C., los mayas no solo fueron capaces de desarrollar impresionantes y destacados avances en astronomía, arquitectura y matemáticas aún vigentes, también se destacaron por su concepción del mundo, su compleja y fantástica filosofía de vida, religión y su lengua que persiste hasta la actualidad y esta dio como resultado más de 40 lenguas mayas modernas.
A pesar de que la conquista española comenzó a mediados del siglo XVI, no fue hasta finales del siglo XVII cuando se consumó, y no fue sino hasta la denominada Guerra de Castas, liderada por el gobierno mexicano a cargo del dictador Porfirio Díaz, cuando vio su fin el último estado maya de Chan Santa Cruz, hoy Guatemala, en 1901. Durante esos cuatrocientos años de persecución, las consecuencias fueron devastadoras para todas las culturas mesoamericanas. En el caso de los mayas, el modelo de civilización de más de tres milenios fue destruido por completo. Sin embargo, la cultura maya jamás fue erradicada y aún sobrevive en su literatura, en su códices, sus pinturas, sus artesanías y esculturas que ilustran su extraordinaria vida, mitología y creencias, además de sus ciudades majestuosas protegidas y devoradas lentamente por la selva y el paso del tiempo.
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Uno de los rasgos que más han llamado la atención, y ha sido objeto de estudio constante, ha sido su concepto de la vida y la muerte, descrito en uno de los libros mayas más importantes de las culturas prehispánicas, el Popol Vuh (Popol wuj - “libro del consejo” o “libro de la comunidad”), una especie de “Biblia” maya redactada alrededor del año 1550 por un indígena del pueblo k’iché, en Guatemala, que aprendió los caracteres latinos y se dio a la tarea de rescatar en lengua maya el conocimiento transmitido de forma oral por generaciones a través de un anciano. Manuscrito que posteriormente fue traducido al castellano por el fraile Francisco Ximénez, convirtiéndose en el primer traductor de dicho libro, donde se describe por medio de historias mitológicas la creación de la humanidad y los lugares del mundo maya.
El Xibalbá (Xib’alb’a: “Lugar oculto”), uno de los tres mundos mayas (Cielo, Tierra y submundo o Xibalbá) es precisamente uno de esos lugares descritos en el Popol Vuh, y algunos otros códices, que poseen un toque terrorífico y mítico, un mundo subterráneo regido por los espíritus de la muerte y la enfermedad que, a los ojos de su primer traductor, el fraile Francisco Ximénez, desde una perspectiva católica, interpretó como el infierno, un mundo lleno de maldad gobernado por los Ajawab del Xibalbá o “los señores del infierno”. Sin embargo, esta interpretación era completamente errónea pues el concepto del infierno es inexistente en las culturas mesoamericanas, siendo entonces Xibalbá el lugar donde habitan la enfermedad y la muerte como parte del ciclo de la vida terrestre, no como un castigo, y por lo tanto, más que al infierno, se asemeja a una especie de inframundo.

Como parte de uno de los pasajes del Popol Vuh se narra el feroz enfrentamiento entre los hijos gemelos de los adivinadores de ceniza, Hun Hunahpú (Uno Hunahpú) y Vacub Hunahpú (Siete Hunahpú), y los señores del Xibalbá.
La historia nos cuenta
que Hun Hunahpú y Vacub Hunahpú eran grandes jugadores del sagrado juego de
pelota, el cual se llevaba a cabo en cancha de piedra y consistía en meter una
pesada pelota de caucho a través de un aro sin usar las manos, utilizando
principalmente las caderas y varios accesorios de protección. Hun Carne y Vacub
Carne (Uno Muerte y Siete Muerte), señores principales del Xibalbá, perdieron
los estribos a causa del estruendoso ruido ocasionado por los jugadores de
pelota proveniente del mundo de arriba. Por tal motivo, convocaron a los
demonios de la muerte y la enfermedad para eliminar a los gemelos de una vez
por todas. Fue así que cuatro búhos mensajeros hicieron llegar la invitación a
Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú a batirse en un juego de pelota de vida o muerte en
Xibalbá.


El camino a Xibalbá estuvo lleno de pruebas y obstáculos que los gemelos tuvieron que sortear, como ríos con grandes corrientes, grandes rocas escarpadas y hasta un río de sangre. No obstante, los gemelos fueron capaces de librar todas y cada una de las pruebas hasta llegar a una encrucijada con cuatro caminos de cuatro diferentes colores.
Fue ahí cuando los gemelos se equivocan al elegir el color negro y entonces comenzaron sus penurias. Los dioses del inframundo, muy seguros de su victoria, se burlaron una y otra vez de los gemelos hasta causarles la muerte. Tras la inminente derrota, los victoriosos señores del Xibalbá dictaron el sacrificio de los gemelos, a quienes se les enterró en el juego de pelota del inframundo como prueba de su poderío y como advertencia a quienes osaran molestarlos, colocando además la cabeza de Hun Hunahpú en un árbol sin frutos, donde la cabeza terminó por fusionarse con el árbol y convertirse en el fruto del que carecía, fruto del que mucho tiempo después germinaría un hijo que se encargaría de vengar a sus predecesores al vencer y dar muerte a los señores del Xibalbá.

He de empezar por contar que durante los meses de junio y julio de 2014, estuve recorriendo y explorando por segunda vez gran parte de la ruta maya al lado de dos amigos australianos. ¿A qué viene esto último? A que en esta ocasión tuvimos la oportunidad de visitar varias entradas al Xibalbá: cenotes, ríos subterráneos y también algunas grutas. Tal fue el caso de una gruta abandonada en el estado de Campeche, México, llamada Xtacumbil-Xunan, donde, sin permiso ni supervisión, nos adentramos a explorarla bajo nuestro propio riesgo, ignorando por completo que estábamos a punto de vivir algo asombroso e incuestionablemente escalofriante.


Ahí comenzamos a tomar fotos para saber qué había en
ese sitio, entonces nos percatamos que del otro lado de esa especie de abismo
se encontraba una escalinata o escalera de maderos enorme que conducía hacia el
fondo, justo como la que se muestra en una de las ilustraciones anteriores
algunos párrafos más arriba, por cierto. Era complicado tomar una foto en medio
de un lugar donde la visión era nula, donde ni siquiera un flash potente era
suficiente para alumbrar por un segundo el enorme sitio.

Comentábamos
y teorizábamos sobre lo que salía en las fotos mientras nos sacudíamos las
hormigas de las piernas al ser mordidos sin piedad alguna. De pronto, en
una de mis fotos salió algo que nos dejó impactados y con la cara helada a
pesar del denso calor que se sentía ahí dentro, fue cuestión de segundos, de
pasar una toma a otra para darme cuenta que con mi cámara había logrado una
extraordinaria aunque escalofriante foto: subiendo de forma sigilosa por la
escalinata y vigilándonos, se distinguía claramente a un ser humanoide, muy
parecido a los seres descritos en el Popol Vuh como los primeros intentos
fallidos de seres humanos hechos de madera creados por los dioses mayas , cuyos
pocos sobrevivientes a la destrucción de los dioses, habitan en el Xibalbá. Al
analizar la imagen, los tres comenzamos a enfocar y tomar más fotos a la
escalinata con la intención de volver captar lo que yo había conseguido, mas
fue inútil, el ser había desaparecido. Segundos después escuchamos una piedra
que caía cerca de nuestros pies y ruidos extraños provenientes del fondo. Fue
el momento en el que decidimos buscar la salida; los 5 o 10 minutos más largos
de nuestra existencia, merodeados por ruidos de rocas que se resquebrajaban,
que se estrellaban contra las enormes formaciones rocosas provocando un eco
interminable a nuestras espaldas en tanto nosotros, sin pronunciar demasiadas
palabras, intentábamos alumbrar a todas partes avanzando cuesta arriba hasta
encontrar la luz del sol del mediodía.

¿Qué
fue aquello? En realidad es y será un misterio como tantas cosas que rodean a
esta magnífica civilización que se resiste a morir. Tal vez las grutas, los
cenotes y todas esas formaciones subterráneas realmente son el inicio del
camino místico al Xibalbá narrado en el Popol Vuh, o bien, tal vez sólo, de
alguna u otra forma, estoy ayudando a alimentar y proseguir con el mito.
Fuentes:
Griswold Morley, Sylvanus; Brainerd, George W.; Recinos, Adriá. La civilización maya. Fondo de Cultura Económica. 1972.
Recinos, Adrián. Popol Vuh: las antiguas historias del quiché. México: Fondo de Cultura Económica. 1947.

Segun el contactado mexicano Ing. Alberto Zecua existe un inframundo y precisamente lo describe como lo hacen uds. en su narracion. Pueden ver sus videos en youtube.
ResponderEliminar¡Muchas gracias por el dato! Investigaré al respecto.
EliminarContactado con Seres del Espacio - Entrevista con…Ing. Alberto Zecua: http://youtu.be/aGsuEjd6odQ
ResponderEliminar¡Gracias por la liga!
EliminarExcelente nota, felicidades Carlos. Atte. tus admiradores de Tlaxcala.
ResponderEliminar¡Muchas gracias! Un abrazo y nos vemos pronto.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola buenas noches, en efecto existe el inframundo y tuve la oportunidad de presenciarlo en mi juventud; en mi adolecencia, en varias ocaciones un tio mío, nos llevaba a un cenote ahi en Yucatan (el cual nunca he podido saber el nombre del mismo) en donde hay ruinas y vestigios sumergidos, en cual el acceso solo era posible con equipo de buceo, y ahí se encuentran numerosas estelas mayas, edificaciones, partes con el piso escalonado, muros, huesos humanos y curiosamente tambien huesos de caballo y/o camelloide, tambien hay una bóveda seca en la cual hay una piramide que no es de gran tamaño, pero su peculiaridad es que esta se encuentra pintada de rojo; gran parte del mismo cenote se encuentra inexplorado por la aparente infinita extensión del mismo, al visitar esos lugares te das cuenta que en algun tiempo todas esas cuevas no se encontraban sumergidas (una prueba de ello son las estalactitas y estalagmitas sumergidas) varios años atras intentamos visitar el mismo cenote, pero el camino en la carretera que desvía hacia el mismo ya se encuentra restringido por las autoridades, pocos hemos tenido el lujo de presenciar los secretos de nuestros antepasados, pero en fin; le mando saludos.
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