domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Por qué se tomaban fotos de los difuntos en el siglo XIX?

Seguro que los aficionados a las películas de terror han visto alguna vez las fotografías post mortem, o memento mori, que muchas familias realizaban a sus difuntos en el siglo XIX. Son fotos macabras para la mentalidad del hombre del siglo XXI pero, ¿qué movía a aquellas personas a sacar fotos de los muertos y guardarlas como recuerdos? Aquí intentaremos trasladarnos a las costumbres del Romanticismo para ver que era el amor y no el morbo lo que se retrataba en aquellas placas.

Para ello debemos hacer un repaso a esa época tan floreciente, y la vez oscura, que nos dejó a escritores como Mery Shelley, Edgar Allan Poe, las hermanas Brontë, Bram Stocker y un largo etcétera. En el siglo XIX se produjo un cambio de sociedad y por lo tanto, de pensamiento. La Ilustración y el avance científico habían rebatido todas las teorías religiosas dejando al hombre sumido en el existencialismo. ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? La teoría de la evolución de Darwin hundió a mucha gente en un estado de incertidumbre con respecto a estas preguntas. Si no existía Dios, ¿qué sería del hombre tras la muerte? ¿Qué sentido tenía la vida?

El optimismo de los ilustrados con sus utopías de un mundo cada vez más lógico y racional, dieron al traste con la nueva generación que se lamentaba por la pérdida de las creencias religiosas. La ciencia ya no les permitía creer en el Cielo pero algo debía haber “más allá”. Esta fue la primera generación de adolescentes “raritos”, que se rebelaba contra la ideología de sus padres. Desecharon los brocados dorados de sus progenitores y adoptaron el negro para sus ropas, que iba más en consonancia con su estado de ánimo.
Volvieron la vista atrás y la Edad Media les parecía una época más admirable que la que les había tocado vivir. Por sus estados de melancolía encontraban más hermoso un castillo derruido, que un paisaje bucólico lleno de color. Veían la belleza en la muerte y por eso, lejos de que los retratos a sus difuntos les pareciesen macabros, para ellos era el último recuerdo que atesorar de sus seres queridos.

La alta tasa de mortalidad de aquellos tiempos, hacía se enfrentase la hora más temida por los humanos como algo cotidiano e incluso, para muchos, era una bendición. Por todo esto, para ellos la fotografía post mortem, era tan normal como para nosotros fotografiar a un recién nacido. Nosotros guardamos el recuerdo de la llegada al mundo; ellos inmortalizaban una despedida. Además, precisamente debido a esa alta mortalidad, especialmente entre los niños, estas fotografías o daguerrotipos, constituían la única imagen para la posteridad del familiar fenecido.

Estos retratos intentaban capturar escenas alegres o entrañables del difunto. Los fotógrafos se esmeraban en dar una apariencia vital al cadáver e inventaban armazones que sostuvieran a los cuerpos sentados e incluso de pie. Luego, aún sin que existiera el photoshop, coloreaban las mejillas o pintaban al homenajeado unos vivaces ojos abiertos encima de los cerrados. Aunque en esto, como en todos los negocios florecientes, también influían las modas.

Los últimos retratos post mortem de niños, ya se tomaban en los ataúdes aunque se intentaba dar una imagen menos dramática del velatorio rodeando al “angelito”, como llamaban a los niños fallecidos los retratistas, de flores y familiares en poses naturales y rostros sonrientes. Como si en realidad, el niño estuviera durmiendo en la cuna.

Hasta ahora, hemos hablado de la parte emotiva de esta costumbre pero también hay que mencionar que, como negocio, resultó todo un éxito. Evidentemente, todos tenían que salir guapos en la foto, con lo que la demanda de embalsamamientos y embellecimiento de los cuerpos, subía como la espuma y algunas empresas de pompas fúnebres tenían su propio fotógrafo en plantilla, como un servicio más de la funeraria.
Este tipo de fotos también dio pie a un uso mucho más sórdido del que en principio se tenía en mente. En una época en la que la enfermedad y la decadencia física era considerada como atractiva; la mujer era más sugerente cuanto más desvalida estuviera y eran más apreciadas las bellezas lánguidas y silenciosas, las imágenes de mujeres fallecidas, resultaban la fantasía erótica gráfica idónea para ser contempladas por hombres solteros, o por casados que tenían esposas orondas y vocingleras. Pero no nos quedemos con esta idea. Valoremos las fotografías post mortem como imágenes tomadas por los seres queridos para reflejar que la muerte no es dolorosa, sino tranquila y pacífica, como se puede observar en algunas de las fotos.

Está práctica que cayó en desuso a principios del siglo XX, ha resurgido en Estados Unidos de la mano de una ONG llamada “Now I Lay Me Down to Sleep”, que traducido sería algo así como: “ahora que me voy a dormir”, y que ha retomado la costumbre de plasmar el último recuerdo. En realidad, cuesta concebir que hoy en día, con la mentalidad del humano moderno que ve la muerte como algo espantoso y devastador, todavía haya quien sea capaz de posar con su bebé fallecido en brazos.

Está claro que cada persona es un mundo y cada vez más personas ven la muerte como algo natural. Muchas aprecian la belleza de la oscuridad y el olvido, y no sólo el brillo de la luz del sol y la alegría. Será quizás resignación, será quizás que la idea del Romanticismo vuelve a nuestros días… Sea como sea, espero haber dado una nueva perspectiva de la muerte y romper con la idea de que los victorianos eran morbosos y macabros. Todo depende del cristal con que se mire…


Fuentes:

http://es.wikipedia.org/wiki/Fotograf%C3%ADa_post_mortem

http://www.abc.es/sociedad/20131101/abci-antepasados-fotos-muertos-201310291241.html


2 comentarios:

  1. Increíble el artículo. Como nuestros antepasados supieron darle un aspecto eterno a algo tan natural como "la bella muerte". Gracias por aportarnos esa concepción que ahora vuelve a estar "de moda"

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  2. Gracias a ti por entender y apreciar la esencia...

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