domingo, 8 de marzo de 2015

La leyenda del Hilo Rojo del destino

El poder sobrenatural del destino, que tanto ha caracterizado a las creencias y filosofías de las sociedades desde los albores de la Humanidad, ha resurgido con fuerza en los últimos años más allá del determinismo religioso cristiano. Se han hecho muchísimas referencias en todos los ámbitos de la cultura, desde la literatura hasta el séptimo arte, a ese camino no escogido e inevitable, especialmente en relación con las almas gemelas o el amor eterno, siempre predestinado y reencarnándose por los siglos de los siglos. Es así como ha surgido un especial interés por toda la mitología en torno a estos senderos ineludibles, partiendo desde la clásica obra de Platón El Banquete hasta llegar a conocer la leyenda del Hilo Rojo del destino. 


«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».

Según una creencia tradicional de la cultura asiática oriental, dos personas nacen con un hilo rojo invisible al ojo humano que los vincula, independientemente de las circunstancias sociales o culturales que puedan separarles. Este hilo está siempre presente en sus vidas; ambos se corresponden el uno al otro sin posibilidad de que ese vínculo pueda romperse pese a las tensiones que sufra. La situación de los extremos del hilo rojo depende de la mitología a la que corresponda: en China se hallan atados a los tobillos de los implicados, si bien los japoneses prefieren el dedo meñique. Esta diferencia podría explicarse teniendo en cuenta que en China dirigirte a alguien con el dedo meñique levantado es un gesto ofensivo, del mismo modo que en la cultura occidental lo resulta el dedo corazón.

El hilo rojo enrollado alrededor del dedo meñique tiene más aceptación general, dado que se ha extraído un mayor número de explicaciones entorno a esta significación. Por un lado, se comprobó  que el meñique, a través de la arteria ulnar, se vinculaba directamente con el corazón, simbolizando así los sentimientos y el interés compartido del amor, ya fuera de tipo romántico, amistoso o familiar. De este modo, el hilo rojo casi parece ser una prolongación de la arteria ulnar, enlazando los corazones de las personas predestinadas. Además de está explicación un tanto más considerada como científica, la parte histórica señala el dedo meñique como un símbolo fundamental a la hora de establecer relaciones de fidelidad. 

En tiempos del Japón feudal, los señores de las tierras podían castigar a sus vasallos amputándoles dicho dedo, que representaba el acuerdo de fidelidad entre ambos, suponiendo incluso una práctica que se conserva por parte de los yakuzas como prueba de obediencia de un subordinado hacia su jefe. Más allá de esta fidelidad entre superior-sometido, el amor y la lealtad también son representados por el dedo meñique acorde al Período Edo japonés, en el cual las mujeres se amputaban la mencionada falange del mismo modo como un acto de amor hacia sus maridos. El romanticismo del dedo meñique también se observa hoy día como puede comprobarse en el anime japonés, donde tener levantado el dedo meñique cuando se habla de dos personas implica que tienen un determinado vínculo sentimental, e incluso podemos relacionarlo en cierto modo a esas promesas de meñique que solíamos hacer cuando éramos pequeños. 

El hilo rojo no sólo implica una relación romántica, como se ha señalado anteriormente. De hecho, los padres y madres japoneses que desean adoptar utilizan esta leyenda como una metáfora, hallando esperanza y fuerza para soportar la larga espera que suponen los procesos de adopción considerando que entre ellos y su futuro hijo existe ese vínculo mediante el hilo rojo. De este modo, la leyenda forma incluso parte de la jerga habitual, refiriéndose a frases como «estamos tirando fuerte del hilo rojo», o «tendiendo puentes con hilos rojos» para referirse a esta espera.

Más allá de las influencias recibidas en el mito, la misma leyenda establece una divinidad propia al hilo rojo, Yue Xia Lao (月下老). Yue Xia Lao es la anciana deidad lunar asociada a los matrimonios en la mitología china, y por ende, a las relaciones que se establezcan por el destino determinante del hilo rojo. La leyenda refleja a Yue Xia Lao como un anciano que, desde la Luna donde reside, cada noche busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la Tierra, y al encontrarlas las ata con este hilo rojo para que no se pierdan. 
En torno a este mito surgieron numerosas historias populares recitadas en casi todos los hogares japoneses. En una de ellas,  un emperador supo de una bruja muy poderosa que habitaba en su reino, y que tenía la capacidad de ver este hilo rojo del destino. Dado que ya comenzaba a plantear la idea de casarse, mandó traerla ante él para hallar a la mujer a la que correspondiera el extremo de su hilo, encontrándola la bruja en un mercado donde una pobre campesina a cargo de un bebé vendía sus productos. El emperador, creyéndose que la bruja se burlaba de él por vincularla con una mujer de baja cuna, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que el bebé se hiciera una gran herida en la frente. Tras ello, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. 

Años después la presión por contraer nupcias hizo que la corte determinara una pretendiente para el emperador, aconsejándole desposarse con la hija de quien había llegado a ser un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda, momento en el que vería por primera vez a su esposa. Como manda la tradición, la novia entró en el templo con un velo que le cubría el rostro, y solo cuando se presentó frente al joven emperador éste pudo levantarlo y observar su hermoso rostro, con una cicatriz muy peculiar en la frente.

Yue Xia Lao, representado con
el libro y los hilos rojos
La mitología china también aporta una serie leyendas sobre el hilo rojo, que aunque hallan ciertas modificaciones en sus detalles, siempre tiene como protagonista a Yue Xia Lao, la deidad lunar de los matrimonios mencionada anteriormente. Según se relata, en tiempos de la Dinastía Tang, un joven llamado Wei Gu encontró en medio de la noche a un anciano leyendo a la luz de la Luna. Wei Gu, extrañado por la aparición de una persona de tal edad a una hora tardía le preguntó qué hacía allí y qué estaba leyendo, a lo que respondió: «Estoy leyendo un libro con una lista de almas destinadas a casarse. En este saco tengo hilos rojos para atar los tobillos del marido y de la mujer». Wei Gu insistió al anciano para poder conocer a la que sería su futura esposa, encontrando un bebé en brazos de una mujer ciega que trataba de ganarse la vida duramente en el mercado. Wei Gu se negó a hallarse destinado a quien se convertiría en una joven vagabunda, por lo que mandó a su criado a asesinarla.

Catorce años después, el gobernador de Xiangzhou ofreció la mano de su hija a Wei Gu, quien aceptó el casamiento de muy buena gana, sorprendido de que la joven apenas tuvo suerte en el amor anteriormente al tener dificultades para caminar. Al preguntarle por su historia, Wei Gu supo que su leve minusvalía se debió al ataque de su criado, y que su esposa, en realidad sobrina del gobernador, era el bebé al que quiso asesinar.

 
 Fuentes bibliográficas:

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