domingo, 1 de marzo de 2015

Una España pirata

Música, libros electrónicos, películas y videojuegos son regularmente consumidos por millones de personas en todo el mundo, pero no en todos los países existe la misma cultura de consumo: algunos países tienen balances muy positivos de compras legales, mientras que en otros, como España, la piratería está a la orden del día.

Si bien es cierto que existen personas que valoran el tener artículos físicos y los adquieren de un modo lícito, un gran porcentaje de personas prefieren descargar contenidos o aprovecharse del vacío legal del streaming para disfrutar de estos productos. Alemania, Noruega y España, entre otros, prohíben la descarga de contenido bajo copyright. Sin embargo, permiten su visión online sin descargarlo. Esta paradoja es una de las causas de la caída de ventas de los productos en tiendas. Si a este hecho se le suma la permisividad y la pobre regulación que el Estado español ejerce sobre Internet y la piratería, se da un país que se sitúa en el Top 5 de la piratería mundial, accediendo ilegalmente a un 84% de material de carácter cultural, según un artículo publicado en noviembre de 2014 por el diario ABC.

¿Por qué en Alemania se compra más que en España? ¿Por qué el país teutón puede presumir de números fabulosos en ventas de contenidos culturales?

Dejando de un lado la mentalidad y los aspectos ético-morales, basta con observar la siguiente tabla:
 

En ella se reflejan datos, cuanto menos, abrumadores. Los españoles tienen que hacer frente a un IRPF, un IVA y un impuesto de sociedades muy por encima de la media de la zona Euro. Por el contrario, los ingresos que se obtienen están por debajo en comparación a los demás vecinos europeos: concretamente, España se sitúa como el cuarto país a la cola de una lista de 19 países, es decir, un PIB muy por debajo de la media, lo que es un culpable directo de la piratería. Cuanto de menos capital se dispone, menos se propicia al consumo. Este hecho se agrava cuando un país decide aplicar unos impuestos altos sobre sus productos.

En la tabla anterior se mostraron los porcentajes de los países. Como justificante de ella, con imágenes se podrá entender mejor la diferencia abismal de precios existente entre, como por ejemplo, Amazon España y Amazon Alemania, una tienda online famosa de venta de artículos de todo tipo.
 



Mientras que en Amazon España un libro electrónico de la marca Kindle cuesta actualmente 79 euros o la serie completa de ‘’Perdidos’’ más de 100 euros, en Alemania es posible adquirir estos artículos por 49 euros y 39,99 euros, respectivamente, por lo que se puede llegar a la conclusión de que un país que tiene una renta per cápita mayor que en España goza de productos de ocio a precios inferiores debido a que sus impuestos para estos artículos son más bajos, lo que incentiva la compra.
 
Hay muchas campañas que tratan de concienciar a las masas para que se declaren en contra de la piratería, una lacra de la que hay que desprenderse porque no beneficia a nadie: los creadores de obras ven cómo sus trabajos no están siendo remunerados ni valorados en su justa medida; jóvenes desarrolladores y diseñadores gráficos pierden empleo, lo que según Michael Rawlinson de la BBC ahoga la creatividad y por último el propio consumidor, que no goza de un producto con sus cualidades al máximo porque los productos piratas, en la mayoría de los casos, son pobres en calidad de imagen y sonido (en el caso de películas o música) y suelen tener errores tipográficos (en el caso de ebooks).
 
Mientras que personas, gobiernos, creadores y , en definitiva, todo el mundo no equilibren la balanza para poder llegar a un comercio justo, España, al igual que otros países, probablemente seguirá siendo un país pirata.
 
 
REFERENCIAS:



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