No sé si os pasa lo mismo que a mí, pero cada vez que miro este cuadro
me quedo ensimismada. Son demasiados matices, demasiadas personas, demasiados
detalles que me gusta contemplar, y estudiar las facciones de las caras de cada
uno de los apóstoles e imaginarme una historia completamente distinta a la que
nos han contado, que les acaba llevando a compartir mesa todos juntos, antes de
que sus vidas cambiaran para siempre.
Sin duda, a Leonardo Da Vinci, le fascinaba este momento cuando
decidió enfrascarse en pintar esta escena, conocida como el cuadro de la última
cena, poco sabía que iba a tardar unos siete años en terminarlo, pero sí tenía
una intención clara, y era que el cuadro, debía ser objeto de estudio por
varios pensadores a lo largo de la historia.
Da Vinci, un hombre ávido de conocimiento, poseía conocimientos y
sospechas que dejó escondidas en este cuadro haciendo que varias personas se
hayan quedado atrapadas en este cuadro y hayan llegado a dedicar sus vidas a
desentrañar aspectos imperceptibles para los ojos humanos. Gracias a esos
estudios, podemos acceder hoy a informaciones maravillosas y relevadoras de
detalles increíbles, causándonos admiración y fascinación por el gran Leonardo
Da Vinci, ya que se sospecha que éste aseguró que todo su conocimiento, quedara
plasmado en una sola imagen, para que décadas más tarde y confiado en que el
hombre del futuro lograría descifrar los mensajes ocultos, toda su información
se desvelaría al mundo.
El enigma de Judas Iscariote
Dicen los libros de historia, que Leonardo al plantearse cómo pintar
el cuadro, decidió que escoger a personas físicas para que le sirvieran como modelos
y así poder pintar a los doce apóstoles, pero la idea fundamental para comenzar
a pintar el cuadro era que la figura de Jesús, era la que debía ser pintada en
primer lugar. Fue entonces, cuando comenzó la búsqueda entre cientos y cientos
de hombres, para encontrar la persona dotada unas características concretas.
Debía tener una cara y personalidad que expresara la inocencia y belleza, libre
de las sombras y señales causados por el pecado y la disolución, hasta que
finalmente, semanas más tarde y tras una
larga búsqueda muy laboriosa, se seleccionó a un joven de 19 años. Una vez
hallado, Da Vinci se centró durante seis meses en pintar al personaje más
importante de su famosa obra.
Una vez terminada la primera figura, continuó durante los seis años
siguientes trabajando en un su obra de arte, y una por una, se fueron eligiendo
a las personas idóneas para representar a cada uno de los apóstoles, pero dejó
un espacio en la pintura para la figura que representaría a Judas Iscariote, ya
que decidió que esté sería el punto final de su obra maestra.
Cuando quedaban algunas semanas para comenzar a pintar la figura de
Judas Iscariote, Da Vinci, comenzó su búsqueda de la persona que haría de
modelo. Da Vinci tenía muy claro, que buscaba a un hombre con unas
características concretas; debía tener un rostro endurecido por los años, con
un rasgo marcado por la avaricia, buscaba que sus ojos reflejaran el engaño, la
hipocresía y el crimen, en definitiva, un rostro que delatase a primera vista
el carácter de alguien que no dudaría en poner precio a una amistad.
Pocos eran los que reunían aquellas características, porque aunque se
mostraran ante él criminales, en todos ellos, el artista veía, arrepentimiento
por los actos cometidos en sus ojos. A punto de desistir de su búsqueda al no
encontrar el tipo de persona que requería para representar a Judas, Da Vinci
recibió la noticia de que había sido encontrado un hombre que cumplía los
requisitos del pintor, y que éste se encontraba en un calabozo de Roma,
sentenciado a muerte por una vida de crimen y asesinato.
Da Vinci viajó a Roma de inmediato para ver con sus propios ojos al
hombre. Cuando Da Vinci requirió la presencia del criminal, el hombre fue
sacado del calabozo en el que permanecía encerrado y conducido a la luz del
sol, y allí, Da Vinci por fin pudo contemplar al hombre que tanto había
buscado. Ante él, vio a un hombre oscuro, con una larga cabellera áspera y
desgreñada que caía sobre su cara, poseía una mirada despiadada, su cara
reflejaba el carácter de la maldad, la miseria, y la ruina completa de un ser
que ha cometido su mayor crimen. Asustado por lo que aquel hombre le
transmitía, el pintor supo que había encontrado la persona que quería para
representar el personaje de Judas, así que hizo llegar una nota al Rey,
pidiéndole un permiso para sacar al criminal de su celda.
Su majestad, concedió el permiso especial y este preso fue trasladado
a Milán donde Da Vinci estaba pintando
el cuadro. Durante seis largos meses, el criminal se sentó allí delante de Da
Vinci durante unas horas establecidas para cada día, mientras el talentoso artista
continuaba diligentemente su tarea de transmitir mediante su pintura la base de
ese carácter despiadado, que representaba al traidor y delator del Salvador.
Cuando terminó el último trazo, se volvió a los guardias y dijo:
―¡Guardias! Yo
he terminado; pueden llevarse al prisionero.
Los guardias
caminaron hacía el criminal con los grilletes en las manos, para colocárselos,
cuando de pronto el criminal se precipitó sobre Da Vinci llorando y diciendo:
―Oh, Da
Vinci. ¡Mírame! ¿No sabes quién soy?.
Da Vinci con
sus ojos bien abiertos, preso de la sorpresa ante la reacción de este hombre
que se hallaba postrado a sus pies llorando, estudió cuidadosamente al hombre
cuyo rostro él había estado mirando durante estos seis meses y le contestó:
―No, yo
nunca te había visto en mi vida, hasta que te sacaron de los calabozos ante mí
en Roma.
Entonces
elevando sus ojos hacia el cielo el prisionero dijo:
―¡Oh Dios!,
¿He caído tan bajo? ― preguntó mientras los guardias lo sacaban a tirones de la
habitación.
Entonces, el
criminal que aún forcejeaba con los guardas para que le dejaran hablar con el
artista, volvió la cara hacia el pintor y con impotencia, mientras lo sacaban
de la habitación gritó:
―¡Leonardo
Da Vinci, mírame otra vez, porque yo soy el mismo hombre que pintaste hace
justo siete años como la figura de Cristo!
Si esta historia, os ha dejado de
piedra… tengo otra historia referente a esta obra de arte, que también nace de
Judas, que aún os dejará más de piedra aún, ya que su hallazgo ha sido poco difundido
por los medios, porque podría hacer temblar las bases del catolicismo, pero es
una realidad latente, que lleva muchos años mostrándose al mundo, pero los ojos
de éste han permanecido ciegos, hasta que alguien alzó la voz y dijo:
-¿Qué es eso de ahí? Parece un bebé…
El segundo enigma
alrededor de Judas
Parece mentira, que la figura de
Judas, al parecer insignificante en el cuadro, cobre de repente tanta
relevancia, no sólo por haber traicionado al Salvador, sino porque Leonardo
quiso que así fuera, guardando en su figura plasmada en el lienzo, uno de los secretos mejor guardados que es
revelado después de siglos. Ese secreto es, la figura de un bebé que aparece
claramente en esta obra.
Este bebé se halla camuflado
durante siglos en medio de la ropa y el cuello de Judas, pareciendo como si el
bebé estuviese descansando en su regazo. En la figura de éste pueden verse
claramente definidos tres colores, cuando el resto de discípulos y el propio
Jesús, poseen sólo dos colores en sus vestiduras. Esta diferencia de color, hace
que la figura de este bebé sobresalga del resto para darle relevancia. La
cabeza del bebé, está sobre el hombro y cuello de Judas, haciendo que esta
parte se vea mucho más grande de lo normal. El bebé está cubierto con un sayo
de color azul, acurrucado.
Como se puede apreciar en el
cuadro, aparece la figura del apóstol Pedro, empuñando un cuchillo, que intenta
ocultar tras su espalda, mientras con la otra mano, hace un gesto dañino a
María Magdalena considerando de este modo que la iglesia de Pedro amenazaba a
la iglesia de María Magdalena, pero dejando de lado esta versión de la
historia, fijémonos bien en lo que hasta ahora, se ha dicho que el apóstol
Andrés, el cual es reflejado en la pintura, con las manos alzadas al sentir el
puñal cerca de su cuerpo, al asustarse del cuchillo. Si vuelves a mirar el
cuadro de nuevo, y verás que la figura del bebé, está justo delante de Andrés,
y entre ellos, la mano de Pedro empuñando la daga apuntando al bebé. Ahora, el
sentido de esta imagen es otro completamente distinto, ya que vemos a un Andrés
completamente asustado al querer apuñalar al bebé, alertando a los demás de lo
sucedido, e incluso podemos ver al apóstol situado junto a Andrés, consciente
de la situación, como tiene una expresión facial de increpar a Pedro además de
parecer intentar hacerle desistir de su actitud dándole en el hombro con la
mano. Si nos fijamos en el último apóstol Bartolomé, lo vemos situado con ambas
manos sobre la mesa en actitud defensiva preparándose para algo.
¿Y quién ese bebé? Os preguntaréis… Os
contesto después de haber investigado sobre el caso … ese bebé es la hija de
Jesús de Nazareth y María Magdalena, que ha permanecido escondida al mundo
entero durante siglos y siglos. Por lo que he podido saber, se dice, que en los
evangelios apócrifos ( aquellos que han sido prohibidos y descartados por la
Iglesia Católica) , se muestra a María Magdalena como la mujer de Jesús, su
compañera más cercana, con la que se reconoce que tuvo un hijo, ya que era
prácticamente imposible, que un hombre hebreo de treinta y tres años estuviera
soltero y sin familia y este cuadro así lo demuestra. Sin duda un enigma más
del que nuestro querido Leonardo Da Vinci, tenía conocimiento y dejó plasmado
en su obra para que fuera revelado al mundo muchos años después de su muerte.
Pero existen
más figuras ocultas en este cuadro…
Se dice, que un informático italiano,
ojeando la revista Sky, notó algo extraño en la imagen. Una extraña sombra en
el centro, como si fuera la de un libro fotocopiado. Extrañado cortó la foto y
la dobló siguiendo los ejes de simetría, y se dio cuenta que algunos aspectos
de la obra cambiaban. Intrigado, imprimió la imagen del cuadro de Da Vinci en
dos copias, una normal, y una sobre una transparencia. Cuál fue su sorpresa
cuando giró la copia transparente y sobreponiéndola sobra la copia normal,
aparecieron nuevos elementos en el cuadro, haciendo que la imagen de La última
cena, cambiara por completo, dando lugar a nuevos personajes.
Aparecía un templario a la izquierda de
la mesa, en lugar de San Bartolomeo, el cuchillo de la mano de Pedro, se ve
sobre un plato de carne del lado opuesto de la mesa, las montañas, un simple
fondo de la pintura, se convierten en coronas sobre las cabezas de los
protagonistas de la cena, el vestido de Jesús se ve enteramente rojo, y
desaparece así, casi todo el divino celeste, y lo poco que queda de este color
dibuja, junto con el plato de la mesa, un cáliz; y por último, Felipe, ahora en
la parte opuesta, parece tener en brazos al bebé.
Sin duda, este último descubrimiento, no
deja atónitos y expectantes a que alguien, descubra algo más que nuestro
querido Leonardo dejó oculto bajo la majestuosa pintura de la última cena.
Fuentes: www.anecdonet.com, www.todoparanormal.com, www.elbebedelaultimacena.com



Como decía Joseph Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad". o “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.
ResponderEliminarMi estimada Athena Martínez, te sugiero que leas a verdaderos estudiosos de la religión para que te enteres de por qué solo se escogieron cuatro evangelios y todos los demás fueron desechados. Todo esto del casamiento de Jesús con la Magdalena es un cuento creado por el defraudador antisemita Pierre Plantard, al que siguieron tres ingleses con su libro, "El Enigma Sagrado", y después, Dan brown con su "Best Seller", "El Código Da Vinci". Todos esos "creyentes" que a toda costa desean que sea verdad que Cristo haya tenido un hijo, dentro de lo más íntimo de su ser son ateos. ¡Qué manifiesten su ateísmo y se dejen de hipocresías! Si no creen que Zeus engendró a Hércules, ¿por qué creen que Cristo tuvo descendencia? Cristo no pudo haber penetrado la vagina de María Magdalena porque los dos son personajes ficticios. NUNCA EXISTIERON. Te sugiero que estudies más lo no milagroso, toda la trama generada durante casi dos mil años alrededor de Cristo tiene paralelos con Buda, Mithras, Hércules, Dionisio, Apolonio de Tiana, Adonis, Atis, Osiris, Asclepio, etc.
Cierta vez, el "contactado" (mitómano) Eugenio siragusa, dio a conocer una fotografía que le obsequió el Comandante de la Flota Intergaláctica, Ashtar Sheran ("quien había acompañado a Jesús hace dos mil años durante su llegada a la Tierra"), de Juan y Pedro corriendo hacia el sepulcro el día de la resurrección, la cual resultó ser la foto de un cuadro del pintor Eugene Burnand, de 1898, que se encuentra en el museo d'Orsay, en París. Recuerda lo que decía Goebbels.
Saludos
Esta usted equivocada señora, segun su teoría María Magdalena aparece en este cuadro, un gran error, en la última cena solo cenaron los 12 apóstoles con Jesús, si cuenta las personas de la foto son 12, sin contar a Jesús, y ahora le pregunto ¿Dónde esta María Magdalena?.
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