sábado, 13 de junio de 2015

Alejandro Magno, un soñador incomprendido

Desde tiempos ancestrales, la Humanidad ha escrito con letras de oro en las páginas de la Historia la aparición y el legado de hombres excepcionales que, debido a las circunstancias en las que desarrollaron sus vidas, sus descubrimientos o sus hazañas se cubrieron con una aureola de mito y de leyenda. Dentro de esta élite, pocas figuras han alcanzado el lugar que ocupa el emperador macedonio Alejandro Magno, quien moriría un día como hoy en el año 323 a.C.

Nació en Pella, Macedonia, el 21 de julio del año 356 a.C. Hijo de Filipo II, rey de Macedonia y Olimpia, princesa de Epiro. Macedonia, situada al norte de la Antigua Grecia, no formaba parte del mundo griego propiamente dicho, aunque estaba fuertemente influenciada por su lengua y su cultura. El resurgimiento del país se dio luego de que Filipo II llegó al trono.

Alejandro Magno, detalle del Mosaico de Issos


Grandes y fascinantes acontecimientos lo acompañarían a lo largo de su corta existencia, empezando por el día de su nacimiento, el cual coincidió con uno de los eventos de más triste recuerdo para la cultura de todos los tiempos. Ese día tuvo lugar la destrucción del Templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo, que fue quemada por Eróstrato, quien, al ser capturado, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia. Por su acto, las autoridades le aplicaron la pena de muerte, y a pesar de haber ordenado que cayera en el olvido cualquier testimonio de su paso por el mundo, más de dos mil años después, aún se recuerda con desconsuelo esta tragedia. Por su parte, los sacerdotes de Éfeso, vieron en esta catástrofe, "una señal palpable de que alguien en algún lugar del mundo, acababa de nacer para reinar sobre todo el oriente".

Se dice también que Olimpia, la víspera de su matrimonio, soñó que un rayo caía sobre su cuerpo y la fecundaba, produciendo después un gran incendio que se dividió en muchas llamas. Presagios de la futura grandeza de Alejandro, dicen las leyendas. Sus biógrafos lo describen como un hombre muy atractivo, de gran belleza física, cualidad que los griegos creían que era don de los dioses. Él mismo se creía descendiente de Heracles, hijo de Zeus, por parte de su madre, y toda su vida tuvo a este héroe mitológico como su referente.

Olimpia de Epiro
De su madre es muy poco lo que se sabe. Según Plutarco, mantenía serpientes domesticadas en su casa, siguiendo un culto tracio primitivo. Siendo Alejandro niño, intentaba evitar a toda costa que observara cómo Filipo, embriagado, la violaba. Las ofensas verbales entre Filipo y Olimpia se presentaban casi a diario. Su padre creía que él era un muchacho débil y se lo mencionaba con alguna frecuencia. Su madre, por el contrario, lo admiraba, lo adoraba, y le reiteraba a menudo frases que llenaban de orgullo su espíritu. Afirmaciones tales como, "Has nacido para ser rey" o "serás el dueño del mundo", eran muy habituales en los diálogos con su hijo. Todo este entorno conllevó a crear un vínculo muy poderoso entre Alejandro y Olimpia. Ella le decía con gran vehemencia o quizás con pasión, que él había sido el único gran amor de su vida. Ello podría sugerir quizás, de forma sutil, que Olimpia sentía por Alejandro, un amor que iba más allá del que una madre siente por su hijo. Es probable que lo amara como un hombre, quizás con cierta veneración, en tal sentido, que lo vislumbraba como un hombre que había nacido para ser grande, para cambiar el mundo, para superar al mismísimo Heracles el hijo de Zeus.

El joven príncipe tuvo como primeros mentores a Lisímaco, su profesor de literatura, quien pudo comprobar que su discípulo se aprendió de memoria la Ilíada de Homero; y Leónidas, el cual logró hacer de él un excelente jinete, cazador y esgrimista. Un tiempo después cuando Alejandro tendría unos doce años, conocería al más famoso y recordado de sus maestros: Aristóteles, con quien entablaría una estrecha y larga amistad. El filósofo griego le enseñó todo el conocimiento clásico y logró cautivar su amor y respeto hacia la cultura en general. Fue gracias a estas ilustraciones que unos años más tarde, al conquistar un nuevo territorio, respetaría su religión y sus obras de arte. También fundaría, en la región más occidental del delta del Nilo en Egipto, la más majestuosa de las ciudades que el mundo antiguo conoció jamás: Alejandría, la más gloriosa de las muchas Alejandrías que fundó a lo largo de toda el Asia, y en donde ocuparía un lugar especial para la historia su prestigiosa biblioteca.

Cuentan que en una ocasión, Filipo quiso comprar un caballo salvaje muy hermoso, pero ninguno de sus jinetes fue capaz de domarlo, por lo cual había decidido renunciar en su empeño. Alejandro, que por entonces contaría con unos quince años, pidió su oportunidad para montarlo, aunque su padre no creía que un joven pudiese triunfar sobre lo que hombres curtidos en la guerra y con tan sobrada experiencia no habían logrado. Para sorpresa de todos, se subió al animal y logró domarlo. Lo bautizó Bucéfalo, que literalmente significa "cabeza de toro", nombre que escogió, quizás por lo testarudo de su temperamento. Bucéfalo se convertiría en su compañero inseparable durante muchos años y batallas.

Su primera participación en el campo de batalla la tuvo al lado de su padre en una cruzada en contra de los medas, y luego en la batalla de Queronea (338 a.C.), donde enfrentaron y vencieron a algunas de las polis griegas comandadas por Atenas y Tebas. En esta oportunidad, Alejandro estuvo al mando de la caballería. Algunos meses después el rey macedonio, repudiando a Olimpia, decidió casarse con Cleopatra de Macedonia (no confundir con la reina de Egipto), sobrina de Atalo, un noble macedonio. Durante el transcurso de la celebración, Alejandro tuvo un fuerte altercado con Filipo y huyó a Epiro en compañía de su madre. Regresó a Macedonia en el otoño del 336 a.C., época en la cual Filipo fue asesinado por Pausanias, uno de los miembros de su guardia real.

Algunos historiadores señalan a Olimpia como la responsable de la muerte de Filipo II. También indican que estuvo involucrada en la muerte de Cleopatra y su hijo, debido a que Atalo planeaba intrigar con Filipo, para que nombrara al hijo de su sobrina hijo de Filipo también, como su sucesor al trono de Macedonia. A partir de entonces comenzaría el reinado de Alejandro.

Escultura de Alejandro y su caballo Bucéfalo
Una vez muerto Filipo II, las ciudades griegas, lideradas de nuevo por Atenas y Tebas, vieron una oportunidad en sublevarse para recuperar la libertad perdida en la batalla de Queronea. La campaña fue rápida y cruel. Durante el curso de los acontecimientos de diversas batallas que tuvieron lugar durante este período, dio la orden para que asesinaran a Atalo. En Tebas únicamente respetó los sacerdotes, la casa y los descendientes de Píndaro, uno de sus poetas favoritos. Alrededor de treinta mil tebanos fueron reducidos y vendidos como esclavos. Atenas y los demás estados griegos, fueron rápidamente sometidos.

En el 334 a.C. comenzó su marcha hacia la conquista del imperio persa, no sin antes disponer de ciertas medidas que le asegurarían su propia tranquilidad durante la ausencia. Mandó a matar a todos sus parientes que no le inspiraban confianza y dejó a Antípatro encargado del gobierno y defensa de su país, con un ejercito de ciento treinta y cinco mil hombres. La campaña duró cuatro años de constantes victorias, no hubo una sola derrota. Gránico (334 a.C.), Isso (333 a.C.), Tiro (332 a.C.), conquistó Egipto sin hallar resistencia alguna. Ahí se hizo entronizar como Faraón y fue adorado como un dios. Ni el dinero ni las ofrendas de paz que el emperador persa Darío le ofreció hicieron desistir a Alejandro de frenar su conquista.

En otoño del 331 a.C., tuvo lugar la batalla de Gangamela, en el propio corazón del imperio persa. Fue la batalla definitiva, después de la cual, se apoderó por completo de este imperio. Darío se refugió en Ecbatna con ocho mil hombres, intentó huir hacia las "Puertas Cáspicas", lugar donde según los griegos finalizaba el mundo conocido, pero Besso, sátrapa de Bactriana quien ambicionaba su corona, y en complicidad de un grupo de seguidores, lo asesinó en el 330 a.C.

Al llegar Alejandro con su ejército a este lugar, una región que corresponde hoy en día al norte de Afganistán y sur de Uzbekistán, sometieron a los rebeldes y a Besso lo hizo decapitar. El emperador macedonio había llegado a los confines de la tierra, las "Puertas Cáspicas", un lugar mítico para los hombres de su tiempo, en donde ningún griego o ciudadano de otro país vecino había estado jamás.

Mapa del Imperio de Alejandro Magno
A partir de este momento, adoptó las costumbres persas, su magnificencia y lujo, con lo cual también cambió su carácter, dedicándose a los placeres de la gula y la lujuria; vistió traje largo y se hizo adorar como un dios. Se casó con una princesa persa llamada Roxana, contraviniendo las expectativas de los griegos y las de sus propios camaradas macedonios. Lo anterior, debido a que los griegos siempre se creyeron una raza superior, los dueños del mundo, y miraban con desprecio a los habitantes de otras regiones, llamándolos despectivamente bárbaros. Hasta su propia madre indignada le envió una carta rechazando este matrimonio. "¿Quién es esa extranjera a quien llamas mi reina? ¿Acaso se te olvida quien es tu única reina?" le escribiría en alguno de sus apartes. Nadie realmente sabe por qué lo hizo. Quizás porque quería tener un hijo, o es probable que desde entonces, empezaba a planear una alianza cultural entre los habitantes de todos los pueblos conquistados, rompiendo todos los paradigmas establecidos en la sociedad de su tiempo. Marchando en contravía de las mismas enseñanzas que el gran Aristóteles le había inculcado en su adolescencia.

Hacia finales del 327 a.C. llevó a cabo su conquista de la India, durante la cual, murió su caballo Bucéfalo. Al año siguiente, emprendió su viaje de regreso tras el amotinamiento de sus soldados, quienes ya se encontraban agotados, exhaustos. Su general Nearco tomó la ruta marítima, mientras él lo hizo atravesando el infernal desierto de Gedrosia, en donde miles de sus hombres murieron de sed. La travesía terminó luego de una penosa marcha de sesenta días. En Susa tomó una segunda esposa asiática llamada Statira, hija de Darío, y tiempo después se casó por tercera vez.

La muerte de su gran amigo y amante, Hefestión, ocurrida en octubre del 324 a.C., le causó un inmenso dolor, fue algo devastador para su espíritu. Lo que vino después fue una serie de eventos salidos de control. Además de tributarle unos funerales nunca antes vistos, hizo crucificar al médico que lo atendió durante su enfermedad, mandó a afeitar a todos sus caballos, e inmoló sobre su tumba todos los coseos, miembros de un pueblo belicoso que se había sublevado, entre otros excesos. Poco tiempo después inició una campaña para explorar las costas de Arabia, donde planeaba construir varios puertos. Mientras navegaba por el bajo Éufrates contrajo una fiebre palúdica.

Soñaba con la unificación entre Asia, Macedonia, Grecia, India, Egipto y Arabia, en resumen de todo su Imperio, a través del establecimiento de vías marítimas, sustituyendo algunas caravanas terrestres, fortaleciendo así el comercio entre todas estas naciones. Imaginaba también, que los hijos de los habitantes de los países conquistados en Asia, aprenderían el griego y se daría una especie de mezcla cultural, para que a futuro conformaran los ejércitos que defenderían su imperio. Algo similar a una democracia global sin precedentes en la Historia, sin discriminaciones por razas o credos religiosos. Quería también que se construyeran grandes edificios y monumentos, cuya magnificencia superara a todos los que el mundo había conocido. Pero la fiebre que había adquirido con anterioridad aumentó día tras día, hasta provocarle la muerte, no permitiéndole cumplir estos grandes ideales.

Quizás de haber sobrevivido a su enfermedad, la sociedad de su tiempo tampoco se lo hubiese permitido. Tenía treinta y dos años de edad, se encontraba en Babilonia y transcurría el mes de junio del año 323 a.C. Sus funerales fueron suntuosos; delante de su cadáver desfilaron todos sus soldados. Dos años más tarde, Tolomeo se llevó los restos a Egipto, siendo enterrados en Menfis con una fastuosidad sin precedentes. Finalmente fueron trasladados a Alejandría en Egipto, para descansar en un templo construido con este objetivo.


BIBLIOGRAFÍA:             Enciclopedia Universal Ilustrada.
                                     Editorial Espasa – Calpe S.A.
                                     Tomo III
                                     Madrid (España). 1995.

OTRAS FUENTES:        Película “Alexander. Fortune favors the bold”
                                     Director Oliver Stone
                                     2004

                                     http://www.biografiasyvidas.com/monografia/alejandro_magno/
                                     [Consulta: 5 junio de 2015]
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