martes, 17 de noviembre de 2015

Rodin: el primer moderno

Françoise Auguste René Rodin (1840-1917), recordado para siempre como uno de los grandes escultores del siglo XIX, nació un 12 de noviembre en París en el seno de una familia modesta y, durante el transcurso de su carrera, no gozó del beneplácito de la mayor parte de la crítica artística de su época, aunque sí numerosos encargos de diferentes instituciones. A día de hoy, sin embargo, es considerado como uno de los padres de la escultura contemporánea. Moriría a causa de una gripe un 17 de noviembre de 1917, a la edad de 77 años, poco tiempo después de casarse con Rose Beuret, de la que enviudó tan solo dos semanas después del enlace.
A nivel artístico, es recordado por su búsqueda incansable de un nuevo tipo de creación, centrada en la pasión y la expresividad, cansado del frío clasicismo y, sobre todo, del fuerte academicismo imperante en la época.
Poco sabemos sobre su vida. De joven, trabajó como ayudante de decoración y estudió en la Petit École de Dessin de París por no haber sido admitido hasta en tres ocasiones en la Escuela de Bellas Artes en la misma ciudad, en la que frecuentaba el Museo del Louvre. En ese momento se revela por primera vez como modelador.

Aunque la mayoría de sus obras más conocidas están presentadas en bronce o en mármol, es curioso comentar que Rodin, en realidad, era un escultor de barro y trabaja moldeando sustratos arcillosos. Todas sus esculturas empezaban en barro, y luego se hacía una copia en escayola, a partir de la cual se hacía la fundición en bronce o se usaba para hacer la réplica en mármol. Así, podría decirse que la escultura de barro era el bosquejo a escala de la obra final en los materiales y tamaños definitivos, que no los manipulaba él. A principios del siglo XX, hacia el final de su vida, tendría a su cargo unos cincuenta ayudantes que hacían moldes, que pasaban a yeso y que tallaban el mármol; él se limitaría a supervisar. La fundición en bronce no se realizaba en este taller.

En sus inicios, entre 1864 y 1872, trabajó como ornamentador con A.E. Carrier-Belleuse y colaboró en la realización de una escultura arquitectónica para la Bolsa de Bruselas. Su año clave, sin embargo, fue 1875, cuando inició un viaje a Italia para aprender de los grandes maestros. Durante este periplo, se sentirá fascinado por Ghiberti con sus Puertas en Florencia; por Donatello y, sobre todo, por Miguel Ángel. De él absorberá la fuerza, la fascinación por la musculatura potente y la expresividad en estado puro.
"Mi liberación del academicismo me ha sobrevenido a través de Miguel Ángel. De él aprendí reglas diametralmente opuestas a las que me habían enseñado."
 
La Edad de Bronce y su modelo humano
De ahí en adelante, buscará siempre romper con las directrices de la escuela actual y dar expresión y naturalidad a sus esculturas.

Una de sus primeras obras, El despertar de la humanidad (mas tarde llamado La Edad de bronce), fue presentada en 1877 en el Salón París junto con la versión de San Juan Bautista hecha en yeso. El despertar de la humanidad es la primera escultura en bronce que realizó. A grandes rasgos, representa la figura de un hombre desnudo, pretendiendo mostrar la pureza y la naturaleza humana primigenia. Fue esculpida en Bruselas, ciudad a la que se trasladó el escultor para escapar de la guerra Franco-Prusiana, y tuvo de modelo a Auguste Neyt, un joven soldado belga con el que mantuvo amistad; prefería, de hecho, los modelos no profesionales por su mayor naturalidad y rendía verdadero culto al desnudo.

La influencia anatómica de Miguel Ángel en El despertar de la humanidad es ya patente y la configura como símbolo de expresividad. Sin embargo, a pesar de la innovación y la unanimidad del jurado, la obra levantó cierto escándalo: era tan perfecta que un crítico de prensa llegó a acusar a Rodin de haber hecho el fundido en bronce a partir del modelo humano vivo en lugar de un molde de yeso.

Poco tiempo después, le fue encargada a Rodin la monumental obra de Las Puertas del Infierno (1880-1917), para el Museo de Artes Decorativas de París. Aunque quedó inconclusa, muchas de las obras que formaban el conjunto pasarán a ser, de forma exenta, sus obras maestras. Algunos ejemplos son El Beso o El Pensador que analizaremos líneas mas abajo. Para Rodin, no terminar su obra se convertiría en una semejanza más con Miguel Ángel.

Puertas del Infierno
Realizada en bronce, Las Puertas del Infierno trata de representar una de las partes mas importantes de La Divina Comedia de Dante (1472). Por influencia directa de Ghiberti, será dividida en paneles con fondo escarpado y dificultoso donde se incrustan las figuras. En la representación aparecen los condenados ascendiendo y cayendo, un tema duro y dramático donde se muestran pasiones pero también terrores: Las Tres Sombras, coronando la escultura, representan a el triunfo de la muerte y, en el centro del dintel, está el propio literato sentado, meditativo sobre la vida y la muerte, el tormento y la moralidad. Nótese que la representación de este hombre, posteriormente, se convertirá de manera aislada en el El Pensador.
El Pensador, de influencia directa de Miguel Ángel y donde se puede apreciar la terribilitá basada en el estudio de la anatomía plasmado en su prominente musculatura, fue creado en bronce en 1903 de manera y exenta, está realizada a tamaño natural, pues posee una altura de 1,80 metros. Inclinado hacia delante, esta posición se crea para observar los círculos del Infierno, aunque terminará siendo un símbolo mundial de pensamiento y reflexión.
 
Respecto a El beso, realizado en mármol en 1888, representa a Paolo y Francesca, personajes de un poema del Infierno de Dante, asesinados por el marido de ella al sorprenderles besándose. La diferencia estilística con la anterior obra es evidente, sobre todo si prestamos atención a la pulimentación perfecta de la textura y la composición dinámica del momento, a diferencia de El Pensador, rudo, toscamente hecho en metal y en quietud. La obra se convirtió en un éxito rotundo debido al propio tema, más sencillo, sensual y cercano a la gente, símbolo del amor.

Pese a la fama de la que Rodin ya gozaba en su época, es interesante comentar que no todas sus obras cayeron siempre en gracia. Un ejemplo de ello son Los burgueses de Calais (1884-95), un homenaje a la historia de la ciudad por la Guerra de los Cien Años (1337-53) encargado por la propia ciudad de Calais.
Concebida como grupo escultórico, Rodin quiso dar a cada uno de los burgueses un tratamiento psicológico individual, su propio espacio interior, pero sin interrelacionar unas figuras con otras.

La idea, que actualmente parece genial, no gustó nada a la autoridades de Calais, que buscaban un monumento mas tradicional donde los burgueses fueran héroes y no personas representadas en actitudes de derrota, pesimismo o abatimiento, fruto de la guerra. La obra no fue aceptada, pero será otra de las obras fundamentales de Rodin.

Su reputación, sin embargo, no se vio horadada y siguió recibiendo encargos. La Sociedad de Hombres de Letras, por ejemplo, le pedirá poco tiempo después un monumento al novelista francés Balzac (1886-95). Rodin, conocedor de la obra del literato, quiso plasmar su gran fuerza expresiva: retocó una y otra vez la obra para llegar a la perfección de la representación interior del escritor, su personalidad arrebatadora. En esta escultura, Balzac, de pequeña estatura, es mostrado de manera monumental; en lugar de estar vestido de gala o manera lujosa, se le muestra con la bata que se ponía por la noche para trabajar, y, para enmarcar la inteligencia y arte del autor, Rodin le proporcionó una gran cabeza de rasgos muy marcados. De nuevo, la obra no gustó pero volverá a romper los esquemas artísticos del momento (justo lo que Rodin buscaba).

Actualmente, la mayor parte de sus obras se asientan en el Museo Rodin de Paris y el Museo Rodin de Meudon, lugares donde se puede observar su obra y su espíritu. Allí se asienta la esencia de un escultor que quiso romper moldes, de un hombre que soñó con reflejar su arte de manera libre, sin ataduras, y que llegó a ser clave en la escultura del siglo XX. Nadie mejor que él para hacerse entender:
"¿Dónde he comprendido la escultura? En los bosques, observando los árboles; en los caminos, observando la construcción de las nubes; en el taller, estudiando el modelo; en todas partes excepto en las escuelas. Lo que aprendí de la naturaleza he tratado de aplicarlo en mi obra".


FUENTES Y REFERENCIAS
 


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