Tú, que siempre diverso,
la fábrica feliz del universo,
eres, primer prodigio sin segundo,
y por llamarte de una vez, tú el Mundo,
que naces como el Fénix en su fama
de tus mismas cenizas.
[...]"
"El Gran Teatro del Mundo"
Pedro Calderón de la Barca
En 1655,
Calderón de la Barca tradujo en tinta y páginas doradas las desventuras de un
protagonista desvencijado por el tiempo. El Teatro surgió para el Mundo y el
Mundo es un Teatro. Por eso en 1979, el arquitecto Aldo Rossi, hizo del espacio
un lugar cambiante y del teatro un viajero con vagones de agua. Se trataba de un edificio con cimientos de barca que hacía las veces de teatro; un teatro flotante y errante, de formas simplificadas y colores venecianos. Una mañana apareció anclado en el puerto como un espejismo, un truco, una ilusión, la posesión del espacio y el escapismo más absoluto.
Hace
tan sólo 35 años, esta coqueta estructura de acero tubular y revestida de madera
de 25 metros de altura, se echó al mar de la ciudad de Venecia en su Bienal de
ese mismo año. Dos años más tarde fue desmantelado en la ciudad de Dubrovnik
donde se asentó tras el acontecimiento italiano.
¿Se trataba,
entonces, de un edificio sobre el agua? ¿uno más? Para nada. El (Gran) “Teatro
del Mondo”, intensificador cariñosamente olvidado por Rossi pero bien recordado
por Calderón, pretendía asentarse en las aguas de Venecia con el fin de usar
ese “terreno” como billete de viaje hacia a otras tierras llevando consigo el
espectáculo de la bella Serenísima. La propuesta resultó rompedora,
arquitectura móvil, efímera, nueva y sorprendente, como esa sorpresa que
suscitó a los venecianos el 11 de noviembre del 79 saludando a la ciudad desde el muelle. Tipológicamente, respondía
al teatro común, para albergar hasta cuatrocientos espectadores y cuya
organización se disponía en tribunas a los lados de un escenario central y
galerías en los pisos superiores. Su estructura era clara, un paralelepípedo
cuadrado de 9,5 metros de lado y 11 metros de altura se ubicaba como
protagonista de la escena arquitectónica, rematado por un tambor octogonal
realizado en cinc.
Pero, ¿qué
hay detrás de un artilugio de estas características? ¿Avance arquitectónico? Experimentación, sin duda. Si bien es llamativa la realización de un edificio flotante que se
propone viajar y plasmar el ambiente de su ciudad natal, no sólo fueron
motivaciones tecnológicas, ni mucho menos. Para comprender la magia del espectáculo
es necesario explorar los términos y conceptos empleados por su autor y
comprender, ante todo, donde llega la belleza de la sencillez absoluta. El teatro como concepto.
El primer
concepto motor de la intención del arquitecto radica en la observación de la arquitectura como teatro. La
teatralidad es la puesta en escena de la vida, y la arquitectura es y forma la
vida, la envuelve y atrapa en una telaraña de materiales y espacios secantes. En este momento entra en juego la inevitable unión entre la
arquitectura de un artífice italiano y su país, su ciudad; se habla, entonces, de
costumbres, de maneras y arquetipos, y es Venecia fuente de inspiración
absoluta. Por tanto, como segundo precepto, se encuentra la referencia a la vida veneciana. Necesita
establecer conexión con la memoria de la arquitectura clásica que invadió estas
tierras, torres o columnatas se abstraen en herramientas más sencillas pero
siempre presentes con geometrías racionales. En este punto, es también
imposible huir de tradiciones como el carnaval. De por sí, Venecia es sorpresa y
espectáculo enmascarado, en una determinada época del año, por un halo de
sofisticación, bailes y elegancia surgidos de canales. El teatro era concebido como la representación de la ciudad, de su encanto, y por ello un teatro flotante debía viajar con la maleta cargada de cuentos venecianos.
La
ciudad como valor histórico y social. Este supone el principal criterio.
Aldo Rossi es consciente de dónde va a partir la escena, sabe cómo, cuándo y por qué se va a desarrollar el primer acto. Su arquitectura pretende en todo momento nutrirse de
valores sociales los cuales fabrican y hacen a su antojo la ciudad, la
modifican y la adaptan a sus necesidades. La ciudad, por tanto, es un catálogo de sus
habitantes y el resultado de la memoria de todos ellos. Pero, por eso es vida, porque cambia, evoluciona, se desarrolla, y por tanto, también la ciudad lo hace. Sin embargo, la
arquitectura es la representación fija de la ciudad, se mantiene impermutable, tal y como fue concebida en su nacimiento. Manifiesta hieratismo y está cargada de desacuerdos con los años venideros y los nuevos tiempos. Con ello, el autor del Teatro del
Mundo, lucha y genera esta pieza, con la intención de remover esa arquitectura
anclada, dotarla de maleabilidad temporal y dejar de subyugarla a un pasado para formar parte del eterno presente.
Con una
vorágine de sensaciones y pretensiones, el Teatro del Mundo ofrece una imagen
ambigua y cargada de dinamismo. ¿Un edificio que flota o un barco con forma de
edificio? En el siglo XVIII, los teatros flotantes surcaban habitualmente los canales venecianos, y
este también flota, pero se mueve, muta, viaja, trasciende. La ciudad, el mar, las relaciones sociales
que ocurren en las plazas y canales de Venecia, todo se convierte en el telón
de fondo de un teatro que puede moverse, que cambia como ese telón. Unas cuantas
formas geométricas sencillas, ángulos de noventa grados, alturas rectas, y un
toque de color conforman el marco de una propuesta insólita.
Probablemente
resulte perturbadora su inaudita colocación, pero, a fin de cuentas, consigue apartar la importancia
del valor de un teatro en Venecia y traslada la grandeza a su alterabilidad, a
su naturaleza viajera. El teatro cambia de posición y se llena de recuerdos,
anécdotas, de tradiciones opuestas, de actores de otros mundos, de otras
épocas. Se trata de una propuesta deslumbrante que como él mismo afirmaba: “He pensado en inserir un teatro en una
ciudad vieja, en Venecia, la capital del agua, donde el paisaje no sólo lo
forman el cielo y el agua. También el puente de Rialto es parte del paisaje, un
mercado, un teatro”.
En 2010,
Venecia se vestía de gala para rendir homenaje al “Teatro del Mundo” y a su
artífice, ensalzando la genialidad de construir un teatro en la ciudad del
teatro y hacer que perdurase en la memoria. El Teatro del Mundo es tradición,
costumbre, memoria y viaje, recuerdo. En el Gran Teatro del Mundo y su arquitectura su grandeza consiste en ver viajar un edificio sobre la inestabilidad
impenetrable del agua.
Rosario Amador García.
Fuentes:
- http://www.arqtistic.com/blog/entry/?n=78
- http://v2.reflexionesmarginales.com/index.php/dossier-13/292-una-arquitectura-que-viaja-el-teatro-del-mundo-de-aldo-rossi
- http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gran-teatro-del-mundo--0/html/ff39e206-82b1-11df-acc7-002185ce6064_3.html
- http://es.wikiarquitectura.com/index.php/Teatro_del_Mondo
- http://espaciosescenicos.org/Il-teatro-del-mondo-Aldo-Rossi
Imágenes extraídas de:
- http://www.arqtistic.com/blog/entry/?n=78
- http://books.google.es/books?id=91085LwYaQkC&pg=PA205&dq=teatro+del+mundo+aldo+rossi&hl=es&sa=X&ei=rm3iU8nCF-6X0QXnloGYBg&ved=0CEYQ6AEwBw#v=onepage&q=teatro%20del%20mundo%20aldo%20rossi&f=false
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