jueves, 28 de mayo de 2015

El cerebro nos engaña

“La única verdad es la realidad”, decía Aristóteles. Nuestra realidad es como nos la presentan nuestros sentidos. Los ojos miran a nuestro alrededor, los oídos escuchan con atención y el cerebro recibe e interpreta las señales. ¿Podemos confiar en que esa interpretación sea fiel a la realidad
 
Richard Gregory, profesor de Neuropsicología de la Universidad de Bristol, no cree que una pequeña imagen recibida a través de la vista logre conseguir una visión completa del exterior: “El cerebro efectúa muchas suposiciones. Las imágenes que recibe el ojo no se corresponden en absoluto con los objetos que está mirando. El cerebro se imagina un objeto real a partir de una imagen tan pequeña como un sello de correos. Si se está mirando una mesa, por ejemplo, debe adivinar algunas cualidades del objeto, como que se trata de un objeto sólido y fuerte”.
 
Para este experto, cuando se reciben imágenes de objetos del exterior, el cerebro actúa elaborando hipótesis sobre qué puede ser y las contrasta mediante los sentidos. Sin embargo, si la respuesta es errónea, el cerebro tarda un tiempo en asimilar la nueva información. Es lo que ocurre con los llamados “efectos ópticos”, son falsas suposiciones causadas por una falta de datos. La imagen que se recibe no es completa y la reconstrucción es fallida.

El cerebro es un laberinto de interpretaciones. Laberinto Trojebor (Troya). Wikimedia.org
Las ilusiones ópticas pueden dividirse en dos tipos: cognitivas (cuando nuestra visión no capta el objeto en su totalidad y realiza una suposición errónea) y fisiológicas (cuando el fallo se produce en el mecanismo visual por cansancio o deslumbramiento). A su vez, dentro de las ilusiones ópticas cognitivas pueden producirse ambigüedades, si hay dos alternativas de percepción; deformaciones, si el error se basa en las líneas, ángulos, tamaño, curvatura u otro tipo de propiedad geométrica; paradojas, cuando la imagen representa una realidad imposible (las famosas escaleras por las que se sube y al mismo tiempo se baja de piso); y las ficciones o creaciones ópticas, en las que se capta una imagen que en realidad no existe.


Ilusión en donde el cerebro percibe dos imágenes alternativas. Caras y copa. Wikimedia.org
Estos "engaños" del cerebro a la hora de concebir la realidad se producen por su intento de dar explicación a lo que se está viendo. Sin embargo, no es un error intencionado sino una manera de responder a las situaciones que se plantean en la vida cotidiana. De estos fenómenos se puede deducir la gran importancia que tienen la interpretación y los puntos de vista para conocer la realidad. El mundo no es tal y como lo vemos sino como lo procesa nuestro cerebro.
Ilusión óptica fisiológica. Cuadrícula de Hermann. Wikimedia.org
 
De estas limitaciones del cerebro, como las de tener una reducida visión o solo poder observar un punto de atención, surgen los trucos que aprovechan los magos para cautivar a sus espectadores. Roger Highfield, editor científico de The Daily Telegraph, explica esta práctica: “Cuando el cerebro se concentra en una cosa, no puede estar pendiente de otra. Por eso los prestidigitadores reclaman la atención del cerebro hacia un lugar erróneo, la mano derecha, mientras hacen desaparecer una moneda o un conejo con la izquierda. La verdadera raíz de toda la magia radica en las limitaciones de la mente humana. En el caso de la vista, por ejemplo, existen dos puntos ciegos que el cerebro se encarga de rellenar completando la imagen”.
 
Estos engaños de nuestra percepción se reflejan en muchos aspectos cotidianos. El más habitual es el de la visión en color. Si no existiera la vista no existirían los colores ya que estos se crean en el cerebro y se proyectan, psicológicamente, sobre el objeto. No están presentes en el mundo exterior. De hecho, el resto de seres vivos poseen una gama cromática más reducida que los humanos y su capacidad para distinguir los colores es mucho más limitada. A la hora de colorear el mundo, no hay unanimidad entre humanos y animales.

René Descartes puso en duda lo que
perciben nuestros sentidos. Wikimedia.org

Se puede afirmar que el propósito del cerebro no es el de descubrir la verdad de lo que nos rodea sino el de ir solucionando los problemas que se le van presentando. Por eso, tal y como afirma la psicóloga canadiense Cordelia Fine, “siempre busca la opción más cómoda, la que concuerda mejor con su propia realidad”. Esta experta afirma que el cerebro intenta facilitarnos la vida con algunas artimañas: “La memoria y el inconsciente se encargan de ajustar lo que no encaja, de cambiar lo que no gusta, de eliminar lo que duele y de ensalzar lo que agrada”.
 
Por esta razón todavía perviven las supersticiones y las manías. El editor Roger Highfield opina que estos fenómenos se producen cuando el cerebro se encuentra en una situación que no puede controlar, bien porque desconoce su causa o bien porque es incapaz de predecir qué ocurrirá después. Para resolverlo empieza a buscar patrones y simetrías llevando a cabo comportamientos ilógicos y maniáticos. Recurre a lo conocido. Para disminuir la ansiedad el cerebro manda instrucciones para mordisquear un tapón de bolígrafo, evitar pasar por debajo de una escalera o cruzar los dedos.


Sin embargo, esta tendencia a la simplicidad puede generar conflictos. Por un lado, crea una barrera psicológica con aquellos a los que considera diferentes. Si detecta patrones extraños en los demás puede producir un rechazo inconsciente. Por otro lado, puede producir un bloqueo si el cerebro se satura ante la elección entre muchas opciones. A veces, su solución es olvidarse del problema. El típico fallo de agenda. Su objetivo siempre es el bienestar, de manera que rechazará u omitirá aquello que le genera dificultades.
 
¿Qué podemos hacer ante esta reacción? Cordelia Fine recomienda tener presente esta actitud del cerebro para intentar ser más imparcial y no tener prejuicios con los demás. También aconseja no atosigar a la mente con muchos propósitos para que no se colapse. Hay que ponerse pequeños retos cada día. Parece ser que lo que mejor funciona es establecer metas a corto plazo y cumplirlas una por una, puesto que como dice la psicóloga: “La victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”.


FUENTES Y REFERENCIAS:

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