miércoles, 23 de septiembre de 2015

La hipnosis, ayer y hoy

La hipnosis es una de esas técnicas que ha sufrido burlas a lo largo de toda su historia pero que, sin embargo, hoy en día es muy utilizada como complemento a la terapia. Siempre rodeada de misterio, magia y mucha polémica, la eterna lucha entre partidarios y detractores no parece tener fin… pero, ¿realmente sabemos qué es la hipnosis?

Si acudimos a la definición aceptada hoy en día, el hipnotismo no es más que un método para producir el "sueño artificial" mediante influjo personal o por aparatos adecuados. Por tanto, la hipnosis no es más que un estado de trance y relajación inducido. ¿Y ya está? No, no es ni de lejos tan fácil como parece. Se trata de una técnica que ha pasado por muchos baches hasta conseguir ser algo respetada por los científicos del mundo.
Lejos de lo que muchos podamos pensar, la hipnosis no es un invento actual. Hace miles de años fue muy utilizada en rituales religiosos por los chamanes. Sin embargo, no fue hasta el siglo XVIII cuando el hipnotismo revolucionó el mundo científico. La culpa de esta “revolución” recayó en Franz Antón Mesmer, médico austríaco que defendió la teoría del Magnetismo animal, la cual nació entrelazando principios científicos de Isaac Newton y René Descartes con los estudios de Helmont y Paracelso; pero también estuvo influenciada por el estudio con imanes realizado por Maximilian Hell (director del observatorio astronómico de Viena) o por el sacerdote católico Johann J. Gassner, conocido por curar a través del exorcismo.
Si metiéramos en una coctelera a Newton, descartes, Helmont, Paracelso, Gassner y Hell, obtendríamos
 el "magnetismo animal" de Mesmer

Sesión para equilibrar el
fluido magnético.
La teoría del magnetismo animal defendía la existencia de un fluido magnético presente en todos los cuerpos. Mesmer aseguraba que las personas somos un imán con polos Norte (la cabeza) y Sur (los pies) y que la mala distribución de dicho fluido o su ausencia era el causante del estado de enfermedad. Para su curación, debía frotarse los polos suavemente o el Ecuador, situado alrededor del hipocondrio. Para este cometido, el médico austríaco usaba imanes para re-equilibrar ese fluido magnético.

El revuelo que rodeó sus investigaciones y demostraciones provocó que  el propio Luis XVI pidiera ayuda a los sabios que conformaban la Real Academia de Ciencias para que comprobaran si la técnica era cierta. Después de varias pruebas, aseguraron que muchos pacientes entraban en trance sin siquiera estar presente el magnetizador (lo que hoy llamaríamos hipnotizador) y concluyeron que todo se debía a la propia imaginación de los individuos. A pesar de este suceso, se considera a Mesmer el padre de la hipnosis porque, sin saberlo, contribuyó al nacimiento de técnicas modernas de hipnosis (aunque la teoría del magnetismo animal como método de curación se vea absurda en la ciencia y medicina actuales).
 
James Braid en plena sesión.
Hubo que esperar hasta 1843 para que en el libro Neurypnology: or the Rationale of Nervous Sleep, James Braid (neurocirujano escocés), acuñara el término hipnosis. Braid rechazaba la idea de Franz Mesmer sobre la existencia de fluidos magnéticos que pudieran producir ese estado hipnótico, ya que observó que varios sujetos entraban en trance al fijar la vista en un objeto brillante, lo que le llevó a creer que todo se trataba de un “sueño nervioso”.

Para entender un poco el complejo e intrincado mecanismo de la hipnosis, es necesario tener presente que los seres humanos tenemos varios niveles de conciencia trabajando al mismo tiempo. El nivel con el que estamos familiarizados todas las personas es nuestro pensamiento consciente; es ese eco de tu cabeza que está continuamente analizando y hablando y recordando y, básicamente, describiendo tus pensamientos. Es realmente curioso pararse a pensar que lo que las personas pensamos son, precisamente, palabras. Pero, ¿cómo piensan el resto de animales, que no tienen ningún lenguaje parecido ni comparable al nuestro? Aunque no te lo creas, las personas también tenemos un pensamiento más "animal", pero no somos exactamente conscientes de ello, razón por la que lo llamamos "subconsciente". Éste está parcialmente ligado al sistema límbico del encéfalo, el cerebro primitivo, muy emocional, allí donde se recogen las pasiones, necesidades y miedos más primarios. Por debajo de este nivel de consciencia, según los psicólogos, está el inconsciente, donde se guardan las emociones a las que nunca accedemos aunque puedan manifestarse en algunos problemas psíquicos. El subconsciente, en cambio, está pensando constantemente en segundo plano al runrún de nuestra charlatana cabeza.

Las personas no dejamos de ser, a fin de cuentas, producto de la evolución animal, y aunque tengamos capacidades de pensamiento abstracto, imaginación, previsión e invención que no se pueden comparar a los de ninguna otra estirpe, también compartimos con el resto de parientes una mente más primitiva cuyo contenido puede influir (a veces mucho) en nuestro comportamiento diario.

Toda la información que asimilamos de nuestro entorno a lo largo de nuestra vida pasa por unos filtros u otros; alguna se olvida irremediablemente, otra la aprendemos y la tenemos almacenada a buen recaudo y otra queda sepultada en el subconsciente, donde van a parar entre otras cosas muchos de los recuerdos más dolorosos e impactos emocionales más fuertes ya desde nuestra infancia más temprana. Consciente y subconsciente se están continuamente están continuamente trabajando e interactuando entre sí, aunque no es tan fácil darnos cuenta de ello. La hipnosis entra en juego, se cree, accediendo directamente al subconsciente, pudiendo transmitirle información sin los filtros de la mente consciente; algunos opinan que no es ni siquiera necesario que se esté en un estado de relajación (a veces favorecida por algunos fármacos, como algunos opiáceos). Simplemente un foco de atención, una emoción exaltada y una sugestión que no sea contradicha por la mente consciente del receptor pueden ser suficientes para grabar en el subconsciente un mensaje o emoción.

La hipnosis ha pasado por muchos altibajos, siempre cubierta por un halo de misterio, pero el descubrimiento de las conexiones entre el sistema nervioso contribuyó a que empezara a ser tomada en serio. En la actualidad, son muchos los médicos que defienden la hipnosis como herramienta para contribuir al éxito de la terapia, lo que ayuda a difuminar ese ambiente de magia y charlatanería que siempre ha rodeado al hipnotismo.

Aunque parece que aún queda largo camino por recorrer, lo que sí queda claro es que la hipnosis es muy utilizada para romper con malos hábitos como fumar; la sugestión tiene, en realidad, un poder enorme. Hemos de aclarar que, teniendo en cuenta que cada persona es un mundo, es posible que no a todas le surta el mismo efecto ni sean igual de fáciles de llevar al trance. Eso sí, para tranquilidad de muchos, os diremos que el hipnotizador jamás podrá sugestionar a nadie si no quiere ni actuar en contra de su moralidad o deseos durante el "sueño hipnótico". Por tanto, olvidaos de la imagen de hipnotizadores diciendo a la gente que actúe como una gallina o se coma una cebolla cruda; tiene otros usos mucho más prácticos, aunque claro está, la única forma de saber si funciona es probarlo. ¿Algún voluntario?


FUENTES Y REFERENCIAS:

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