Llega la navidad y el mundo entero se llena de luz y color. En buena parte de la geografía universal, los hogares, los sitios de trabajo, las calles, los edificios y en general todos los pueblos y ciudades, son engalanados con hermosos adornos alusivos a la época más bonita del año. Se respira un ambiente con aroma a una mezcla de alegría y nostalgia por los tiempos pasados, donde se recuerda a aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, pero en últimas, esta combinación de sentimientos inspira a reunir a las familias y a los amigos, quienes hacen toda una serie de arreglos para poder compartir con alegría estas fechas.A medida que transcurren los años, las empresas fabricantes de adornos navideños, además de alcanzar grandes beneficios económicos, logran también imponer la moda en los adornos que sacan al mercado y que luego terminan siendo parte de todo este colorido. Sin embargo, hay un elemento que se ha conservado a pesar del paso de los años, que nunca pasa de moda, que hace parte de la cultura universal, y que es el emblema por antonomasia de la navidad. Se trata ni más ni menos que del Árbol de Navidad, cuya historia, será nuestro tema en el día de hoy.
Retomando un poco la simbología cósmica y religiosa del árbol, sobre la cual les contábamos hace unos pocos días en otro artículo, algunos pueblos ubicados hacia el norte de Europa rendían especial veneración a un árbol perenne, posiblemente un roble, al que consideraban "el árbol del universo" o "el árbol de la vida". Era conocido como Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard, la morada de los dioses, y el Valhalla, el palacio de Odín, encontrando en sus raíces el reino de los muertos, Helheim. Acostumbraban a adornarlo con antorchas y ejecutaban bailes a su alrededor para celebrar el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad, coincidiendo estas tradiciones con el solsticio de invierno, entre el 20 y 23 de diciembre.
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| San Bonifacio |
Se dice que hacia el año 740 San Bonifacio, quien fue el evangelizador de Alemania e Inglaterra, derribó con un hacha este roble, que representaba a Odín, y en su lugar sembró un pino como símbolo del amor de Dios. El nuevo árbol fue adornado con manzanas, que para los cristianos representan las tentaciones, y velas, las cuales simbolizan la luz del mundo y la gracia divina. Durante la Edad Media, la costumbre se propagó por toda Europa, si bien las manzanas fueron remplazadas por esferas y las velas por otros adornos. En este orden de ideas, la tradición de las culturas nórdicas fue tomada por los cristianos cambiándole el significado a la simbología del árbol y acoplándolo a sus propias creencias.
Es muy probable que el primer árbol con estas características fuese instalado en Alemania en el año 1605, todo con el propósito de ambientar el frío de la navidad. A Finlandia llegó en el año 1800 y a Inglaterra en 1829, pero en España la tradición no comenzaría hasta el año 1870, llevada al parecer por una mujer de origen ruso perteneciente a la nobleza y que habría estado emparentada con el Emperador de Francia Napoleón III. A América llegó a través de la Conquista por parte del Imperio Español, y los ingleses hicieron lo propio con sus colonias en Norteamérica.
A día de hoy, al acercarse el 24 de diciembre, en muchos lugares alrededor del mundo, muy seguramente ya habrán armado el árbol y le habrán colocado sus adornos, de acuerdo con el presupuesto y el gusto particular de cada hogar. Es muy posible también, que durante esta jornada que contó con la participación de cada uno de los miembros de la familia, como una muestra de la unión y armonía, también estuviese acompañada por deliciosos manjares, que hacen parte igualmente de la tradición y que difieren de país en país de acuerdo con sus propias costumbres.

Muu bueno juan. Gracias por compartir su experiencia y conocimiento. Exitos
ResponderEliminarMe alegra mucho que haya sido de tu agrado.
EliminarRealmente es una fecha maravillosa que nos lleva a evocar recuerdos y vivencias. Muy bonito y acertado el artículo.
ResponderEliminarMe alegra sobremanera poder cumplir con el propósito general de agradar y brindar nuevos conocimientos al mismo tiempo.
EliminarMuy bueno. Muchas cosas que no me imagine, y que apenas vengo a conocer a profundidad.
ResponderEliminarEl propósito personal y del colectivo de Toda una amalgama, es básicamente ese: compartir con los lectores conocimientos de forma agradable. Es satisfactorio cuando a través de sus comentarios se confirma que hemos cumplido con el objetivo.
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