jueves, 10 de septiembre de 2015

El pintalabios: origen e historia

En el artículo de hoy hablaremos de un indispensable en cuanto a cosméticos se trata: el pintalabios. Repasaremos su historia, innovaciones y todos los momentos que han hecho que hoy tengamos una amplia gama de este producto.

Para conocer el origen de nuestra afamada barrita nos tenemos que remontar muy atrás en el tiempo, a la antigua Mesopotamia. Por aquel entonces, las mujeres ya trituraban ciertas piedras semi-preciosas que luego mezclaban con otros ingredientes como el plomo. De esta manera obtenían una mezcla que aplicaban en ojos y labios para embellecer sus rasgos. Esto también ocurría en la India, donde debido a elementos como la arcilla roja, la henna, el oxido de hierro o el yodo, los labios quedaban teñidos de un color rojizo. No obstante, fue en Egipto donde nuestro protagonista de hoy tuvo su mayor evolución.
 
La obligación de los egipcios a llevar sus caras maquilladas hizo que estos tuviesen que trabajar con nuevos materiales. Aun así los productos que encontraron no fueron los más acertados pues tenían componentes peligrosos para la salud e incluso podían llegar a causar la muerte. Algo que no motivó a la población a dejar de usar estas mezclas. Su obsesión por estos cosméticos era tal que enterraban a sus seres queridos con tarros de pintura para que estuviesen bellos en el Más Allá.


Egipcio pintándose los labios  

De un extremo al otro, encontramos una Grecia que rechaza el maquillaje. Los labios rojos en la antigua civilización eran símbolo de prostitución; las mujeres "decentes" no llevaban ni una gota de este mejunje. Para ellas, la moda era llevar la cara lavada. Tan estricta fue esta diferenciación que se formuló una ley en Grecia que obligaba que las cortesanas siempre fuesen maquilladas para que los hombres no las confundiesen con las damas.

Por otra parte, aunque Roma siempre ha puesto sus ojos sobre las costumbres de Grecia, los romanos aceptaron mejor el maquillaje de buen grado. Los hombres se pintaban los labios según su estatus social y las mujeres tenían un séquito para asegurarse de que su rostro estaba perfecto.


Romana con su séquito 

Pasando a la Edad de Oro del Islam, el especialista en cosméticos Abu al-Qasimal al- Zahrawi  creó las primeras barras de labios sólidas perfumadas.

No hubo un tiempo más duro para los cosméticos que la época medieval donde el pintalabios fue vetado por la Iglesia. La organización eclesiástica decía que este producto era la encarnación de Satán pues escondía y desafiaba la belleza natural que Dios les había dado a las mujeres. Solo se le permitió el uso a las prostitutas y en el caso de que las muchachas decentes lo usaran debían aplicar colores lilas y rosados relacionados con la pureza o la virginidad.


Isabel I de Inglaterra
En Inglaterra el maquillaje solo lo usaban mujeres de clase alta y actores. Fue concretamente la reina Isabel I quien implantó el ideal de belleza en la época, usando el labial carmín en contraste con su cara pálida. Hasta  el día de su muerte y en contradicción con lo establecido lució unos labios rojos bastante llamativos para una muerta.
 
Años más tarde la moda cambió y el parlamento inglés condenó como brujas a las mujeres que se maquillaban e incluso se llegó a pedir la nulidad matrimonial para las mujeres que fuesen maquilladas un día antes del enlace. Llevar pintalabios en esta época estaba mal visto y se consideraba algo descarado y ordinario. Para poder tener un color saludable en los labios , las muchachas de alta alcurnia mordían papel crepé . Además hacían diferentes juegos vocales como pronunciar palabras que contienen la letra ``p´´. Esto hacía que al juntarse los labios, se sonrojasen.
 
En la década de 1850 se encareció el pintalabios, su aplicación se hacía con un pincel. Sin embargo su elevado coste derivaba su uso exclusivo a actores y actrices, aunque no era común ver a los mismos usando labial en público.

A finales del siglo XIX, la compañía de cosméticos Guerlain produjo el primer pintalabios comercial. Este consistía en una barra que se cubría con un papel sedoso y se fabricaba con sebo de ciervo, aceite de ricino y cera de abeja. Hasta ese entonces, este producto era hecho en casa.

Todos estos cambios y evoluciones hicieron posible que una nueva mujer con metas de igualdad se decidiese por el carmín en las concentraciones feministas. No era solo un simple cosmético sino una señal de rebeldía que servía para reivindicar de forma visual los derechos de la mujer y escandalizar a los hombres que no contemplaban la posibilidad de que estas ideas  de equidad se llevasen a cabo.
 
El uso habitual de pintalabios en modelos que posaban para una sesión fotográfica causó sensación entre las mujeres. Lo que fue castigado durante años, en 1920 se puso de moda. Todas querían llevar los labios como sus artistas favoritas. Estar tan guapa como la actriz Clara Bow era la meta de muchas jovencitas que emulaban el arco de Cupido con su carmín  preferido. Por esta época nació la marca Max Factor.

Tras la gran depresión de los años 30  vino la Segunda Guerra Mundial, donde el maquillaje siguió su auge gracias a la industria del cine. Para las mujeres, ir maquilladas era una forma de alegrar la moral a los soldados. Incluso se les llegó a ofrecer a las esposas de los marines pintalabios oficiales junto a consejos para aplicarse el maquillaje y lecciones de elegancia y etiqueta.



En 1940 el significado de usar estos productos volvió a dar un giro. Lo que hacía diez años se vinculaba con la elegancia, se transformo en el blanco a los que dirigir miradas banales y palabras de desdén. Las mujeres se sentían nuevamente cohibidas y perdieron la ilusión por maquillarse. 

Como un nuevo complemento de la barrita, el lápiz de labios se convirtió en un aliado indispensable en neceser de la mujer. Fue en la década de los 50 cuando inspirándose en modelos como Audrey Hepburn o Marilyn Monroe las chicas recreaban en sus labios un sinfín de combinaciones.
 
La popularidad de los tonos rosáceos hizo que muchas compañías incorporasen en sus barras colores en tonalidades pastel. Lavandas, rosas, blancos nacarados y melocotones se hacían hueco en las sonrisas de las más jóvenes a las que sus padres no miraban con buenos ojos si teñían sus labios con tonos rojos.

Maquillaje ochentero
Esta tendencia de usar tonos pasteles duraría hasta la década de los 70 donde la gama de color se oscureció hasta llegar a los negros y violetas. Esta moda se usaría en los grupos de rock y las tribus punkis. Por el contrario las feministas se empeñaron en no usar labiales porque pensaban que era un utensilio creado por el hombre.

En los 80 todo cambió y los tonos naranja brillante, fucsia, cobres, coral, dorado acapararon todo el mercado. Simultáneamente los brillos de labios con sabores hicieron el agosto.



En la actualidad las marcas más conocidas son Revlon, Clinique, Max Factor, Cover Girl, Estee Lauder y Mac. Dejando atrás componentes como la grasa animal o la sangre de insectos como bien usaba Cleopatra en su día los ingredientes actuales distan mucho de los que se usaban hace siglos. Podemos encontrar de manera frecuente en nuestras barras labiales: cera (para la textura y solidez), carmín (presente en los tojos rojizos), propylparabeno y methylparabeno (conservantes), oxido de hierro (para dar brillo) y fragancias. Para hacer las barras, los ingredientes se mezclan, se calientan hasta licuarlos completamente y se vierten en moldes de metal para dejarlos enfriar. Cuando han solidificado, se desmoldan y encajan en los abridores en los que se van a comercializar. Todo este proceso está, por norma general, fuertemente mecanizado.

Fabricación de labiales

Distintas épocas, distintos cánones de belleza, infinidad de colores y gamas, con brillos, con efecto volumen, hidratantes, antimanchas, de lavado rápido. Los pintalabios son una herramienta única en maquillaje desde antes de la aparición de la imprenta, desde que el ser humano se volvió presumido. Todos los rojos, marrones, violetas y tonos fantasía con su gran variedad de efectos para todos los gustos es la tónica general en el mundo de la cosmética, pues la propia variedad de gustos nos define, y es que , pese la gran oferta de colores y texturas extraídos de los productos químicos de la tierra y de las plantas, siempre habrá quien prefiera siempre besar unos labios desnudos.
 

FUENTES Y REFERENCIAS:

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