Existen multitud de enfermedades de diversa índole capaces de atacar al cuerpo humano, una máquina sofisticada pero frágil que no solo se deteriora con el paso del tiempo, sino que encuentra obstáculos externos que la debilitan; este ataque continuo, sin embargo, tiene la posibilidad de ser contrarrestado con la medicina, un campo en el que el ser humano avanza cada día más y con mejores resultados. Y así, en su afán de pelear contra el inevitable enemigo que la enfermedad representa, el hombre creó en la antigüedad la palabra latina nosocomīum, que a su vez proviene del griego, para denominar a los hospitales o lugares donde tratar a los enfermos, puesto que desde tiempos remotos se generó la necesidad de restaurar la salud perdida.
Ese concepto ha sobrevivido hasta nuestro tiempo no solo en forma de hospitales, sino también de centros o clínicas donde poder recuperar la salud o prevenir la enfermedad. No obstante, desde aquí planteamos una pregunta: ¿existen enfermedades que podamos contraer en estos lugares precisamente creados para combatir la enfermedad? La respuesta, aunque pueda parecer contradictorio, es que sí: son llamadas las enfermedades nosocomiales.
Ese concepto ha sobrevivido hasta nuestro tiempo no solo en forma de hospitales, sino también de centros o clínicas donde poder recuperar la salud o prevenir la enfermedad. No obstante, desde aquí planteamos una pregunta: ¿existen enfermedades que podamos contraer en estos lugares precisamente creados para combatir la enfermedad? La respuesta, aunque pueda parecer contradictorio, es que sí: son llamadas las enfermedades nosocomiales.
Tal y como su nombre indica, son las que son contraídas en el seno de un hospital, centro de salud o similar, que puede afectar tanto a los pacientes como a los trabajadores de la salud y que no estaban presentes a la hora del ingreso de la persona enferma, pudiendo dar síntomas en el momento de su estancia o después. Como es evidente, en estos ambientes el paciente está expuesto a cantidad de estímulos patógenos que pueden llegar a desarrollar una infección y/o enfermedad, aunque esto dependerá de ciertos factores como por ejemplo la virulencia del patógeno, tipo de tratamiento o intervención a la que es sometida la persona, el estado de su sistema inmunológico, las enfermedades añadidas a la que ya sufre e incluso la edad.
Ahora que sabemos qué es la enfermedad nosocomial a grandes rasgos, ¿cuáles son las más comunes? ¿Cómo podemos evitarlas, tanto nosotros como el personal sanitario que nos atiende cuando estamos enfermos?
Como apunte, las enfermedades nosocomiales más frecuentes son la infección urinaria, la neumonía (infección respiratoria), la bateriemia (presencia de bacterias en el torrente sanguíneo) y la infección de herida quirúrgica.
La recuperación se complica todavía más si los microorganismos responsables de la infección son resistentes a los antibióticos más usados contra ellos, llegando a convertirse en una enfermedad de igual o mayor gravedad que la que tuviera inicialmente. Pero, ¿cómo podrían evitarse? Además de las típicas formas como la correcta esterilización del material, las correctas condiciones del centro, buena higiene o la asepsia de ciertos procedimientos invasivos, desde aquí queremos hacer hincapié en la manera más sencilla y más efectiva que no solamente sirve para los profesionales de la salud, sino para todos y que podría hacer cualquiera: el lavado de manos.
Con el gesto de lavarnos las manos con agua y jabón un simple minuto se pueden salvar vidas humanas o, como mínimo, ahorrar la dispersión de los patógenos que tanto incordian. Porque, aunque no los veamos, los microbios son ubicuos. De no seguir unos correctos protocolos de higiene, algunos de ellos pueden llegar a causar enfermedades realmente graves aun intentando curar otra. No se trata de desinfectar el mundo ni nuestro cuerpo, sino de aprender a protegernos lavándonos simplemente las manos.
Ahora que sabemos qué es la enfermedad nosocomial a grandes rasgos, ¿cuáles son las más comunes? ¿Cómo podemos evitarlas, tanto nosotros como el personal sanitario que nos atiende cuando estamos enfermos?
Como apunte, las enfermedades nosocomiales más frecuentes son la infección urinaria, la neumonía (infección respiratoria), la bateriemia (presencia de bacterias en el torrente sanguíneo) y la infección de herida quirúrgica.
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| E. coli al microscopio electrónico (falso color) |
La infección urinaria normalmente suele suceder por la colonización de Escherichia coli, una bacteria que se encuentra en nuestro propio organismo (concretamente, en las tripas) y que puede entrar en contacto con el tracto urinario produciendo dicha dolencia, sobre todo en pacientes que se encuentran sometidos a un sondaje urinario, un catéter que expulsa la orina directamente al exterior sin que el paciente tenga que orinar. Este tipo de infecciones suele afectar fuera del hospital más frecuentemente a mujeres que a hombres, debido a que la uretra de los varones es más larga y está protegida por todos los tejidos del pene. En las mujeres, y en particular en las niñas y ancianas con pañales, la uretra puede entrar en contacto con restos de materia fecal y ser contaminada por una cepa de E. coli que consiga extenderse hasta producirle una infección en la orina.
La neumonía a nivel intrahospitalario, por su parte, suele ser producida por el efecto de los respiradores (máquinas que respiran por la persona) o por el contagio directo a través de las manos u objetos como pomos de las puertas. Por otro lado, la infección de una herida quirúrgica puede suceder, por ejemplo, por Staphylococcus aureus, un estafilococo muy abundante en nuestra piel y cavidades nasales y que es el principal causante de estas enfermedades. Al ser tan ubicuo, no es raro que lo podamos encontrar, sin ir más lejos, en un quirófano mal lavado; asimismo, estos microorganismos se pueden difundir a través de catéteres de cualquier tipo y llegar a aparecer en la sangre (lo que se conoce como estado de bacteriemia), siendo un procedimiento invasivo muy común en cualquier hospital.
Todas estas enfermedades suponen un reto añadido a cualquier paciente y que dificultan su recuperación. Es importante tener claro que estos microorganismos viven con nosotros de forma habitual; de hecho, hay cepas (algo así como razas) de E. coli que no son patógenas, y S. aureus (entre otras muchas especies destacables, como Streptococcus pneumoniae) solamente suele producir enfermedades cuando la persona en la que habita está débil (razón por la que podemos pescar una neumonía cuando nos pilla el frío, por ejemplo).
La neumonía a nivel intrahospitalario, por su parte, suele ser producida por el efecto de los respiradores (máquinas que respiran por la persona) o por el contagio directo a través de las manos u objetos como pomos de las puertas. Por otro lado, la infección de una herida quirúrgica puede suceder, por ejemplo, por Staphylococcus aureus, un estafilococo muy abundante en nuestra piel y cavidades nasales y que es el principal causante de estas enfermedades. Al ser tan ubicuo, no es raro que lo podamos encontrar, sin ir más lejos, en un quirófano mal lavado; asimismo, estos microorganismos se pueden difundir a través de catéteres de cualquier tipo y llegar a aparecer en la sangre (lo que se conoce como estado de bacteriemia), siendo un procedimiento invasivo muy común en cualquier hospital.
Todas estas enfermedades suponen un reto añadido a cualquier paciente y que dificultan su recuperación. Es importante tener claro que estos microorganismos viven con nosotros de forma habitual; de hecho, hay cepas (algo así como razas) de E. coli que no son patógenas, y S. aureus (entre otras muchas especies destacables, como Streptococcus pneumoniae) solamente suele producir enfermedades cuando la persona en la que habita está débil (razón por la que podemos pescar una neumonía cuando nos pilla el frío, por ejemplo).
La recuperación se complica todavía más si los microorganismos responsables de la infección son resistentes a los antibióticos más usados contra ellos, llegando a convertirse en una enfermedad de igual o mayor gravedad que la que tuviera inicialmente. Pero, ¿cómo podrían evitarse? Además de las típicas formas como la correcta esterilización del material, las correctas condiciones del centro, buena higiene o la asepsia de ciertos procedimientos invasivos, desde aquí queremos hacer hincapié en la manera más sencilla y más efectiva que no solamente sirve para los profesionales de la salud, sino para todos y que podría hacer cualquiera: el lavado de manos.
El lavado de manos, aunque parezca una estupidez, reduce las posibilidades de un contagio a niveles impresionantes, pues evita que una persona se convierta en un vector de transmisión de una enfermedad o infección nosocomial. Es un pequeño gesto que evita que estos pequeños organismos; es una manera universal y fácil de no ir de un lado a otro sirviendo como vehículo para ponerles las cosas más sencillas a los patógenos.
No es nada nuevo, aunque lo parezca: como curiosidad, cabe decir que Semmelweis, un médico húngaro del siglo XIX, pionero en la descripción de la enfermedad nosocomial, se dio cuenta de que las mujeres que acababan de dar a luz morían de fiebre e infección radicalmente menos si los profesionales que las atendían en el parto se lavaban antes las manos. En esta época, no era raro que los estudiantes de medicina o los propios médicos pasaran de la sala de autopsias a maternidad sin la menor medida de higiene de por medio.
No es nada nuevo, aunque lo parezca: como curiosidad, cabe decir que Semmelweis, un médico húngaro del siglo XIX, pionero en la descripción de la enfermedad nosocomial, se dio cuenta de que las mujeres que acababan de dar a luz morían de fiebre e infección radicalmente menos si los profesionales que las atendían en el parto se lavaban antes las manos. En esta época, no era raro que los estudiantes de medicina o los propios médicos pasaran de la sala de autopsias a maternidad sin la menor medida de higiene de por medio.
Con el gesto de lavarnos las manos con agua y jabón un simple minuto se pueden salvar vidas humanas o, como mínimo, ahorrar la dispersión de los patógenos que tanto incordian. Porque, aunque no los veamos, los microbios son ubicuos. De no seguir unos correctos protocolos de higiene, algunos de ellos pueden llegar a causar enfermedades realmente graves aun intentando curar otra. No se trata de desinfectar el mundo ni nuestro cuerpo, sino de aprender a protegernos lavándonos simplemente las manos.
FUENTES Y REFERENCIAS
- VV.AA. (2002) Prevention of hospital-acquired infections. A practical Guide. 2nd edition. World Health Organization. Disponible en http://www.who.int/csr/resources/publications/whocdscsreph200212.pdf
- Colaboradores de Wikipedia. Infección nosocomial [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2015 [fecha de consulta: 4 de septiembre del 2015]. Disponible en https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Infecci%C3%B3n_nosocomial&oldid=84724605.
- PUJOL, M.; LIMÓN, E. (2013) Epidemiología general de las infecciones nosocomiales. Sistemas de prevención y vigilancia. Enfermedades infecciosas y microbiología clínica. Vol. 31. Num. 02. Febrero 2013. http://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-epidemiologia-general-las-infecciones-nosocomiales--90187785


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