Ya sea en frío, en infusión, para refrescarse, como método natural de apaciguar los nervios, para beber durante el desayuno o después de una comida, el té está adquiriendo mucha importancia en los últimos años en nuestro país, sobre todo desde que se tiene una mentalidad mucho más sana que antes. Y aunque los ingleses la hayan hecho suya a través de los siglos, lo cierto es, que su origen está a miles de kilómetros de distancia de la isla. Como todo en la Historia, depende de la cultura o de la región en la que preguntes, te dirán una cosa u otra. Y respecto al origen del té no iba a ser menos. Lo que sí está claro es que lo podemos situar hace miles y miles de años en Asia.
Una de las versiones sitúa su nacimiento en la Antigua China. La historia se remonta al año 2737 a. C., cuando el emperador Shen Nung, considerado como un erudito, estaba tranquilamente tomando su agua hirviendo debajo de un árbol de té silvestre. La leyenda dice que una brisa que se levantó hizo caer unas hojas dentro del recipiente, originando así una nueva y beneficiosa bebida que pareció gustarle. Otra de las versiones parte del budismo y tiene a Buda como protagonista. Al parecer, durante su tiempo de meditación se encontraba debajo de un árbol Bodhi, y mientras pensaba en los males que asolan al hombre a lo largo de su vida, dejó caer una lágrima, y en ese mismo lugar nació el arbusto del té. Los hindúes, por su parte, reconocen el descubrimiento de esta bebida al príncipe Bodhi-Dharma, que tenía como propósito transmitir el budismo por todas partes. Durante su quinto año, sin embargo, cuentan que enfermó y los sabios le recomendaron tomar a modo de infusión unas hojas de un árbol que poseía unas cualidades especiales. Con él, cuentan que el príncipe se curó y pudo seguir con su deseo de expandir la doctrina budista.
Fuera como fuere, la época más importante del té en China se produce con la llegada de la dinastía Tang, entre el 618 y el 907 d.C., cuando logra su mayor difusión y deja de ser considerado como un fin medicinal, pasando a ser un método reconstituyente y consumirse simplemente por placer. Esto fue posible gracias al monje budista Lu Yu, quien recogió las experiencias y conocimientos descubiertos por antepasados sobre este tema.
La relación del té con Europa, se inició en 1497, con los portugueses que llegaron a la India, país donde su uso se había extendido mucho. Pero el primer cargamento no tocó suelo europeo, el holandés para más señas, hasta 1610, gracias a la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. A Francia no se llevó hasta el 1635 y en Londres se puso de moda alrededor de 1657, con el té negro proveniente de Holanda. Pero no fue hasta 1720-1730 cuando empezó a tomar importancia entre los europeos, sobre todo entre los ingleses y los holandeses, pues en la Europa oriental su consumo era mínimo. Esto produce que haya un tráfico mucho más directo entre nuestro continente y China, el principal proveedor. Al final, se consiguió que el té llegara a todo el mundo, no solo para consumirlo, sino también para cultivarlo. Es una bebida que no distinguía clases sociales ni poder adquisitivo, por lo que se volvió muy popular en Inglaterra, y así ha sido hasta nuestros días, llegando a convertirse en una característica ya propia del pueblo anglosajón.
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| "Camellia sinensis flower" by DXLINH Licensed under Domini públic via Wikimedia Commons |
La planta del té (Camellia sinensis), es un árbol de pequeño tamaño y muy adaptable al entorno. Se puede encontrar en una amplia gama de climas, y dependiendo de las circunstancias geográficas de cada zona generará una producción con unas características distintas en cuanto a calidad, aroma, sabor... dando lugar a una gran variedad de tés, aunque unos lugares influirán más positivamente en la calidad del producto. Por ejemplo, donde hay un clima caluroso y húmedo, así como unas lluvias regulares a lo largo de todo el año, el té será de mejor calidad frente al de aquellos sitios más secos. La temperatura más adecuada para estas plantas suele estar en unos 18 o 19 °C, con poco margen de cambio.
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| "Camellia sinensis (2)" by Pinus - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - |
Otro factor relevante para sacarle el mayor partido a una cosecha de té es la altitud. La ideal es a unos 1,2 o 1,5 metros. En las plantaciones situadas a mucha altitud (se corresponde con las regiones más frías), esta planta crece más lentamente, y por consiguiente produce un té sutil y aromático. Asimismo, es recomendable el efectuarle unos determinados cortes para que de este modo sea más cómoda la cosecha manual, al igual que beneficia el crecimiento de la yema.
El suelo donde se plante debe contar con una serie de características óptimas: Ha de ser permeable, ya que (al contrario de lo que ocurre con, por ejemplo, las plantaciones de arroz) no tolera el agua estancada. Por este motivo, este tipo de árboles se hacen crecer en zonas con terreno en pendientes y dragadas de forma natural. El terreno también debe ser joven, aireado y profundo, porque las raíces pueden descender hasta los 6 metros. También es importante tener en cuenta la luz; de ella depende la producción de los aceites que dotan al té de un aroma determinado. La mejor es iluminación es la difusa, por lo que los árboles se encuentran situados junto a otros más altos colocados de manera regular, ayudando así a que los rayos del sol no incidan tan directamente sobre ellos. Las nuevas plantas son criadas durante un año en viveros a partir de esquejes de otras más antiguas. Tras este tiempo pasan a ser replantadas en el entorno natural junto a las demás, y siempre con una distancia entre ellas entre 1 y 1,5 metros, para conservar el suelo y la creación del té.
La cosecha del té se puede llevar a cabo durante todo el año debido a que sus hojas son perennes, aunque esto no se puede aplicar a las plantaciones de altitud; en este caso, solo se pueden realizar entre los meses de febrero y noviembre. Cuando este tipo de plantación alcanza su quinto año, se puede decir que comienza la cosecha, que consiste en ir cortando de forma repetida las ramas más jóvenes. Al ser un producto frágil, hay que cuidarlo mucho, sobre todo a la hora de recogerlo, de ahí que se haga por ciclos que se irán repitiendo cada dos semanas, aproximadamente, entre los meses de marzo y julio. De este modo, el árbol puede ir regenerándose. Esto puede variar, por lo que hay que tener en cuenta el clima, el crecimiento y la cantidad de té que se irá a necesitar.
Un dato que curioso sobre la recogida de estas hojas es que se realiza de arriba hacia abajo, pues las que están en la parte más alta del árbol son las que contienen más teína y más taninos, aunque hay diferentes métodos para la cosecha.
Actualmente, unos cincuenta y tres países cultivan el té, entre los que destacan India, China, Sri Lanka, Kenya, Indonesia, Turquía, Vietnam, Japón, Argentina y Taiwán. Aunque en los años se han añadido a esta lista otros países, como Nepal. Hasta finales del siglo XIX, prácticamente, China era el único país que se encargaba de la producción de té. Pero tras las diversas colonizaciones que se produjeron a lo largo de esa época, países como Inglaterra se las arreglaron para poder plantar el árbol del que nacían estás hojas, apareciendo la India como otra competidora. A partir de este momento el mercado del té sufrió un “boom”.
El hecho de que haya aparecido un gran número de países productores de té, como hemos indicado más arriba, lo cierto es que ninguno es menos que otro en calidad o importancia, ya que cada región, al poseer unas determinadas características referentes a clima, suelo o altitud, dan un té diferente y particular que lo hace diferenciarse de los demás.
Hoy en día existen numerosos tipos de tés, que convertidos en infusiones, tratan de solventar una necesidad determinada, ya sea la falta de sueño, la ansiedad, la digestión, la eliminación de líquidos o de grasas… Nos encontramos con té blanco, verde, rojo, negro, amarillo, oolong… Por no hablar de las variaciones que hacen las marcas comerciales como mezclar las propias hojas de té con frutas u otras especias o hierbas. Así como la forma de tomarlo, ya sea la original en forma de infusión, como de forma helada (nacida en la feria de St. Louis en 1904) o con leche.
Los tés más consumidos son el té verde y el té negro y sus variedades. Es importante dejar claro que todos los tipos de té se sacan de esta planta; lo que los diferencia unos de otros es su tratamiento (además de, como hemos dicho, de las condiciones en que crezca la planta), que es completamente distinto.
El té verde es el más sencillo de elaborar: las hojas simplemente se dejan secar tras la cosecha, se lían y se cuecen con un chorro de vapor o se tuestan para evitar la actividad de las enzimas de la planta, evitando la denominada “fermentación” que sí sufren las hojas del té negro, el más consumido por los ingleses, y las del que los occidentales denominamos té rojo (aunque, para los chinos, éste sigue siendo un tipo de té negro, el té puerh). Una variedad del té verde, el té blanco, utiliza de forma rigurosa los brotes y hojas más jóvenes, con vello blanquecino. En el caso del té negro, las hojas se dejan marchitar y se enrollan en una máquina que las retuerce. Como resultado de este estrujado, algunos compuestos químicos de las hojas (los taninos, que son los responsables principales del amargor y la astringencia del té) quedan expuestos al aire y se oxidan. A este proceso de oxidación es al que se conoce erróneamente como fermentación: las fermentaciones de verdad las producen algunos microorganismos en ausencia de aire, como las levaduras a la hora de producir pan, vino o cerveza; lo que le sucede a las hojas de té es un proceso puramente químico.
Aunque todavía no se ha llegado a un acuerdo unánime, son muchas las ventajas que se dice que tienen los diferentes tés para nuestra salud: alto poder antioxidante, ayuda en la reducción de grasas y colesterol en sangre, mejora de las digestiones…
Aunque todavía no se ha llegado a un acuerdo unánime, son muchas las ventajas que se dice que tienen los diferentes tés para nuestra salud: alto poder antioxidante, ayuda en la reducción de grasas y colesterol en sangre, mejora de las digestiones…
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| "Tea in different grade of fermentation (Green, yellow, oolong, black)" by Haneburger - Own work. Licensed under Public Domain via Commons - |
Algo que también parece de nuestros días es la manera de administrarlo, las famosas bolsitas. Pero este invento ya tiene sus años, ya que fue idea de Thomas Sullivan hacia principios del siglo XX. En ellas se encontraba la cantidad necesaria para una taza, pero los clientes pensaron que era mejor utilizar la misma bolsa para la preparación, como hacemos nosotros. Y tras varias modificaciones, fue en 1964 cuando se crea la bolsita que conocemos en la actualidad.
A pesar de los siglos que han pasado ya desde su primera degustación, sus vueltas al mundo, sus diversos orígenes y sus modificaciones han conseguido que el té se haya convertido en la tercera bebida más popular, solo superado por el agua y el café. Y parece que todavía le queda mucha vida por delante.
- Hilal and, Y.; Engelhardt, U. (2007), "Characterisation of white tea – Comparison to green and black tea" (PDF), J. Verbr. Lebensm. (2): 414–421
- Historia del té: http://www.casaasia.es/salud/te/esp/index.html
- Té: https://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%A9
- Historia del té: http://www.delbuencomer.com.ar/index_archivos/historiadelte.htm
- Un origen legendario: http://www.casadelte.com/lahistoria.htm
- La Plantación de té http://te.innatia.com/c-produccion-te/a-plantacion-te.html
- Países productores del té http://te.innatia.com/c-produccion-te/a-paises-productores-te.html
- Cómo cultivar el té http://te.innatia.com/c-produccion-te/a-como-cultivar-el-te.html
- How tea Works: http://science.howstuffworks.com/innovation/edible-innovations/tea2.htm



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