martes, 24 de septiembre de 2013

Remedios para el hipo: entre el folclore y la ciencia

Seguro que nada más leer el título has pensado en algún truco infalible que utilizas cuando tienes hipo... y que funciona de maravilla.

Existe una infinidad de remedios caseros para el hipo, más o menos pintorescos. Si buscamos un poco en la red, podremos encontrar desde métodos recomendados por médicos e investigadores hasta otros que resultan auténticamente estrambóticos... pero que funcionan (!).
Vamos a dar un breve repaso a algunos de ellos para comprobar si tienen base científica, aunque antes es preciso aclarar en qué consiste el hipo.

¿Qué es el hipo?

El hipo consiste en contracciones bruscas e intermitentes del diafragma, el músculo que separa el tórax del abdomen y que es el principal responsable de la respiración (cuando se contrae crea una especie de "vacío" en la caja torácica  que hace que entre aire en los pulmones para compensarlo; al relajarse, empuja a los pulmones y provoca la salida del aire).
Fuente: webmd.com

La contracción del diafragma y los músculos de la glotis es provocada por el nervio frénico, que es el encargado de conducir los estímulos nerviosos desde el centro respiratorio del bulbo raquídeo hasta el diafragma, siendo responsable, por tanto, de la respiración.

Una contracción fuerte y repentina de este músculo origina la entrada de aire a gran velocidad, al tiempo que se cierra la glotis, haciendo que las cuerdas vocales se cierren también, originando un sonido agudo característico.

El hipo se desencadena cuando el nervio frénico está sobreexcitado. Esta excitación anómala puede ser debida a muy diferentes causas:
  • Cuando el estómago está muy lleno o sufre muchas contracciones, es decir, al comer demasiado o hacerlo muy rápido
  • Al ingerir mucho aire al tragar (o tomando bebidas gaseosas) o si el intestino está pleno de gases.
En estos casos, la presión sobre el diafragma excita al nervio frénico (algo frecuente en los bebés, que suelen tener hipo habitualmente).
  • Las situaciones de stress o nerviosismo
  • Por irritación de las vías respiratorias
  • Cualquier alteración que afecte directa o indirectamente a dicho nervio (neumonía, pleuresía, tumores o accidentes vasculares cerebrales, etc.).
  • Las comidas picantes o fuertes, el alcohol, el tabaco, etc., también pueden desencadenar hipo
Sin embargo, no está aún muy claro cuál es el mecanismo exacto por el cual se produce hipo, pues todas las causas enumeradas pueden provocarlo, pero no lo hacen siempre.

Del folclore a la ciencia

Fuente: dogonews.com
Algunos de los métodos caseros que se asegura quitan el hipo, en realidad no lo hacen, ya que ocurre que en la mayoría de los casos el hipo suele durar muy pocos minutos. Por tanto, hagamos lo que hagamos, se pasará (y pensaremos que el remedio funciona, cuando en ocasiones no tiene ninguna base científica).
Sin embargo, muchos de los remedios más habituales, realmente tienen una base científica, que ha sido descubierta a posteriori, y es verdad que funcionan, al menos cuando no se trata de un hipo persistente (es decir, que se prolonga más de dos días seguidos), en cuyo caso suele estar causado por algún problema fisiológico y es necesario visitar al médico para detectar el trastorno que lo origina (hay diversas enfermedades que incluyen el hipo entre sus síntomas, algunas muy graves). 

Para entender la justificación científica de los remedios del hipo, debemos tener en cuenta dos factores esenciales:
  1. Como hemos dicho, los ataques de hipo vienen provocados por una hiperexcitación del nervio frénico (más exactamente, los nervios frénicos, ya que son dos ramas que surgen de la médula, procedentes del cerebro). Por tanto, todo aquello que contribuya a relajar estos nervios acabará calmando el hipo.
  2. El nervio vago, como ya se ha explicado en un artículo de este blog (la importancia de lo irrisorio: el nervio vago), es una vía nerviosa fundamental en nuestro organismo, pues desarrolla numerosas funciones. Entre ellas, se encarga de enviar mensajes al cerebro informando sobre el funcionamiento de los distintos órganos, de manera que cuando una determinada rama del mismo se excita más de lo normal, se interpreta que en la zona a la que llega dicha rama hay algún problema y el cerebro reorganiza sus funciones para “prestar más atención” a la misma e intentar solucionar el posible contratiempo.
Es decir, que si se provoca una estimulación del nervio vago en cualquier parte del cuerpo, el cerebro se centrará en este mensaje y reducirá los impulsos que está enviando a otras zonas. Por tanto, esto hará que la excitabilidad del nervio frénico se reduzca y desaparecerá el hipo.

Resumiendo: todo aquello que contribuya a relajar directamente el nervio frénico o que estimule al nervio vago detendrá un ataque de hipo.

Si aplicamos esta explicación a los remedios contra el hipo, vemos que muchos de ellos, aún pareciendo estrafalarios o ridículos, tienen una base científica real:

1) Relajación del nervio frénico:
  • Un masaje suave en la zona del diafragma, presionando sobre el epigastrio (zona central superior del abdomen, justo donde termina el esternón). Este método justifica algunos trucos contra el hipo, como presionar con un dedo la boca del estómago, hacer estiramientos abdominales  o tumbarse y levantar las rodillas y presionar con ellas el abdomen.
  • Respirar en una bolsa, aguantar la respiración, respirar muy rápido con inhalaciones cortas, etc. son todas maniobras que acaban haciendo que no se expulse todo el CO2 que se va acumulando en la sangre, de modo que el aumento de este gas hace que la sangre se vuelva más ácida (acidosis respiratoria) y esto provoca una relajación muscular y una disminución de la intensidad de los impulsos nerviosos.
  • Beber muchos tragos cortos de agua o beber un vaso completo de un trago pueden tener el mismo efecto, ya que se altera la respiración haciendo que se acumule CO2 en la sangre.
  • Tomar una cucharadita de azúcar, beber agua fría, tomar hielo picado o helado pueden actuar como relajantes musculares), por lo que podrían detener un hipo poco intenso.
  • Frotarse las cuencas oculares suavemente tiene un efecto relajante sobre las ramas del nervio trigémino que llegan hasta ellas y que puede transmitirse al frénico (aunque esto es difícil que tenga un efecto real).
2) Estimulación del nervio vago:
  • El tradicional susto provoca un estado de alerta que da lugar a una excitación nerviosa y muscular que se traslada a las zonas de cerebro y a los músculos responsables de la defensa o la huída. Así, el cerebro “se olvida” del nervio frénico y reduce su excitación.
  • Tirar de la lengua, hacer cosquillas en la garganta o emplear cualquier estímulo para provocar el estornudo son otras formas de estimular en nervio vago y dirigir la actividad cerebral automática hacia otras zonas.
  • Muchos médicos afirman (e incluso está publicado en revistas científicas) que el hipo persistente e intratable se puede curar mediante un masaje rectal (!): se trata de introducir un dedo en el ano y frotar suavemente el recto. Así se estimula el nervio vago, ya que sus ramas terminales llegan al recto y quedan muy próximas a la mucosa interior del mismo.
  • Por último, también hay muchos médicos que afirman que un orgasmo suele curar el hipo... En este caso parece evidente que la actividad nerviosa es especialmente intensa en ciertas zonas del cuerpo y esto reduce la de otras, por lo que el nervio frénico quedará olvidado en esos momentos.

En todo caso, hay que recordar que si el hipo es un síntoma de algún trastorno (gastritis o úlceras, hernia de hiato, insuficiencia renal, ciertos tumores, problemas hepáticos, etc.) muy difícilmente tendrá éxito ninguno de estos remedios y será el tratamiento médico adecuado el que, al curar la enfermedad, acabe con el hipo.

Seguro que el lector conoce más de un remedio casero eficaz contra el hipo que no se ha comentado. Para comprobar si realmente tiene algún fundamento cualquiera de los trucos que conozcamos, no hay más que analizarlo un poco y determinar si realmente actúa en alguna de las dos formas que se han explicado.

Fuente: John Crowther

Si quieres leer más artículos como éste, continúa en Toda una amalgama.

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