miércoles, 11 de septiembre de 2013

El 11-S y la estrategia de seguridad colectiva de los Estados Unidos durante la administración Bush (1º Parte)

Echemos un vistazo hacia atrás, hace 12 años concretamente, cuando el 11 de septiembre de 2001 el mundo presenciaba atónito la caída de las dos torres más conocidas de la populosa ciudad de Nueva York. Lo que inicialmente parecía ser un accidente de avión acabó por traer consigo un cambio profundo dentro del escenario político internacional. Dos años después, el 9 de abril de 2003 el ejército norteamericano tomaría la ciudad de Bagdad, los combates concluirían apenas un mes más tarde. El nuevo milenio comenzaba su andadura con un hecho clave en la historia más reciente de la humanidad: La Guerra de Irak. Mediática, controvertida, precedida por acalorados debates en el Congreso norteamericano y en la ONU, es evidente que ha suscitado (y sigue haciéndolo) reacciones muy diversas y enfrentadas. Pero la Guerra no fue casual, nada lo es en relaciones internacionales. La sociedad norteamericana, conmocionada por el atentado terrorista más sanguinario de la historia, el primer ataque en el corazón del país desde su Guerra Civil, necesitaba una respuesta contundente de su Gobierno y la administración Bush lo hizo: La National Security Strategy, el documento que debía regir la actuación del gobierno de los EEUU en materia de seguridad hacia acto de aparición. Lejos de ser un mero ejercicio de retórica objeto de estudio académico, la National Security Strategy (en adelante NSS) presentaba sus credenciales para sentar las bases de una línea de actuación más agresiva del gobierno norteamericano. Estados Unidos desplegaba el músculo y amenazaba a “todos los enemigos de la nación”. Pero, ¿qué papel juega el derecho internacional en esta historia?.


Imagen de: La hora de despertar
Estudiar la adecuación al derecho internacional de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos expuesta por la administración Bush en el complejo contexto de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que darían pie a la intervención militar en Afganistán e Irak, no resulta una tarea nada sencilla. En general, la complejidad de las relaciones internacionales hace difícil cualquier aproximación al análisis de sus distintas aristas desde una perspectiva en exceso reduccionista, que trate de simplificar el objeto de estudio hasta el punto de desvirtuarlo. Éste es un tema complejo y difícil de encorsetar en un artículo. Sin embargo, podemos afirmar con rotundidad que el esquema normativo seguido por la Carta de las Naciones Unidas fue marginado con la intervención de la coalición internacional liderada por Estados Unidos en ambos escenarios, esgrimiéndose, a modo de justo título para la intervención, la doctrina de legítima defensa preventiva elaborada para la ocasión. En este sentido, no debemos olvidar como la guerra no contó con el mandato expreso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que ha generado un amplio debate y la condena de la doctrina internacionalista mayoritaria. Más adelante trataremos de ofrecer algunas de las claves que han conducido a ello. De una forma más inmediata, ¿qué es eso de la estrategia de seguridad?.

En general, las estrategias de seguridad constituyen herramientas que contribuyen a fortalecer la integración entre las agencias, organizaciones y ministerios encargados de la defensa de un país e identificar posibles amenazas. Las estrategias de seguridad pretenden establecer la dotación de medios para proporcionar una respuesta integrada y coordinada en los distintos ámbitos de la seguridad de un país. Esta política exterior, sin embargo, no es siempre uniforme. Es aquí donde hace acto de aparición un concepto tan recurrente como el de la globalización.


Imagen de: Wikipedia
La globalización es un factor decisivo a la hora de la redefinición de la competencia estatal en materia de seguridad. En palabras del profesor Celestino del Arenal “Si tradicionalmente el problema de la seguridad nacional se planteaba en términos nacionales, en la actualidad es más bien de seguridad colectiva. Hoy en día, el problema de la seguridad nacional no se plantea en términos unidireccionales, sino pluridimensionales”. Es en este contexto en el cual la seguridad internacional ha ido adquiriendo un peso cada vez más significativo, y es sobre esta seguridad internacional globalizada sobre la cual centraremos nuestra atención en estas líneas.
Existe un consenso en torno al papel preponderante de los Estados Unidos al frente de la sociedad de estados occidentales desde el estallido de la Guerra Fría, se trata de una hegemonía política y militar indiscutible hasta los albores de este siglo. Sin embargo, los atentados terroristas de 2001 socavaron y dañaron profundamente lo que hasta entonces había sido un progresivo afianzamiento de su liderazgo político. Estos acontecimientos desembocarían en la aparición de una nueva política de seguridad preventiva desarrollada durante el mandato del ex Presidente George W. Bush, quien tuvo en la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, su principal artífice.

Los dramáticos sucesos del 11 de septiembre de 2001 trajeron consigo un redimensionamiento de las políticas tradicionales de defensa y de seguridad, acompañado por un fuerte moralismo como base valorativa de la política exterior de Estados Unidos. La Secretaría de Estado norteamericana asumió la necesidad de redefinir la política internacional tras ello. La política de repliegue durante los dos mandatos de Clinton, renuente a imponer de forma contundente el poder norteamericano en la escena internacional para darle prioridad a las políticas de soft power y al plano económico (tras el desastroso legado del período republicano anterior), sería sustituida por una nueva política exterior mucho más activa (y agresiva). Se ponía así énfasis en la seguridad interna (homeland security) y por primera vez se plantea una estrategia preventiva que trata de adelantarse a cualquier peligro que pueda surgir tanto desde células exteriores al ámbito nacional como aquéllas constituidas dentro de las fronteras de los EEUU. Desde entonces, la doctrina de la defensa preventiva es una constante que se encuentra en estado latente en la órbita de la política interior y exterior de Estados Unidos.


Imagen de: The qore

-LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD DURANTE LA PRESIDENCIA DE GEORGE W. BUSH: EL REALISMO ESTADO-CÉNTRICO Y LA NATIONAL SECURITY STRATEGY
Podemos afirmar que existe una adscripción teórica de la estrategia de seguridad preventiva dentro del realismo político. No es éste el lugar más apropiado para un pormenorizado análisis de esta perspectiva teórica que aborda el estudio de la relación entre el Estado y el poder. Sin embargo, si partimos del prisma estado-céntrico, no nos debe sorprender el unilateralismo que impuso el gobierno de los Estados Unidos con la publicación de la National Security Strategy. Según el profesor Palomares Lerma[1], los planteamientos que vinculan la revolución conservadora y el realismo preventivo como teoría determinante de la Doctrina de Seguridad, tienen su origen en el grupo conocido como los “intelectuales de la defensa” (término enunciado por Chalmers Johnson)[2]. Este grupo que abarcaba aportaciones diversas como las de Michael Ledeen, T. Donnelly, J. Muravchik, D. Pletka y David Wurmser, habían comenzado a preconizar una nueva y completa estrategia para dominar el mundo incluso antes de la guerra de Afganistán. Muchos de sus miembros habían trabajado en anteriores gobiernos republicanos, y cuando George W. Bush alcanzó la presidencia, la mayoría de ellos fueron nombrados para ocupar puestos de responsabilidad vinculados al diseño de la política de seguridad.
La trascendencia, o, mejor dicho, la controversia, que trajo consigo el documento de la NSS no radica en la razón estratégica de combatir el perverso fenómeno del terrorismo a nivel internacional, sino en el medio o instrumento escogido para ello: la acción preventiva. La cuestión es compleja, por cuanto es difícil establecer los márgenes de los límites admisibles desde la órbita del derecho internacional, pero también en cuanto a sus futuras consecuencias políticas, económicas, del consenso internacional, e, incluso, de los propios límites de lo ético.

La defensa preventiva (preemptive attack) se erige, como decimos, en el punto más polémico y criticado de la nueva estrategia de seguridad nacional y constituye la punta del iceberg de ésta. La prevención de la seguridad nacional se concreta, a grandes rasgos, en la acción militar contra grupos terroristas o aquéllos países que ofrezcan su apoyo a estos, y ha servido como justificación para las guerras asimétricas de Afganistán o Irak. Ello ha supuesto el comienzo de las denominadas “guerras de cuarta generación”, entendiendo por estas “los conflictos basados en agresiones llevadas a cabo por acciones difícilmente previsibles, grupos suicidas, terror indiscriminado u otros”[3].


Imagen de: Wikipedia
A modo de síntesis, podríamos destacar cuatro cuestiones en la vinculación existente entre la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, dentro del proceso de globalización:
-La NSS promulga la acción militar preventiva contra Estados hostiles y grupos terroristas que detenten o traten de elaborar armas de destrucción masiva.
-La afirmación indiscutible de un liderazgo político, militar y económico en el sistema internacional al que se supedita todo lo demás dentro del proceso de globalización: La Estrategia de Seguridad Nacional declara que Estados Unidos no permitirá que ninguna potencia extranjera le dispute su poderío militar en el mundo (Teoría de la Potencia hegemónica).
-El ejercicio de un unilateralismo que condiciona las dinámicas globalizadores: La Estrategia de Seguridad Nacional hace referencia a la cooperación multilateral internacional, si bien se hace especial hincapié en la determinación de los Estados Unidos en actuar solos, si es necesario, para defender sus intereses y preservar la seguridad nacional.
-La extensión de los valores occidentales como valores universales, sin tener en cuenta consideraciones culturales, sociales o religiosas de los distintos regionalismos.
Los objetivos en la búsqueda de la seguridad globalizada, a tenor de las palabras de la entonces Secretaria de Estado, Condolezza Rice, son evidentes. “…El 11 de septiembre cristalizó nuestra vulnerabilidad. Puso de relieve la naturaleza de las amenazas con las que nos enfrentamos hoy. Las amenazas de hoy provienen en menor medida de grandes ejércitos que de pequeñas y oscuras bandas de terroristas; menos de Estados fuertes que de Estados débiles o fracasados (…)”[4].
En la NSS de 2002 Estados Unidos se atribuye la misión de garante universal de los valores occidentales de democracia, libre mercado y respeto a las libertades individuales           (“We will champion the cause of human dignity and oppose those who resist it”), protegiéndolos de la amenaza que representa el terrorismo internacional para éstos, no en vano, el gobierno norteamericano se compromete a “Destruir, mediante el uso directo y continuo de todas y cada una de las aristas del poder nacional e internacional, toda organización terrorista” y “utilizar toda la capacidad de influencia de los Estados Unidos”[5]. El lector podrá encontrar en el capítulo III de la NSS: “Strengthen Alliances to Defeat Global Terrorism and Work to Prevent Attacks Against Us and Our Friends” afirmaciones en la línea de las anteriores y, en general, numerosas ideas muy interesantes para nuestro propósito.


Imagen de: Of America

Señalar el terrorismo, en sus distintas manifestaciones, como objetivo exclusivo de esta política de seguridad preventiva sería, por nuestra parte, inexacto. El terrorismo internacional como objeto de la NSS no es un elemento excluyente, por cuanto la política de la administración Bush incluía, además, aquellos estados que, a su juicio, lo protegían y tutelaban, además de aquéllos otros que desarrollaban armas de destrucción masiva.
Hace 12 años Estados Unidos se convertía en una nación golpeada por una nueva forma de ataque dentro de sus fronteras. El terrorismo conseguía infiltrarse dentro de la sociedad estadounidense para golpear desde dentro. Lejos quedaban las tradicionales guerras entre potencias. Una nueva respuesta era necesaria ante nuevas formas de conflicto: “In the new world we have entered, the only path to peace and security is the path of action”[6] (En el nuevo orden mundial, el único camino hacia la paz y la seguridad es el camino de la acción). El razonamiento estratégico explicaría, en gran medida, por qué Estados Unidos eventualmente intervino en ambas Guerras Mundiales y por qué se comprometió con la defensa de Europa tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y esta nueva estrategia fue la que llevó a la nación más poderosa del orbe a trasladar el escenario de conflicto de sus fronteras hacia las lejanas tierras del Oriente Medio, con todo lo que ello conllevaría: logística de guerra, una mayor dotación al presupuesto de defensa, traslado de armamento y ejército, desarrollo de nuevas formas de ataque, etc.  Los drones no son fruto de una infeliz casualidad. Nada en relaciones internacionales lo es.
Un aspecto también discutible de esta doctrina de la seguridad globalizada es la ya referida voluntad de los EEUU de “actuar solos” si las circunstancias lo requieren, a pesar de no renunciar nunca a la búsqueda de apoyo internacional. Tristemente, el multilateralismo se vuelve unilateral cuando se subordinan los principios generales acordados en la comunidad internacional en un ámbito multilateral, llámese Naciones Unidas, UNASUR o Liga Árabe, a los intereses particulares de una sola nación. Un interesante ejemplo de este nuevo unilateralismo en la sociedad internacional lo encontramos en la declaración, desde la administración estadounidense, del llamado “eje del mal” (Irán, Corea del Norte, Venezuela, etc), reservándose el derecho de destruir preventivamente a cualquiera de ellos.
F. Fukuyama se equivocó al aventurar “el fin de la historia” tras la caída del mundo soviético[7], pero la historia sigue inexorablemente su curso, siempre acompañada por su cruel partera: la guerra. Mientras, en el lejano oriente, Irán prosigue con su programa de enriquecimiento de uranio…
Autor: Jose Antonio Campos Navarro
Si quieres leer más artículos como éste, continúa en Toda una amalgama.



[1] Gustavo Palomares: “El newcons y el realismo preventivo”, Las relaciones internacionales en el siglo XXI. Madrid, Tecnos. Eds. 2006.
[2] JOHNSON, Chalmers: The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic. Metropolitan Books 2004
[3] “Orientaciones investigadoras sobre  la política exterior de los Estados Unidos”. Guía de investigación sobre la paz, la seguridad y la defensa. Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. Madrid, 2006
[4] Conferencia Wriston 2002, pronuncidada por Condolezza Rice en octubre de 2002
[5] http://www.state.gov/documents/organization/63562.pdf
[6] Bis supra
[7] The end of history and the last man. Francis Fukuyama

1 comentario: