El pintor español de época barroca Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nació en Sevilla en 1599. Con 24 años se traslada con su familia a Madrid, donde entra a servir al rey hasta 1660, año de su muerte, siendo gran parte de su obra destinada a las colecciones reales. Se le conoce como “Velázquez” porque, como era costumbre en Andalucía, firmó sus obras con el apellido de su madre desde muy temprano.
Su estilo inicial es naturalista y utiliza una iluminación de influencia tenebrista. Posteriormente, su estilo evolucionará hacia obras más luminosas realizadas con pinceladas rápidas y sueltas. Fue sobre todo un pintor de retratos, pero la mitología también es un tema importante en su obra.
Este otoño el madrileño Museo del Prado le dedica una exposición (“Velázquez y la familia de Felipe IV”) y nosotros le dedicamos un repaso a cinco de sus obras, aunque, en realidad, la lista podría contener decenas.
Esta obra pertenece a su etapa inicial, la más sombría, en la que se ve influenciado por el tenebrismo de Caravaggio en la composición: fondo muy oscuro y plano y figuras en un cercano primer plano con una iluminación fuerte que contrasta con la oscuridad.
Fue realizada en su primer viaje a Roma y narra la visita del dios Apolo al taller de Vulcano para advertirle de la infidelidad de su esposa Venus con Marte. Destaca el realismo en las expresiones de sorpresa de los personajes y sus anatomías.
| La rendición de Breda (Wikipedia) |
La rendición de Breda o Las lanzas (1634)
Esta obra narra la victoria de las tropas españolas en la ciudad de Breda (Holanda) en 1625, y está inspirada en la comedia de Calderón de la Barca “El sitio de Breda”. Se trata de una obra con función propagandística del poder de Felipe IV. En ella, Ambrosio Spínola, general al mando de los tercios de Flandes, recibe al gobernador holandés, Justino de Nassau, al que no permite arrodillarse como muestra de la clemencia española.
Es considerada la obra por excelencia de Velázquez. La escena se ambienta en una estancia de palacio en la que el pintor se sitúa a nuestra izquierda junto a la infanta Margarita y su sequito (las meninas). Se trata de uno de los cuadros más misteriosos de la historia del arte en cuanto a su posible simbología.
Se trata de una escena ambientada en un fábrica de tapices que realmente esconde una fábula mitológica, algo descubierto en el siglo XX. Aracne desafía a Atenea (inventora de la rueca) como tejedora y todo termina en un empate, lo que provoca que la diosa convierta a Aracne en araña y la condene a tejer eternamente. En el primer plano vemos a dos mujeres tejiendo (identificadas con las protagonistas del mito) y al fondo se ve el tapiz de Aracne, en el que representa el mito de Europa, con el que pretende ofender a la diosa por la forma en que su padre conseguía a las mujeres. Delante del tapiz se encuentra Atenea castigando a la mortal, aunque el efecto óptico hace que ambas parezcan ser parte del tapiz.
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