Es la hora de levantarse. Tu radio empieza a sonar y escuchas los primeros sonidos de esa canción que tanto te gusta. Es inevitable, comenzar así el día mejora las cosas. La música afecta nuestras emociones, la forma en la que afrontamos los días e incluso nuestro estado de ánimo. ¿Qué hace de ella una herramienta tan poderosa, que condiciona cómo nos encontramos de una manera tan brutal?
Hace un par de meses, gracias a la técnica conocida como resonancia magnética, los científicos buscaban entender qué ocurría en nuestro cerebro cuando oíamos música.
Ahora investigadores de la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos, han ido un poco más allá. A través de su trabajo publicado en la revista Nature Neuroscience, han tratado de averiguar cómo la música afecta nuestras emociones. Una experiencia que vivimos a diario pero de la que los científicos apenas tienen pistas.
El equipo se propuso entender el mecanismo por el cual algunos sonidos o canciones podían alterar nuestro estado emocional. Este hecho no es irrelevante, ya que existen casos realmente traumáticos, en los que convendría saber más acerca de los procesos neurológicos que tienen lugar.
Por ejemplo, muchos veteranos de guerra que sufren estrés post-traumático, tiempo después de regresar de la zona de conflicto, ya que siguen asociando ruidos o sonidos como los de los truenos, con emociones y sensaciones muy desagradables, propias del campo de batalla.
Para realizar su investigación, los científicos llevaron a cabo una serie de experimentos en ratones, para comprobar cómo la agudeza acústica de estos animales podía cambiar en el caso de que sufrieran un episodio traumático.
Este hecho se conoce en neurociencia como aprendizaje emocional, y su estudio puede ayudar a entender por qué la música afecta nuestras emociones.
Con este objetivo, los investigadores norteamericanos sometieron a los ratones a lo que se conoce como condicionamiento clásico. Si tras superar un episodio traumático, los animales variaban su agudeza acústica, de manera que pudieran diferenciar entre sonidos potencialmente peligrosos y sonidos relajantes, esto podía dar buenas pistas sobre cómo funcionaba el aprendizaje emocional. Repitiendo experimentos de aprendizaje muy específico a través de los sonidos, los científicos observaron cómo las respuestas emocionales y de desarrollo de la agudeza eran más específicas también, especialmente en el caso de que las frecuencias de los dos sonidos analizadas fueran parecidas.
Por último, los investigadores fueron capaces no solo de analizar cómo la música afecta nuestras emociones, sino también qué regiones del cerebro se activan durante este aprendizaje emocional. En este importante proceso biológico, participan dos regiones: la amígdala y las áreas auditivas subcorticales.
Lo cierto es que los sonidos juegan un importante papel en nuestro estado de ánimo y las reacciones emocionales que llevamos a cabo.
Esta es una pregunta verdaderamente intrigante en nuestra vida diaria y la ciencia posiblemente tarde en responderla.
Fuente de imágenes: brandtrackmedia,, unahojaenlaconciencia.blogspot, rockdelux.


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