miércoles, 3 de julio de 2013

¿Es aplaudir un acto contagioso?



¿Somos verdaderamente libres, o estamos condicionados por la presión de grupo? Se ha realizado un estudio a más de cien estudiantes universitarios para analizar si aplaudir es el resultado de nuestra voluntad, o por contra, es fruto del contagio social. 


Termina el concierto acústico tan esperado en tu ciudad, y una persona comienza a aplaudir. Milisegundos después, el resto de espectadores siguen al 'individuo atrevido', y la sala entera se llena de aplausos y silbidos... ¿Es esto una muestra de que a los espectadores les ha gustado el concierto, y que el grupo ha conseguido superar las expectativas? ¿O quizás no? ¿Por qué aplaudimos? 


Dentro de la complejidad de nuestro cerebro, existen comportamientos difíciles de comprender. Aplaudir es uno de esos actos que nos descoloca. ¿Lo hacemos por empatía social, o por mostrar satisfacción? ¿Son los aplausos una muestra de aprobación en grupo?

Una acción tan común en nuestros días como la de aplaudir puede ser una buena forma de entender nuestra propia psicología. Y es que aplaudir podría ser el resultado del contagio social, y la duración de los aplausos estaría determinada por el comportamiento del grupo, y no por nuestra propia satisfacción personal.


Esos serían los resultados principales de un nuevo estudio publicado en Journal of the Royal Society Interface, y realizado por investigadores británicos, alemanes y suecos. En su trabajo experimental participaron 107 estudiantes universitarios, cuyo comportamiento ante una presentación oral fue analizado.
Una vez divididos en seis grupos de entre 10 y 20 individuos, comenzaron las dos presentaciones que debían escuchar. Todos los participantes debían permanecer atentos al lenguaje corporal de la persona que realizaba la presentación en ese momento, de forma que los científicos aseguraron la máxima atención de los investigados. Asimismo, se pidió que una vez finalizada la charla, los participantes aplaudieran de manera cortés, ya que la presentación había sido dada de forma voluntaria.




Una vez finalizada cada charla de 7 minutos, los investigadores analizaron el comportamiento de los participantes. Para ello, modelaron matemáticamente los diferentes aplausos en cada presentación, teniendo en cuenta la duración y el tiempo que se tardaba en comenzar a aplaudir en grupo. Ambos resultados sugirieron un comportamiento social condicionado, de forma que tanto el inicio como el fin de los aplausos dependían de lo que hicieran el resto de participantes.


En palabras del investigador Richard Mann, de la Universidad de Uppsala en Suecia, "la duración de los aplausos no dependía de la calidad de la charla directamente, sino más bien de la dinámica social del propio grupo". 


Por tanto, aplaudir podría considerarse como un contagio social, que no realizamos por voluntad propia, sino más bien por presión de grupo. 



Si quieres leer más artículos como éste, continúa en Toda una amalgama.


Imágenes: planeta curioso, 
es.123rf.com.

No hay comentarios:

Publicar un comentario