miércoles, 12 de noviembre de 2014

El Sol y la vida: una relación inseparable

Bonito amanecer en Galicia. Fuente: Iago A.R. (Flicker)
La llegada del invierno y el cambio de horario hacen que el día sea más corto y la noche más larga, el tiempo empeora y se echa en falta el calor del Sol. Sin embargo, casi nadie piensa en la verdadera importancia de este astro en nuestras vidas. Solo recordamos su existencia cuando, como ahora, desaparece con la llegada del frío o cuando se sufre su fuerza en verano. Pero, ¿qué ocurriría si dejara de existir?

 El Sol es la principal fuente de energía de la Tierra que se refleja en la aportación de luz y calor. En su superficie la temperatura puede alcanzar los 6.000 grados centígrados, seis veces superior a la necesaria para fundir el oro. Se estima que su desaparición se producirá dentro de 5.000 millones de años, momento en el que se enfriará y se convertirá en lo que se denomina una gigante roja. Sin embargo, tal y como asegura Carlos Sáenz, astrofísico de la Universidad Pública de Navarra, el proceso será lento: “Antes de que ocurra la transformación completa se notarán las consecuencias de manera paulatina. Primero se producirá un incremento de su potencia y los seres vivos del planeta comenzarán a desaparecer porque no podrán soportar el aumento de calor. Después dejará de haber energía y empezará a aumentar de tamaño. Pero para entonces ya no habrá vida en la Tierra”.


El Sol como gigante roja. Fuente: Wikimedia Commons

Este cuerpo celeste lleva acompañando al planeta azul desde hace más de 4.000 millones de años. Se trata por tanto de una relación muy extensa en el tiempo y cuya condición es indispensable para nuestra existencia. La bióloga donostiarra Lucía Campuzano reitera esta idea: “La Tierra es el único lugar del Sistema Solar en el que se da el triple condicionamiento de temperatura, luminosidad y radiación. Esto permite que el agua coexista en sus tres fases (líquida, sólida y gaseosa) algo indispensable para la habitabilidad en este planeta, es decir, para la vida”.
Las condiciones que se cumplieron en la Tierra permitieron que surgieran los seres vivos. Puede pensarse que la existencia del Sol ya no es tan necesaria y que solo sirve para aportar luz y calor. Alicia Soria, del Colegio Oficial de Biólogos de Navarra, muestra el error de este planteamiento: “Es tanta la influencia del Sol en la vida del planeta que no sabría por dónde empezar: dejaría de funcionar la fotosíntesis, tampoco se completaría el ciclo del agua, la Tierra se enfriaría por completo... Sus repercusiones serían inmensas”.

Las plantas dependen del sol para vivir. Fuente: PDPhoto.org
Por un lado, la desaparición de la fotosíntesis generaría varias consecuencias catastróficas. En primer lugar, las plantas dejarían de percibir su energía vital, lo que provocaría su desaparición. Esto desembocaría en una cadena de sucesos: los herbívoros se quedarían sin alimento y morirían, después, perecerían los carnívoros y los omnívoros. Sin embargo, las plantas no solo sirven como alimento, también tienen otra función elemental: producir oxígeno. Sin la aportación de este elemento los seres vivos no podrían sobrevivir.

Además de la fotosíntesis, otro proceso que dejaría de darse es el ciclo del agua. Esto significa que no habría evaporación proveniente de mares o lagos y que las nubes dejarían de existir. La tierra, sin la filtración que sigue a las lluvias, se terminaría secando hasta convertirse en un inmenso desierto. Un lugar en el que sería imposible cultivar ningún alimento.


El ciclo del agua. Fuente: Wikipedia
 
Sin oxígeno, ni animales que poder comer, ni posibilidad de dedicarse a la agricultura el ser humano tendría que ingeniárselas para conseguir respirar y comer, sin tener en cuenta que el planeta sería un lugar sombrío y muy poco acogedor. Su supervivencia dependería de algún invento tecnológico que lo protegiese del entorno.

 Pero aún hay más implicaciones en la desaparición del Sol. El impacto que tendría sobre la litosfera (las capas terrestres) y sobre la hidrosfera (el agua que forma parte del planeta) sería inmenso. Tal y como afirma Antonio Aretxabala, geólogo y profesor de la Universidad de Navarra, las consecuencias serían imprevisibles pero devastadoras: “No sabemos a ciencia cierta qué ocurriría en el planeta si el Sol desapareciese pero es seguro que afectaría a la Tierra desde su núcleo hasta la corteza terrestre. Hay una relación directa entre el Sol, la litosfera y la hidrosfera. No solo existen mareas líquidas, también hay mareas sólidas que afectan a las capas tectónicas. Los cambios en estas mareas generarían desplazamientos y cambios en la altitud de distintas zonas geográficas, sobre todo, aquellas que se encuentren en el interior. Además, el planeta se enfriaría, los mares se congelarían y acabaríamos muriendo todos. Sin el Sol desapareceríamos”. Como se ha podido comprobar, la importancia de este astro en la vida de la Tierra es fundamental. La relación entre los seres vivos y el Sol es inseparable, puesto que sin la existencia de este los humanos y animales dejarían de tener cabida en el planeta.
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Fuente: Karen Arnold (Pixabay.com)

 

A partir de ahora, cuando el Sol nos despierte por la mañana o nos ciegue con sus rayos, acuérdense de que sin él no estarían en este mundo. No den por sentado que siempre va a estar en lo alto, imperturbable, y préstenle un poco más de atención. Agradezcan su aportación a la vida y a la existencia del ser humano. Sin él nuestra vida sería una auténtica pesadilla.














Fuentes consultadas:
Carlos Sáenz Gamasa. Agrupación Navarra de Astronomía. Dpto. de Física, Universidad Pública de Navarra.
Antonio Aretxabala Díez. Colegio Oficial de Geólogos de Navarra. Universidad de Navarra.
Alicia Soria Tosantos. Colegio Oficial de Biólogos de Navarra y La Rioja.
Lucía Campuzano del Río. Licenciada en Biología por la Universidad de Deusto.
http://www.planetmad.es/saber/sol.html

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