miércoles, 25 de febrero de 2015

Inteligencia artificial: ¿Un paso hacia el futuro o hacia la extinción?

La IA (Inteligencia Artificial) es algo con lo que todos estamos familiarizados, aunque muchos lo perciban como algo más propio de la ciencia ficción y menos de las nuevas tecnologías: Yo robot, Matrix, la popular Her o incluso Star Wars (sí, C3PO también es inteligente). El cine se ha sentido atraído desde siempre por la seductora idea de las "máquinas pensantes" pero, ¿qué hay de verdad detrás de los futuros apocalípticos y de los sentimientos artificiales? Echemos un vistazo.






Para aquel que ande perdido y no sepa de qué diantres estamos hablamos, la IA es un campo de la ciencia que trata de emular el pensamiento humano en máquinas. Esto quiere decir, sistemas capaces de tomar decisiones y solucionar problemas en base a ciertos datos. ¿Que en eso consiste un ordenador? Pues sí, los ordenadores son los ejemplos más claros de máquinas racionales que podemos encontrar y no son, ni mucho menos, los únicos. Google, nuestros smartphones (hasta su mismo nombre lo dice: teléfonos inteligentes) e incluso las calculadoras. Todos son capaces de evaluar unos datos y poner solución a las dificultades que se vayan encontrando. Sin embargo, todavía están muy lejos de alcanzar a la inteligencia humana. ¿Por qué? Muy simple: un ordenador es capaz de realizar cálculos y operaciones mucho más allá de la capacidad de un cerebro humano, pero existe una abismal diferencia que los hace inferiores: el aprendizaje. Mientras los ordenadores son infalibles en sus deducciones, los seres humanos tendemos a fallar y a aprender de nuestros errores, lo que nos da una visión mucho más amplia de la realidad y distinta de la percepción limitada de una máquina, incapaz de sacar conclusiones más allá de los datos que se le proporcionan.
El cerebro humano es un órgano extremadamente complejo

Como dijo Alan Turing, padre de la IA, ''si se espera que sean infalibles, entonces no pueden ser también inteligentes. El camino hacia la inteligencia artificial es construir una máquina con la curiosidad de un niño y dejar que su inteligencia se desarrolle''.

El problema de las máquinas inteligentes es que no saben a qué están dedicando su inteligencia. Tú les das los datos y ellas te dan el resultado. Así por ejemplo Chinook, la inteligencia artificial diseñada para jugar a las damas que se proclamó campeona del mundo en 1994, no sabía que estaba jugando, tan sólo se dedicaba a realizar sus movimientos con una precisión letal para las pobres fichas del contrario. Esto se debe a que no poseía una visión consciente de la realidad ni de sí misma.

La última frontera que debe superar el estudio de la IA es pues la de conseguir un sistema autoconsciente, es decir, que perciba su propia existencia y que sea capaz de desarrollarse y rediseñarse a sí mismo para seguir evolucionando. A esto se lo denomina AGI o Inteligencia Artificial Fuerte: sistemas capaces de realizar múltiples tareas y aprender tal y cómo hace un ser humano. Aunque aun nadie es capaz de predecir con exactitud las consecuencias de la existencia de una máquina con estas características, recientemente el famoso físico Stephen Hawking advirtió sobre los peligros que esto puede conllevar. "Podrían llegar a tomar el control y rediseñarse a sí mismos. Los humanos, que están limitados por la evolución biológica, no podrían competir y quedarían desplazados" afirma Hawking.

¿Qué hay de las emociones? Por ahora es posible imitar, hasta cierto punto, sensaciones como el hambre o el dolor, aunque de forma bastante distinta a como lo experimentamos las personas. Así, el hambre para un robot sería tan sólo un protocolo que lo obligara a buscar energía cuando escasearan sus reservas. Con dolor sucede igual: programar al androide de forma que sea capaz de evitar golpes o daños. En el caso de sentimientos más complejos, como el afecto, la tristeza o la euforia, nos volvemos a encontrar con la barrera de la consciencia ¿cómo puede amar un ser que no sabe que existe? Todavía nos queda un buen trecho hasta el Windows edición "Samantha".

Para entender un poco mejor como funciona el tema de las sensaciones artificiales os recomendamos echar un vistazo a este vídeo, donde se muestra qué ocurre si le dais cancha a Super Mario para que decida él solo la mejor manera de rescatar a la princesa Peach.


Los estudiantes alemanes responsables de este proyecto crearon una inteligencia artificial para el pequeño fontanero. Gracias a esto, nuestro amigo Mario era capaz de trazar sus propias rutas por el nivel y (aquí viene lo bueno) experimentar cierto "hambre" de monedas que lo impulsaba a saltar de plataforma en plataforma buscándolas. Incluso consiguieron que mantuviera una conversación simple. Todo un logro para un héroe de los 8 bits.

Desde zombies a insectos gigantes, pasando por alienígenas. El campo de la ciencia ficción se empeña siempre en buscar nuevas y creativas maneras de aniquilar a la raza humana, y los robots no se iban a perder la fiesta del cliché. ¿Qué posibilidades hay de que las máquinas se vuelvan contra nosotros? A corto plazo ninguna, así que respirad tranquilos, vuestro móvil no va a tratar de estrangularos con el cargador mientras dormís (de momento). Nuestros conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano y la inteligencia son aún demasiado limitados como para estar cerca de replicarlos. Nos queda mucho camino por recorrer tanto en el campo de la neurología como en el de la robótica y los sistemas artificiales.

En pocos años, nuestros frigoríficos 
harán la compra por nosotros
Por el momento, tenemos un futuro bastante alentador en el ámbito de las nuevas tecnologías. Los dispositivos inteligentes y conectados cada vez están más presentes en nuestra vida diaria, desde los smartphones hasta los frigoríficos que saben cuando faltan huevos y hacen la compra online. Más que de la era androide, vamos camino del "smart home", el hogar conectado. Gracias a la red inalámbrica, nuestra casa será capaz de regular la temperatura de las habitaciones, evitar que se nos quemen las pizzas, avisarnos de que nos hemos dejado la puerta abierta o incluso llamar a urgencias si se nos va la mano con el pela patatas. De hecho, ya existen inmobiliarias que ofrecen este servicio.


Si alguno se ha desilusionado por la improbabilidad de luchar en una inminente guerra contra la tecnología, ¡que no se deprima! Los amantes de los robots, los aparatejos o simplemente la destrucción de todo ser vivo sobre la Tierra (y el espacio) seguro que disfrutarán con películas como estas:
Dibujo por Beatriz Zazo Luengo

  • 2001: Una odisea en el espacio (1968): Viajar en una estación espacial administrada por un ordenador psicópata pinta bien, ¿no?



  • Blade Runner (1982): Rebelión robótica pura y dura.



  • Terminator (1984): Cyborgs y humanos repartiendo tiros a diestro y siniestro, sin faltar paradojas temporales. No se puede pedir más.



  • Matrix (1999): No necesita presentación, ¿verdad, Neo?



  • El hombre bicentenario (1999): O el robot que quería ser hombre. Protagonizada por Robin Williams en el papel de androide mayordomo.



  • Inteligencia Artificial (2001): ¿Están preparados los humanos para un crío artificial capaz de amar? Puede que no.



  • Yo robot (2004): A Will Smith le encargan investigar un asesinato un tanto extraño mientas unos robots muy chungos intentan mandarle al otro barrio.




  • Her (2013): Mantener una relación estable es difícil, y si tu novia es un sistema operativo super inteligente y de alta gama, pues más.



  • Trascendence (2014): Copiar la mente de Johny Depp en un ordenador y subirla a Internet seguro que es una buena idea.



  • Los Vengadores, la Era de Ultron (para mayo de 2015): Los héroes más poderosos de la Tierra se las verán con una inteligencia artificial indestructible y con muy malas pulgas. Tiembla Hulk.


Si seguís interesados en el tema, os recomendamos echar un ojo a De la inteligencia biológica a la artificial.




Referencias:



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