miércoles, 18 de febrero de 2015

Primeras bandas humanas en América, ¿el estrecho de Bering descartado?



Entre las distintas y variadas disciplinas que estudian la Prehistoria, tales como la Arqueología, la Antropología y la Geología, cuando se trata de la llegada de los primeros grupos humanos al continente americano surgen principalmente tres dudas: ¿Cuándo llegaron? ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué tecnología utilizaron? 

La teoría más conocida y “tradicional” es la del antropólogo checo-americano Alex Hrdlicka (1869-1943), quien planteó el estrecho de Bering como el principal canal de migración de las primeras bandas humanas hacia América. Este canal de miles de kilómetros, durante épocas de glaciación, formaba un corredor libre de hielo conectando Siberia y Alaska. Según él, se habría dado –desplazándose a pie– la entrada de hombres al continente tras la última glaciación mundial ocurrida hace 10.000 años. Actualmente, de esta teoría se conserva únicamente a Beringia como el principal corredor, pero muchos debates se formaron en torno a éste: ¿Las condiciones climáticas de extremo frío podrían haber sido toleradas por aquellos hombres? Es importante recalcar que este corredor se encontraba entre dos grandes bloques de hielo, el Laurentino y el Cordillerano, haciendo difícil caminar durante meses aquel canal, que además de ser totalmente árido con fuertes vientos helados, apenas contaba con vegetación o fauna, dificultando la subsistencia. 

Por detrás de estas dudas, surgieron nuevas hipótesis acerca de por cuáles otros canales alternativos habrían llegado los primeros grupos. Algunos plantearon que podrían haber arribado en primitivas canoas bordeando la costa del noroeste norteamericano, ya que presentaba tierras –actualmente sumergidas– con abundante vegetación y fauna. Otros más osados plantearon que los primeros inmigrantes habrían cruzado el Atlántico llegando desde Europa, o incluso bordeando la Costa Antártica por el Pacífico Sur. 

En Nuevo México y en otras zonas del centro de Estados Unidos se encontraron puntas de flechas, respectivamente nombradas como puntas Folsom y Clovis. Tras ser datadas mediante el método del Carbono 14, las puntas del proyectil Clovis resultaron ser de hace 11.500 años, y las Folsom de 11.000 años AP –antes del presente–, derribando así la teoría de grupos humanos migrando en una fecha tan reciente como 10.000 años AP. Después de este proceso, estas puntas de flechas se intentaron establecer en relación con puntas encontradas al sur del continente para justificar a Bering como principal canal de entrada.

Puntas Clovis y Folsom, respectivamente.

El debate sin fin radica en dos grupos: los “conservadores”, quienes no aceptan una ocupación del continente pre-Clovis –es decir, anterior a 11.500 o 12.000 años AP–, y los “radicales”, quienes defienden fechas superiores de 20.000 años AP, llegando incluso a los 40.000 años. Ahora bien, ¿en qué se basan estos “rebeldes radicales” para defender ocupaciones tan antiguas, si un ingreso por el Norte es lo más fiable? El sitio más aceptado por la comunidad científica es Meadowcroft (Pensilvania, EE.UU.), donde los elementos humanos encontrados datan de hace 14.000 o incluso 16.000 años AP. Está considerado el lugar con mejor evidencia de ocupación pre-Clovis, aceptado medianamente por los conservadores. Pero el dolor de cabeza mayor para estos últimos serían numerosos yacimientos arqueológicos encontrados en Sudamérica: en Taima-Taima (Venezuela), datados entre 13.000 y 14.000 años AP; en Bogotá (Colombia), fechas de hace más de 11.000 años; en Perú incluso de hasta más de 20.000 años. Pero los más sorprendentes son los sitios de Pedra Furada en Brasil y Monte Verde, al sur de Chile, con dataciones increíblemente antiguas que plantean fechas de hasta 40.000 años o más. En estos momentos podrán preguntarse si acaso con fechas tan antiguas, ¿cuáles son las pruebas? 

Las evidencias encontradas están en piedras con muestras de haber sido retocadas por el hombre para luego ser usadas como herramientas; en fogones y en heridas óseas de animales prehistóricos –la considerada mega fauna, como los mamuts– ocasionadas por herramientas antrópicas, es decir, realizadas por el hombre.

Los conservadores se han esforzado en desacreditar estas sorprendentes fechas, argumentando que fogones encontrados, como el de Pedra Furada, serían de creación natural. Además, consideran que las herramientas líticas podrían estar siendo confundidas con piedras golpeadas también naturalmente o, más tajantemente, que la evidencia está contaminada y no es confiable. De hecho, todas estas acusaciones sólo demuestran gran negación por parte de ese grupo, teniendo los radicales pruebas verosímiles para defender estos hallazgos tan antiguos y considerados pocos fiables para sus opositores. 

Monte Verde, en Chile, representa una joya arqueológica por su excepción: se encontró allí un sitio de habitación a cielo abierto que data de hace 12.500 años AP, con doce chozas cubiertas con piel de mastodonte, fogones con forma de tazón semienterrados en el piso. Incluso, se llegaron a encontrar la huella del pie de un niño y seis mastodontes dispersos con muestras de incisiones. Por otra parte, se hallaron también otros restos considerables que datan de hasta 33.000 años. Si bien a Monte Verde se le reconoció hasta 12.500 años AP por los conservadores, en Pedra Furada las dataciones quedaron inconclusas y desacreditadas, aunque presente claras evidencias de ocupaciones anteriores a los 14.000 años.

Monte Verde: reconstrucción campamento prehistórico.

El esquema del estrecho de Bering como único portal de entrada está ya muy desacreditado, sobre todo por presentar América del Sur una mayor evidencia arqueológica, con casi una docena de yacimientos que rompen con la conservadora Clovis en EE.UU. Es un tema apasionante en el que desembocan otros temas y otras preguntas, cuestionándose, por ejemplo, qué etnias fueron las primeras en llegar a América. A raíz de los nuevos avances en ciencias y tecnología, han podido surgir nuevas disciplinas en apoyo a la investigación del devenir prehistórico en cuanto a la aportación de datos sobre las migraciones, como la hematología, que estudia los grupos sanguíneos para poder determinar la “dosis” étnica que tiene cada persona. De esta forma, se intenta responder al debate entre para quienes los primeros cruces entre América y Asia ocurrieron hace 50.000 años, pareciéndoles 20.000 años una fecha muy temprana. 


 Ana Guia. 


Bibliografía: Texto Levallée, D. (2000) “Los primeros americanos”. The University of Utah Press, Salt Lake City. Capítulo 2.

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