El 3 de mayo de 2004, día de la Santa Cruz, se
constituyó la Fundación Alberto
Jiménez-Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid, institución sin
ánimo de lucro, cuyos objetivos principales fueron la potenciación de las artes plásticas, de su estudio, conservación y
difusión, tanto en la comunidad universitaria como en la sociedad en
general, relacionadas con las
colecciones que alberga.
Cuenta con una excepcional donación de una colección de
arte procedente del África subsahariana, parte de la cual se exhibe con carácter permanente en tres salas (Renacimiento, Rectores y San
Ambrosio), ubicadas en el Palacio de
Santa Cruz de Valladolid. Dicho palacio es un antiguo colegio mayor que mandó construir el Cardenal Mendoza, entre 1482
y 1491, para dar alojamiento a alumnos brillantes sin recursos económicos. Es
considerado uno de las primeras
construcciones renacentistas en España y fue declarado en 1955 monumento histórico-artístico.
Siendo Valladolid una ciudad en la que la
escultura tiene un especial significado (el Museo Nacional de Escultura, la Semana
Santa, escultores únicos como Gregorio Fernández o Juan de Juni…), el
emplazamiento se convertirá en el lugar ideal para exponer las colecciones.
El conjunto de arte africano es uno de los más
importantes a nivel internacional puesto que cuenta con más de doscientas
esculturas realizadas en terracota, expuestas de manera pública. Estas
obras, son especialmente interesantes por su calidad y por representar
alrededor de unas treinta culturas
diferentes que abarcan más de dos mil
años de la historia africana, como los
Nok, Sokoto, Katsina, Mangbetu, etcétera, de pueblos asentados en torno a las cuencas del río Níger y Congo.
Cada cultura ha reflejado de forma propia los
valores de su comunidad, dando lugar a manifestaciones artísticas de estilos
diferentes.
Sala Renacimiento donde se alberga un gran número de terracotas
africanas
Son
creaciones que no responden a un interés puramente estético, sino que sus funciones que van más allá, relacionándose
con la religión, la naturaleza, los antepasados, los rituales de
iniciación o la magia.
Generalmente, su objetivo no es reflejar fielmente la naturaleza, sino captar el alma y la fuerza de lo
representado. Por eso cada artista,
en su comunidad, no será considerado un simple profesional que domina una
técnica, sino un intermediario entre el
mundo de los espíritus y terrenal.
Ejército. Cultura Guimbala. Siglo VIII d.C. Pensador. Cultura Nok. Siglo V a.c
Pero
además de la colección de terracotas, no podemos olvidar la última
incorporación realizada en el año 2012,
del denominado conjunto “Reino de Oku”
(territorio localizado al noroeste de la República
de Camerún, en la región de
Grassland), fruto de las negociaciones entre el matrimonio Arellano-Alonso y el rey Fon Sintieh II. Todas las piezas
son reales, pero han perdido su carga mágica-funcional, están desactivadas.
Pórtico del Palacio del Rey de Oku, Fon
Sintieh II
En Oku, el rey
es la figura más relevante, la máxima
autoridad política, judicial y religiosa. En la exposición se pueden
contemplar algunas de sus “regalías”
(objetos rituales símbolo de poder que sólo él puede utilizar), como camas de jefatura, tronos, ropa e
incluso su pórtico real, decorado
con motivos que simbolizan su prestigio.
El grupo de
máscaras de las sociedades secretas,
llenas de carga mágica, son autónomas e impredecibles en sus actos, realizan actividades
deben permanecer en el más estricto misterio. Serán acompañadas de instrumentos musicales y utensilios de la medicina tradicional, que por primera vez que se pueden contemplar
fuera del reino de Oku.
Desfile de máscaras de las Sociedades
Secretas
Por lo tanto, visitar las colecciones de arte
africano de la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso, será adentrarnos dentro
de un mundo singular, un acercamiento a este arte todavía desconocido de un
rinconcito de África en Valladolid.





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