viernes, 29 de agosto de 2014

Lugares increíbles (I): El misterio de los ríos subacuáticos

 Hoy viajamos a un paisaje completamente surrealista, a la par que espectacular, en el que la naturaleza, una vez más, demuestra lo increíble que puede llegar a ser y la fuerza con la que puede manifestarse, convirtiendo lo que parece salirse de toda lógica, en una completa realidad: ríos subacuáticos. 

Pero primero, entremos en contexto: bajo la abundante vegetación de la selva y las playas de arena fina y dorada tan atractivas para los turistas, la península mexicana de Yucatán esconde una maraña de ríos subterráneos. El peculiar sistema hidrológico de la Península de Yucatán, carece de ríos en la superficie, pero en su lugar, ofrece diversos parajes que cada vez suponen un mayor foco de atractivo para un turismo alternativo, como son los cenotes y los cementerios prehispánicos.



Los cenotes son puntos donde los ríos subterráneos emergen a la superficie a través de cavidades naturales, formando pequeñas lagunas en medio de la vegetación. Algunos se encuentran en las ruinas de ciudades mayas y eran considerados sagrados por los indígenas, que depositaban en ellos ofrendas, cuyos restos se han descubierto en los últimos tiempos.

Uno de los más famosos es el cenote Angelita, un lugar escondido entre la maleza de la selva donde se encuentra esta poza que oculta un gran secreto en su interior.


Durante los primeros metros de inmersión, la luz del sol ilumina con claridad el agua dulce del cenote hasta que el fenómeno se descubre ante nuestros ojos dejando a cualquiera completamente perplejo: un río corre por el fondo de estas aguas con una isla en el centro, llena de hojas y ramas secas que aparecen desde las vaporosas profundidades intentando captar la escasa luz que llega a esa profundidad.

 

Estas formaciones de corrientes fluviales submarinas tienen su explicación gracias a un fenómeno denominado haloclina; aguas con distintas salinidades que forman capas al tener diferente densidad. En realidad, se trata de una concentración de ácido sulfhídrico que se forma por la descomposición de los desechos vegetales que caen desde la selva y que se quedan en suspensión entre el agua dulce de la superficie y el agua salada de las profundidades, creando este maravilloso espectáculo submarino.


Pero este no es el único caso. No hace mucho se descubrió uno de estos ríos submarinos en el Estrecho del Bósforo con cerca de 38 metros de profundidad, 800 metros de ancho y un caudal de 22.000 metros cúbicos por segundo, lo que lo convierte en el más grande de Europa, siendo diez veces más grande que el río Rin. Si estuviera en la superficie de la tierra, sería el sexto río más grande del mundo. Procedente del Mediterráneo, desemboca en el Mar Negro sin que ninguno de los muchos barcos que navegan a tan solo un centenar de metros por encima sospechen siquiera lo que hay ahí abajo.



FUENTE:

Las imágenes pertenecen al fotógrafo Anatoly Beloshchin, y fueron tomadas en el cenote Angelita, en la península de Yucatán (México).

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