domingo, 10 de agosto de 2014

Todo lo que flota

«Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja» y os aseguro que Arquímedes alucinaría con este artículo:

En las oscuras profundidades de mares y océanos; de ríos y lagos; entre corales; algas, peces y rocas, podemos encontrar miles de secretos olvidados, de promesas ahogadas en el tiempo, de tesoros que nadie pudo disfrutar, de barcos que no llegaron a puerto e incluso, podemos encontrar las esculturas ecológicas de un artista que hizo “arte inmortal” para todos los seres vivos. Pero hoy, queridos curiosos, no vamos a bucear, ni tampoco a volar porque prefiero que no tengáis que usar bombona de oxígeno, aunque igualmente os quedaréis sin respiración. Hoy os voy a hablar de aquello que flota en la frontera entre lo que hay bajo el agua y lo que queda por encima de ella.



En la superficie inmensa y azul del pacífico sur, a unos 1.600 kilómetros al noreste de Auckland (Nueva Zelanda), encontramos algo sorprende flotando. Tan sorprendente que hasta llamó la atención de un piloto militar neozelandés (un hombre que vuela a velocidades vertiginosas). Pero, ¿qué será eso tan curioso que vio aquel piloto en 2012? Bien, pues se trata de una isla, pero no cualquier isla pues se compone únicamente de piedras. Para ser más exactos, de piedras pómez. Y al ser así, la isla pasa a ser una isla flotante.




Esta isla flotante, blanca y brillante de pumitas, poco después de ser descubierta fue investigada, pues el suceso es bastante raro. Enviaron un gran barco de investigación que al llegar a la isla no atracó en ningún puerto, sino que se vio navegando en un mar de piedras, pues, no sé si sabéis que la isla flotante tiene un área de 25.000 kilómetros cuadrados, para que os hagáis una idea es aproximadamente del tamaño de Sicilia (Italia). Un paisaje más típico de una película de “Piratas del Caribe” sin duda.


Seguro que te estarás preguntando: ¿Y qué hacen ahí todas esas piedras pómez en la superficie? ¿Algún artista las habrá puesto allí? ¿Tendrán alguna forma especial vistas desde arriba? Tranquilo, es normal que te hagas estas preguntas pues eres un lector curioso de Toda Una Amalgama.
Bien, en primer lugar tenemos que dejar claro que la pumita, que es una roca ígnea, flota en el agua porque tiene una baja densidad. El otro motivo de que haya una isla de piedras flotantes es una erupción volcánica submarina. Según creen los científicos, el origen de la isla es la erupción del volcán submarino Monoway, pues es el más cercano que puede haber erupcionado, aunque este no es un dato que se sepa con certeza absoluta.

Aún hay fenómenos más raros que piedras flotantes en la superficie acuática de nuestro planeta. Vamos a levantar el vuelo de las saladas aguas del pacífico sur para dirigirnos a las dulces aguas de la bahía de Sydney (Australia). En este país encontramos muchas cosas que nos llamarían la atención, empezando por la fauna y flora y terminando por las costumbres de sus gentes. Esto no se queda atrás.
El bosque flotante de Homebush Bay es un buque que quedó jubilado en 1972 y olvidado por las personas, pero rescatado por otros seres vivos. El SS Ayrfield ahora no surca los mares y océanos pero se mantiene anclado, oxidado e impasible al paso del tiempo; flotando y dando vida a un pequeño bosque de manglares que ha crecido en su casco y que lo ha devuelto a la vida como un reclamo turístico y, sobre todo, como un importante elemento de un paisaje hermoso y surrealista que bien pudiera ser una de las miles de fotografías retocadas con Photoshop que tanto nos impactan.

Imagen tomada por Bruce Hood
La historia de este buque de 102 años y 1.140 toneladas comienza en 1911. Fue construido para ser un buque carbonero y lo fue; sólo que vivió una de las peores guerras que ha habido: la Segunda Guerra Mundial, que tantas vidas se llevó y que muchas más quebró. En este caso, la vida de este buque se vio truncada tras largos viajes en medio de esta violenta guerra que acabó por enviarlo al cementerio donde se encuentra ahora, rodeado de barcos a medio desguazar, como él, exceptuando lo que lo distingue de todos aquellos cadáveres flotantes y es, como ya os he contado, el hermoso bosque que emerge de su casco oxidado como una metáfora, como si la vida naciera de la muerte.
Sin duda, Homebush Bay es un lugar para pensar y soñar; rebosante de vida y de una  historia que no deja indiferente a nadie.
Hemos hablado de islas flotantes, bosques flotantes, pero no hemos hablado de hoteles flotantes. Algo tan impresionante, que ahora mismo sólo puede existir en los planos de su arquitecto pese a que no se tardaría en construir más de 3 o 4 meses. Os presento el Ark:

Este macro hotel flotante, ideado por el arquitecto ruso Alexander Remizov en colaboración con una empresa de ingeniería alemana y el científico moscovita Lev Britvin, pretende ser un arca como la que se narra en las historias bíblicas. Mediría 14.000 metros cuadrados y podría albergar en su interior a 10.000 personas dispuestas a pasarlo de miedo en sus lujosas instalaciones.

Ante la subida del nivel del mar, estos arquitectos decidieron hacer algo por si nos quedamos sin tierra que pisar en un futuro y ese algo es este edificio flotante que se autoabastece, creando un ecosistema autónomo en el cual podríamos vivir tranquilamente. Todo un reto de la ingeniería, que una vez más nos sorprende y nos da esperanzas de cara a las miles de catástrofes que en este siglo XXI estamos esperando.

Y para finalizar este artículo lleno de cosas que flotan y que flotarán en un futuro no muy lejano, quiero viajar al misterio, que en este caso está en España, sí, de verdad. Si no me creéis seguid leyendo un poco más.
En un pueblo costero llamado Pájara situado al suroeste de Fuerteventura en las Islas Canarias (España) se encontraba encallado un gran trasatlántico, el SS América. Su historia comienza en Estados Unidos, donde fue construido en 1940 por la compañía United States Lines. En su tiempo fue uno de los barcos más grandes y lujosos, teniendo tan sólo 49 metros de eslora menos que el Titanic. Pero su tiempo pasó, se hizo inservible y lo jubilaron en 1993.
Pero, ¿cómo acabó en las costas españolas? Pues al ser comprado por un armador tailandés que quiso transformarlo en un hotel flotante en Bangkok. Mientras era remolcado por el barco ucraniano Neftegaz 67 en 1994, sufrió un accidente debido a una fuerte tormenta que obligó al remolcador a cortar el cable y dejar al SS América a la deriva. Días más tarde, el barco quedó encallado en la playa de Garcey y, mientras se discutía lo que hacer con el colosal barco, éste se partía en dos y quedaba totalmente irrecuperable, por lo que se dejó allí olvidado. Tras partirse en dos quedó solo la proa, que se convirtió en víctima de numerosos saqueos, luego en gran atractivo turístico y, finalmente, en objeto de leyendas paranormales durante muchos años en Fuerteventura.


Los lugareños lo conocieron como “El barco fantasma” ya que se ha cobrado la vida de varias personas que se adentraron en sus entrañas oxidadas para explorarlo. Finalmente, tras surcar los mares del mundo, en 2007 el trasatlántico SS América encontró su final al destruirse la proa completamente, desapareciendo de aquella playa para siempre.

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