viernes, 15 de agosto de 2014

Sobre satélites y otros trastos

Como es evidente, Internet ha significado una verdadera revolución; lo que yo llamo “el Nuevo Mundo” del siglo XXI. Mediante esta maravillosa herramienta, podemos acceder a tantísima información, que no la acabaríamos nunca. Hace un par de días me choqué con la palabra GLONASS, y ahí estaba el pretexto para una nueva entrada, que es la que leeréis ahora mismo…

Podríamos decir que el siglo XX, dejando de lado todas las guerras que ha sufrido, viene marcado por la carrera espacial y la “conquista” del espacio por parte del ser humano. Pero hoy no hablaremos de lunas ni de cohetes, no. Hoy hablaremos sobre satélites y otros trastos.

El primer satélite artificial de la historia lanzado al espacio fue obra de los soviéticos, el famoso Sputnik1, el 4 de octubre de 1957. El Sputnik era monitorizado mediante la observación del efecto Doppler (control de un objeto mirando el cambio de frecuencia de la onda que produce al moverse). Fue entonces cuando la armada estadounidense se dio cuenta de que se podía hacer esto a escala mayor y, aplicando esta misma tecnología a los sistemas de navegación de sus barcos y submarinos, surgió el sistema TRANSIT, en 1964. Este sistema se mejoró durante las tres siguientes décadas y a partir de 1995, bajo el nombre de NAVSTAR GPS, funciona ya toda la constelación de satélites americanos. ¿A quién no le suena el Global Positioning System (GPS)?


 Por su parte, los soviéticos no perdieron el tiempo y desarrollaron el GLONASS (que responde al acrónimo ГЛОбальная НАвигационная Спутниковая Система, Sistema Global de Navegación por Satélite). Hoy en día es administrado por la Federación Rusa y es, junto al GPS estadounidense ya mencionado y el futuro Galileo europeo, el rey de este tipo de tecnologías. En este caso, el GLONASS se empezó a llevar a cabo en 1982 pero no fue hasta 1996 cuando comenzó a funcionar completamente. Durante los siguientes años, sobre todo a partir del año 2004, se ha complementado y mejorado.



 Llegados a este punto de la historia, os preguntaréis: ¿pero y esto para qué nos sirve a nosotros, ciudadanos de a pie? Pues bien, entre otras cosas, sirve para orientarnos cuando vamos a cualquier parte con el coche, para la localización y el funcionamiento correcto de embarcaciones y aviones, para el rápido rescate o intervención de los servicios de urgencias en el caso de que haya un accidente, etc. Lo bueno de esto es que los gobiernos americano y ruso supieron no sólo aprovechar la tecnología, sino que la han puesto a las manos de la gente (teléfonos móviles, por ejemplo). Le pese a quién le pese, esta mejora, "la brújula moderna", que nos beneficia a una gran mayoría hoy en día, nació en aquel país llamado Unión Soviética, que un día de 1991 desapareció… ¿o no?

 
PD: Es menester apuntar que el Galileo estaba previsto que empezara a funcionar plenamente en 2008, pero debido a algunos problemas técnicos y económicos, hasta finales de este año Europa no podrá gozar de él.

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