lunes, 11 de agosto de 2014

Si fuéramos un perro, ¿veríamos el mundo en blanco y negro?

Seguramente, en alguna de las conversaciones que hayamos tenido acerca de nuestros amigos, los perros, todos hayamos escuchado en más de una ocasión esta afirmación. Una afirmación tan falsa como extendida socialmente, eso sí. Puede que nosotros conozcamos la razón, pero existe mucha gente que hoy en día, continúa aferrándose a esta verdad a medias. Y aquí y ahora, viene el porqué del perruno asunto.

Durante muchos años, y gracias, cómo no, a un nuevo e impresionante salto de la ciencia, han sido muchas las teorías que han girado en torno a este tema. Más de uno llegó a concluir que los perros tienen una vista muy poco desarrollada, una gama de colores altamente reducida o, directamente, que se movían entre lo negro y lo blanco nada más. Gran parte de estas conjeturas no van del todo desencaminadas, pero aún se alejan considerablemente de la realidad. A continuación, explicaremos cómo los investigadores han podido caer en el error y cómo se ha podido formar este mito; cuál es la verdadera visión con la que cuentan estos animales, ciertas características sobre su sentido de la orientación, y alguna que otra curiosidad canina.



La idea de un mundo visto en blanco y negro, propuesta por algunos investigadores, tiene lógicamente su razón de ser. Por su parte, los perros, al igual que la gran mayoría de los animales, poseen solamente dos tipos de conos visuales, los cuales actúan a modo de receptores del color. El ser humano, en cambio, cuenta con tres. Estos receptores presentan distintos grados de sensibilidad a diferentes longitudes de onda, por lo que al contar con menor número, es evidente pensar que los caninos pueden apreciar una combinación más reducida de colores que los seres humanos, y por tanto, que estos animales se guían más a través del brillo que de los colores a la hora de distinguir los objetos de su alrededor.

Mas un grupo de investigadores publicó un estudio titulado Proceedings of the Royal Society B en el que se demuestra precisamente todo lo contrario. En primer lugar, los científicos seleccionaron un grupo de ocho perros, los protagonistas del experimento. Durante nueve días, los animales asociaron la presencia de carne en determinados recipientes según el color del cartel que se encontrase sobre estos. Los colores empleados fueron el azul oscuro, el azul claro, el amarillo oscuro y el amarillo claro. De esta manera, los analistas podrían comprobar qué factor estaban interpretando los perros para guiarse hacia la carne: el brillo o el color.

Más tarde, se realizó la que podríamos denominar como la prueba definitiva. Por ejemplo, a los perros a los que se les había enseñado a identificar el amarillo intenso con la recompensa de la carne, esta vez se les presentaron dos nuevos recipientes; uno, con un cartel azul oscuro, y otro, en amarillo claro. Si el can se inclinaba por el recipiente con el cartel del azul, quedaría demostrado que su elección se basa en el brillo. Sin embargo, si el perro seleccionase al recipiente con el cartel amarillo, quedaría claro que su decisión estaría bajo el criterio del color. Cabe mencionar que “las dos muestras de la prueba contenían la misma cantidad de carne y olían igual”, aseguró el investigador principal, Vladim V. Maximov, a la fuente Lainformacion.com. ¿El motivo? Según él, “Para evitar confusiones”.

Después de diez pruebas, la mayoría de los sujetos realizaron su elección basándose en el factor del color, contando con un alto porcentaje de aciertos cercano al 90%. Tras este experimento, parece quedar claro que a la hora de orientarse por el mundo, a nuestros amigos los perros les pesa más el color que el grado de brillo de los objetos con los que se encuentran. 

Por lo tanto, está claro que estos animales utilizan los colores para guiarse antes que el brillo, pero, ¿qué colores? Se ha comprobado que los perros cuentan con una visión dicromática que, además del blanco y el negro, les permite distinguir dos colores distintos (azul y verde posiblemente) a través de los cuales podríamos trazar un margen de longitudes de onda bastante limitado, y similar al siguiente:



Entonces, si fuéramos perros, ¿veríamos el mundo en blanco y negro? La respuesta es “no”. Veríamos las mismas formas y los mismos colores que los seres humanos, pero con una menor intensidad y a través de un abanico cromático bastante más limitado. No contaríamos con la misma capacidad para la distinción de colores, eso es cierto. Pero en cambio, captaríamos más luz en la oscuridad que nuestros dueños gracias a un mayor número de bastones y a una estructura que poseeríamos conocida como tapetum, mediante la cual lograríamos captar una mayor cantidad de luz (es por esto que a nuestros amigos les brillan los ojos en la oscuridad).

Los perros no son seres originalmente visuales, por lo que suplen esta desventaja (si se le puede llamar así) gracias a otros sentidos como el olfato o el oído, en los que nos ganan por goleada cuando se trata de orientarnos.

Fuentes consultadas para la realización del artículo






No hay comentarios:

Publicar un comentario