Si en algún lugar de Sevilla puede pararse el
tiempo, sin duda es éste.
Normalmente las fichas se distribuyen por las casillas más populares: Catedral, Giralda, Plaza de España, Torre del Oro… Y es justo ahí, detrás de esa imponente vigía, donde comenzó la verdadera partida. De escondida figura y discreta presencia, se encuentra la hermana pequeña de la del Oro, la de la Plata. Desde ella, comienzan a desplegarse un sinfín de maneras en pergaminos metálicos. Siluetas oscuras en la ciudad del color especial, un lienzo a medias, otra atmósfera, otro cálido espacio donde refugiarse.
¿La muralla almohade del siglo XIII? ¡Presente!
Hablamos así, del conjunto Casa de la Moneda de Sevilla, un paraíso escondido. Al borde del Guadalquivir, al borde del casco histórico, en la tangente del ensanche del Cristina o en el perímetro de un centro encantado; un amasijo de callejuelas estrechas y bajas edificaciones se cierra al bullicio sevillano, a lo contemporáneo de la actual Puerta de Jerez.
Hablamos así, del conjunto Casa de la Moneda de Sevilla, un paraíso escondido. Al borde del Guadalquivir, al borde del casco histórico, en la tangente del ensanche del Cristina o en el perímetro de un centro encantado; un amasijo de callejuelas estrechas y bajas edificaciones se cierra al bullicio sevillano, a lo contemporáneo de la actual Puerta de Jerez.
Si en Sevilla apenas pueden contarse los pasajes, en este pequeño espacio se encuentran ocho. Ocho puertas a un mundo paralelo, ocho perspectivas distintas, ocho experiencias inolvidables. Espacio protagonista cuando Sevilla era puerto del Mundo. Allá por el siglo XVI, el Siglo de Oro, Puerto de las Indias.
¿Dónde está esa Torre de la Plata de la que hablan? ¿Y la calle Habana donde se rodó una escena de la película Alatriste?. Vayamos por partes. Todo esto existe, todo está en Sevilla, eclipsado pero accesible. Para entender los diferentes cambios que sufre este conjunto es necesario hacerlo desde el urbanismo de la ciudad y los distintos sucesos históricos que acontecen. Así, se distinguen dos etapas notablemente diferenciadas en la manzana. Por un lado, desde los primitivos asentamientos de Sevilla donde la manzana se halla completamente ajena al devenir de la ciudad, hasta el comienzo de la segunda etapa, ya a finales de la época almohade, siglo XIII, e inicios de la cristiana, siglo XVI, donde pasa a formar parte del contenido intramuros y comienzan a suceder una serie de transformaciones que la afectarán directamente.
Se establecen los inicios, por tanto, en época romana. A extramuros de la ciudad, se trata de unos terrenos en el borde del río Guadalquivir, emplazados en la desembocadura del arroyo Tagarete. Con el imparable crecimiento del período islámico, este enclave se verá estrechamente relacionado con la incesante actividad comercial, considerándolo punto de dominio estratégico.
Es en el siglo XIII donde este lugar comienza a convertirse en un espacio de índole principal en la ciudad. Los Almohades se hacen con la ciudad y continúa, así, el período de dicha. La manzana se ve introducida en el espacio intramuros, siendo rodeada literalmente, es decir, la morfología de la misma se verá directamente afectada por el recorrido de la muralla, así, esta última, confeccionará los límites de la manzana.
Como consecuencia de la mejora de la muralla, se suceden las construcciones de la Torre del Oro y la Torre de la Plata; motivos añadidos para la puesta en alza del futuro enclave de la Casa de la Moneda. Cuando los Almohades ejecutan la ampliación y engrandecimiento de la muralla, el conjunto a estudio es el más afectado por las remodelaciones, positivamente claro.
Anexo a él, aparecen dos torres vigías de suma importancia, atrayendo aún más la actividad portuaria que, más tarde, alcanzará su punto álgido con los cristianos. Si bien, es necesaria la dotación del puerto y así aparecen los Astilleros o Atarazanas y una mezquita de oración para el viajante, sin hacer desaparecer el Palacio de Abu-Hafs.
El cristianismo trajo consigo múltiples cambios. Entre ellos, es sabido que los nuevos pobladores de Sevilla eran muy inferiores en número a los que les precedían, por lo que la ciudad tuvo durante algunos años el aspecto de una urbe infrapoblada. Poco a poco la ciudad se irá repoblando y, paralelamente, se irán definiendo diversos sectores y barrios según sus funciones. En el caso del sector portuario el carácter de especialización funcional estaba ya definido desde época islámica. Por ello, durante la ocupación cristiana el único fenómeno que observaremos en él será el de la consolidación de su especificidad, en función de su vinculación comercial directamente relacionada con la proximidad del río. Predominaba el sector terciario frente al uso residencial.
A partir de la segunda mitad del siglo XIII, el puerto y el Arenal de Sevilla se revitalizarán enormemente al pasar a manos de los castellanos. Esta zona será la elegida por las “las gentes del mar” para ubicar sus residencias y negocios, con la creación del Barrio de la Mar y las Atarazanas, así como una serie de almacenes, posadas, tabernas y pequeños comercios diseminados por todo el sector.
El punto central de toda esa transformación lo constituyó el edificio de las Atarazanas -de tanta actualidad debido a la controversia respecto a su rehabilitación- cuya razón de ser viene determinada, por un lado, por la tradición marinera sevillana y, por otro, por los proyectos conquistadores para con Marruecos.
A partir de la segunda mitad del siglo XIII, el puerto y el Arenal de Sevilla se revitalizarán enormemente al pasar a manos de los castellanos. Esta zona será la elegida por las “las gentes del mar” para ubicar sus residencias y negocios, con la creación del Barrio de la Mar y las Atarazanas, así como una serie de almacenes, posadas, tabernas y pequeños comercios diseminados por todo el sector.
El punto central de toda esa transformación lo constituyó el edificio de las Atarazanas -de tanta actualidad debido a la controversia respecto a su rehabilitación- cuya razón de ser viene determinada, por un lado, por la tradición marinera sevillana y, por otro, por los proyectos conquistadores para con Marruecos.
Se conforma un nuevo paisaje urbano para la ciudad, que concentraba en la zona ribereña gran parte de su actividad económica. Todo esto es lógico si tenemos en cuenta el incremento del tráfico portuario; el progresivo movimiento comercial del Arenal, y el peligro de las inundaciones, que fueron los factores desencadenantes de la serie de obras de ingeniería e infraestructura portuaria localizadas entre la Torre del Oro y el puente de Barcas.
Una vez situados en el siglo XVI, en la Sevilla del siglo de Oro, podemos centrarnos en esta manzana. De morfología “triangular”, cuyo vértice exento lo marca virtualmente la Torre del Oro, y en una ciudad donde las corrientes Humanistas y Renacentistas apoyan y ponen en alza el valor de la conciencia urbanista, la manzana acoge la Lonja de los Mercaderes para en 1586 construirse una gran Casa de la Moneda, capaz y de grandes dimensiones, donde en un principio se situaron las Antiguas Atarazanas de los Caballeros. Paralelamente, se produce la colmatación de la manzana mediante la construcción del Corral de Segovia y las Herrerías del Rey, adosadas al lienzo norte del recinto.
Con el siglo XVII aparece una gran decadencia de la corona, se nombra a Cádiz Puerto de las Indias y una gran peste merma la población en un 50%. El sector puerto sufrirá estos cambios que se traducirán en la construcción de viviendas adosadas con propietarios como Roberto Marsellés o Diego Valdovinos. En 1594, Marsellés arrienda estas viviendas, conocidas como el Corral de Segovia, y las Herrerías Reales. En 1618 desaparecen las Herrerías para dar lugar a un Corral de vecinos atribuido al arquitecto Vermondo Resta.
El siglo XVIII trae consigo de nuevo un gran crecimiento que permitirá el engrandecimiento de las instalaciones de la Casa de la Moneda. Entre ellas la nueva fachada, que se conserva hoy en día de esquema barroco y clara relación con la vecina Fábrica de Tabaco, levantada años antes por el mismo ingeniero, Sebastián Van der Borcht.
En los primeros años del siglo XIX la ciudad presenta importantes problemas de espacio, lo que desemboca en el desarrollo del mercado del suelo. Se derriba el lienzo de muralla que enlazaba con la Torre del Oro, sufriendo el puerto grandes reformas. En 1830, se construye el Salón del Cristina, primer intento de ensanche en la ciudad. Treinta y ocho años más tarde, la Casa de la Moneda es desposeída de su función fabril, por lo que será dividida en lotes y vendida a diversos particulares en régimen de alquiler. En 1879, la Casa de la Moneda tendrá un único propietario que comenzará una serie de reformas que cambien radicalmente su fisonomía y estructura primitiva, llevándolo al modelo apelmazado que se conoce hoy en día.
Como resultado del batiburrillo de sucesos, cambios y circunstancias, este conjunto se encuentra inmerso en la muchedumbre sevillana sin una mínima relevancia. Arrinconado entre edificaciones de fachada de manzana, es objeto actualmente de un Plan Especial redactado por la Gerencia de Urbanismo de Sevilla en 2005. Desde este plan se pretende poner en valor un lugar de culto histórico, más que justificado, y rehabilitar el único espacio libre que queda en la colmatada manzana, actualmente un aparcamiento de coches en superficie, que choca inevitablemente con las características del conjunto.
Si no lo conoces, te invito a cruzar una de sus ocho puertas, puedes elegir desde Puerta Jerez, que te da acceso directamente a la calle Habana, sin ningún desperdicio, para más tarde adentrarte en un laberinto de bajas fachadas, solas, acurrucadas en el frescor de la sombra; o bien puedes deslizarte desde el pasaje de Helvetia de Paseo de Cristóbal Colón, que te ofrece una coqueta plaza triangular con altas palmeras como antesala de los vestigios de una muralla del siglo XIII.
Observación, reposo, historia… un lugar que descansa entre mis recuerdos y mis proyectos de futuro, un lugar que te invito a visitar y en el que descubrirás esa magia que, inevitablemente, me cautivó a mí.
Rosario Amador García
Bibliografía:
- Fragmento de “La Casa de la Moneda de Sevilla y su entorno. Historia y Morfología.” Mercedes Espiau Izaguirre. Universidad de Sevilla. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla. España. 1991.
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Gracias. Solo con leerte se sevillaniza uno.
ResponderEliminarUn placer.