lunes, 6 de octubre de 2014

¿Existió realmente el gran Homero?

La pregunta parece fuera de lugar. ¿Cómo va a ser un poeta tan reconocido mundialmente (tanto que es canónico) un invento de la humanidad? Pues bien, la cuestión no parecerá tan alocada cuando expongamos los datos filológicos que se tienen sobre los poemas de Homero a día de hoy.

Comencemos situándonos en la época: Año VIII a.C., aproximadamente. En aquellos tiempos los poetas no eran escritores, sino cantantes. Es decir, los primeros poemas eran cantos que componían y musicalizaban los “aedos”, que es como llamaban los griegos a sus juglares. De hecho, si hacemos memoria, observamos que la Ilíada o la Odisea, no se divide en capítulos o en estrofas; se compone de cantos.

De esos cantos, expertos filólogos — entre los que se cuenta mi querido amigo Vico del que ya hablamos en otra ocasión y del que podéis saber más aquí — han identificado que existen diversos autores por el estilo del narrador. Más aún, se han identificado distintos siglos de diferencia entre unos y otros.



Es importante aclarar que el trabajo de un filólogo consiste, entre otras muchas cosas, en identificar a escritores anónimos o datar textos, por el estilo y vocabulario empleados en las obras a “etiquetar”.

Aclarado esto, se sabe positivamente que hay al menos dos autores distintos mezclados en los cantos de la Odisea. ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión? Pues como decíamos, por el estilo. En algunos de los cantos se dibuja a un Ulises más guerrero y “machote”. En cambio en otros, es un sensiblón que rompe en llanto ante la más ligera mención de su casa, en Ítaca. Ulises es capaz de ver cómo Polifemo, el cíclope, se zampa a la mitad de su tripulación sin pestañear, sintiendo tan sólo indignación e impotencia; se entera de que su madre se ha suicidado, por su causa, cuando viaja al inframundo y no suelta ni una lagrima. Pero cuando el aedo se pone a cantar pasajes de la Guerra de Troya, se deshace en llantos y suspiros.

Basándose en estas diferencias, en cuanto a la creación de los personajes, tenemos como decíamos, dos poetas. Pero vamos más lejos; Vico observó que el lenguaje utilizado en los primeros cantos y el que se usó en los últimos no era “contemporáneo”. Había palabras al final de la obra que doscientos años antes se desconocían. Se mencionaban objetos que en la época de Homero aún no existían. En la Ilíada, por ejemplo, se describe la geografía con un detalle casi cartográfico que no pudo obtenerse hasta mucho después de la “época de Homero”. Los diferentes cantos fueron compuestos y encadenados a lo largo de al menos dos siglos.

Es algo similar a lo que sucede con la Biblia, que entre el Génesis y el Apocalipsis hay un transcurso de no menos de dos mil años. En el caso de los poemas homéricos la diferencia no es tan exagerada pero, como pasa en las Sagradas Escrituras, Homero cuenta la historia de una civilización griega que él ya no llegó a conocer. De la misma forma que los diferentes evangelistas hablan de Jesús según lo cercanos en el tiempo que estuvieron de él, mitificándolo los más modernos y humanizándolo sus coetáneos, así tratan los cantos a la civilización “pre-homérica”. Ensalzando aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”.  

Por todo esto, es más probable que de existir realmente el gran poeta (de lo que no hay datos fehacientes) él fuera quien recopiló, ordenó y transcribió los cantos pasados de boca en boca a través de los tiempos. Lo cual, sin duda, tampoco es moco de pavo aunque nos rompa un mito. Porque Homero, real o no, fue y será una leyenda y como se detalla en el artículo ya citado, las leyendas permanecerán entre nosotros porque las necesitamos. Y ellas nos necesitan a nosotros.

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