lunes, 13 de octubre de 2014

Nerón y el imperio de la megalomanía


''Nerón en la bahía'', Jan Styka


«Pueden ser crueles los actos de un hombre sin necesidad de que el hombre sea cruel, pero aquel que no acate mis leyes morirá o será castigado. Que me odien con tal de que me teman; no me importa cuántos mueran por ello pero el emperador debe ser respetado como artista y soberano».



Tal vez fue así como Lucio Domicio Enobarbo justificó sus extravagantes y tiránicos catorce años de gobierno como el último emperador romano de la dinastía Julio-Claudia. Hace ya mil novecientos sesenta años que, al que conoceríamos como Nerón, accedería al trono tras la muerte de su tío y padrastro Claudio, sustituyendo a quien fue el primer heredero, Británico. Si bien de acuerdo a sentencias como esta o al testimonio de Tácito y Suetonio no gozaba de buena fama, era sabida de él su gran popularidad entre la plebe romana, pese a ser conocido por las constantes acusaciones de conspiración a quienes no consideraba fieles a su causa, la persecución de cristianos y los ajusticiamientos tácticos, encontrándose entre sus víctimas su propia madre y su hermanastro Británico. 

Lucio Domicio Enobarbo, el futuro Nerón, nace el 15 de diciembre del 37 d.C. en Antium, una ciudad situada a 53 km al sur de Roma. Su padre, Cneo Domicio Enobarbo, era nieto de Marco Antonio y Octavia la Menor, y además de pretor, ocupaba un puesto en guardia personal de Calígula. La madre de Lucio era Agripinila, bisnieta por línea paterna de Marco Antonio y de Octavia, y a su vez era también bisnieta por línea materna bisnieta de César Augusto. Esta mezcla de sangre, que probablemente hoy día nos causaría cierta confusión al encontrar por ambos padres los mismos antepasados, hace que no pueda extrañarnos ciertos comportamientos desequilibrados de Lucio, que bien se presentaron en su madre y en su tío, el sanguinario emperador Calígula. 




Agripinila se casó con Enobarbo por orden del emperador Tiberio tras ser descubierta manteniendo relaciones sexuales con Calígula, quien lo hacía también con sus dos otras hermanas. Enobarbo, al saber de su casamiento, sólo pudo decir que «de la unión de Agripina y yo sólo puede salir un monstruo». Desde el principio, el futuro de Nerón como emperador no se había mostrado nada prometedor, pues un joven Calígula había subido al trono imperial en el momento en que Agripinila había perdido los privilegios de frecuentar su alcoba, pues este había enfermado mentalmente tras la muerte de la hermana favorita, Drusila. Después del fracaso de una conspiración por parte de una celosa Agripinila, lo que le causó el exilio, Nerón se quedaría a cargo de su tía paterna y de dos artistas que ejercían como nodrizas sin los cuidados de sus progenitores, pues su padre había fallecido. Con el asesinato de Calígula en el año 41 entraría en escena Claudio, tio de Agripinila, quien sería coronado emperador y permitiría el regreso de la mujer. 

Habiendo perdido las riquezas que Cneo Domicio Enobarbo dejó como herencia y que Calígula derrochó como parte del tesoro imperial, Agripinila se propuso dar a su hijo el mejor de los futuros posibles, intentando recuperar la fortuna perdida casándose con Cayo Salustio Pasieno Crispo, de quien heredó su patrimonio tras su sospechosa muerte en el año 47. Como resulta lógico, lo primero que se rumoreó es que Agripinila lo había asesinado, pero no sólo para obtener su legado, sino porque su plan aspiraba a algo mayor: finalmente hallar como marido a su tío y emperador Claudio. En última instancia hubo de sortear a Mesalina, su esposa, para lo cual destapó el plan de la infiel chiquilla de casarse en secreto con Silio, siendo juzgada por bigamia y ejecutada. 

Agripinila consiguió finalmente casarse con su tío, comenzando a tomar las riendas del palacio imperial. Así, para asegurar aún más sus relaciones con el emperador, quiso casar a Nerón con la hija de Claudio, Octavia, rompiendo todos los noviazgos de la chiquilla, para los cuales pudo inventarse todo tipo de estratagemas que incluían humillaciones públicas. Del mismo modo, procedió a asignar un nuevo pedagogo para su hijo con el objetivo de que le quitara de la cabeza su inclinación por las artes -algo no admisible en la aristocracia romana-, contratando a Séneca. Agripinila veía así un paralelismo entre el filósofo y su hijo con Aristóteles y Alejandro Magno. 

Pero además de Octavia, Claudio tenía un hijo que sería el auténtico heredero del imperio, Británico, que no obstante no había sido considerado por el pueblo como el beneficiario del trono. Esto se debió al adulterio de la madre de Británico, el protagonismo que acaparó Agripinila, y en tercer lugar, la adopción de Lucio por parte de Claudio. Este último hecho, por el cual Lucio cambió su nombre a Nerón Claudio César Augusto Germánico, aconteció en el año 50, convencido Claudio de que así Nerón simplemente sería un correcto auxiliar para su hermanastro Británico, considerado hasta aquel momento como heredero del trono. 

Supuestamente preparándose para este puesto, Nerón adelantó su proclamación como adulto nueve meses antes de alcanzar la mayoría de edad considerada en Roma, los catorce años. Su objetivo era comenzar su carrera política y participar en los asuntos del Estado cuanto antes, y de este modo, se acordó designarle cónsul una vez cumpliera los veinte años, dándole por el momento poderes proconsulares fuera de los límites de la ciudad, y entrando en el Senado para disertar ante la Cámara. 

Nerón y Británico habían hecho malas migas desde el primer día en el que se convirtieron en hermanastros, y las cosas no mejoraron cuando Nerón comenzó a mostrarse en público al lado del emperador con togas escarlatas adecuadas a su rango, mientras que Británico vestía como un simple niño. Así Roma ya se acostumbraba a ver en Nerón el futuro emperador, y por ello no extraña que su efigie comenzara a aparecer en las monedas como futuro sucesor de su tío. 

Una vez más, Agripinila fue señalada como la asesina de su marido. Claudio murió en el año 54, lo cual permitió que finalmente Nerón, al ser más mayor que Británico y hallarse mejor preparado, se alzara como inmediato sucesor y emperador de Roma con solo 16 años. Los primeros meses de su reinado vinieron respaldados por la influencia de su madre -quien para asegurar su poder mantenía
 relaciones sexuales con él-, Séneca y el prefecto del pretorio Sexto Afranio Burro. Nerón fue tolerando cada vez menos las actitudes de su madre, llegando al colmo cuando, insatisfecho con su prima Octavia como esposa, había iniciado un romance con Claudia Actea, una liberta de origen sirio. Agripinila montó en cólera cuando supo que Nerón quería repudiar a Octavia y casarse con la joven liberta, a lo que Nerón respondió con una furia desmedida que nunca había mostrado contra su madre, alegando que en el caso de que no le permitiera yacer con Actea, se fugaría a la isla de Rodas con ella y abdicaría de su puesto. 

La mayoría de edad de Británico se acercaba, y el resentimiento de Agripinila hizo que intimara con el joven para apoyarle como el verdadero heredero. Conociendo las pretensiones de Agripinila, Nerón envenenó el vino de Británico durante la cena anterior al día de su decimocuarto cumpleaños, en la noche del 12 de febrero del 55. En el mismo banquete, Nerón resultó ser el centro de todas las miradas allí presentes, algo usual conociendo los rumores que corrían sobre su madre – pues ya se murmuraba que de tal palo, tal astilla-, mientras él observaba plácidamente como su hermanastro se ahogaba y moría. Lo único que respondió a las miradas inquisitivas fue que aquello había sido un ataque epiléptico del que recuperaría, si bien él sabía que no lo haría. Así fue como Agripinila comenzó a temer a su propio hijo. 

Nerón comenzó así a deshacerse de quienes no deseaba ni en la corte ni en su imperio. Expulsó a Agripinila de la residencia imperial, así como a su amante Palas, acusando a ambos de conjurar para  intentar colocar en el trono a Fausto Cornelio Sila Felix y a Aulo Plaucio. Este último, que también fue amante de su madre, fue mandado ejecutar, si bien antes Nerón obligó al joven a hacerle una felación. «Que venga ahora mi madre y bese a mi sucesor», dijo entonces. 

Nerón empezó en el año 58 una relación amorosa con Popea Sabina, pero sabiendo que no podría casarse con ella mientras Agripilina siguiera viva, ordenó varios intentos de asesinato durante el año siguiente. Nerón intentó envenenarla varias veces, sin éxito, así como trató de derribar su habitación mientras ella estuviera durmiendo dentro. Tales fueron las ocasiones frustradas que incluso hubo de adquirir un barco nuevo, al que cual invitaría con la intención de hundirlo con ella dentro. Finalmente,el emperador acusó a su madre de ser miembro de una conjuración por la cual querría llevar al trono a Cayo Rubelio Plauto, por lo que fue juzgada y ejecutada. Así fue como se cumplió una profecía que dictaminaba que Nerón «será rey, pero matará a su madre». Agripilina, como bien se ha comprobado a lo largo de su vida, solo quería que su hijo gobernara, por lo que aunque en aquellos momentos no lo hubiera pensado así, había respondido: «¡Que me mate con tal de que reine!». Después de esto, Séneca y Burro hicieron grandes esfuerzos por lavar la imagen pública del emperador ante el Senado. 

''La muerte de Séneca'', Manuel Domínguez
Burro murió asesinado en el año 62, y Séneca había decidido alejarse de la corte y de la vida pública ante múltiples acusaciones de malversación e hipocresía. Pero Nerón no quiso dejarle ir tan fácilmente, por lo que también trató de seguir el método que finalmente causó la muerte a su madre. Nerón le acusó de hallarse implicado en la conjura de Pisón, y sabiendo que el emperador actuaría decidió abrirse las venas cortándose brazos y piernas, algo que algunas fuentes dicen que su esposa Paulina imitó. Dado que esto no funcionó, lo intentó ingiriendo cicuta, que aún resultó poco potente, por lo que finalmente decidió darse un baño caliente con el que se asfixiaría con los vapores a causa de su asma. Al igual que Paulina supuestamente lo hizo, también se suicidaron sus dos hermanos y su sobrino Lucano, temiendo las represalias del emperador.
con crueldad sobre él,

Si bien Nerón causó verdadero pavor entre la aristocracia romana, habiendo procedido a dar muerte a todo rival que se pusiera por su camino, su política fue considerablemente pacífica, destacando junto a Augusto y Vespasiano como los únicos emperadores que pudieron cerrar las puertas del Templo de Jano por largo tiempo, algo que, como mandaba la tradición, solo sucedía en tiempos de paz. La única guerra a la que hubo de enfrentarse se sucedió contra Partia, que si bien causó una crisis económica en el 63, supuso un gran victoria política y militar. No obstante hubo de enfrentarse a una serie de rebeliones y conflagraciones por derogar su poder, como la rebelión británica en el año 60, la conspiración de Pisón, la revuelta judía en el año 66 -en la cual los romanos destruyeron la ciudad de Jerusalén y destrozaron su Templo-, y la rebelión de Víndex en el año 67. Pero de todos los sucesos acontecidos en el imperio de Nerón destaca el Gran Incendio de Roma en el año 64. 

Aun encontrando pocas fuentes y, en cierta medida, contradictorias, cabe concluir en que se inició la noche del 18 al 19 de julio del año 64, durando al menos cinco días. De los catorce distritos que componían la ciudad de Roma, cuatro de ellos fueron completamente arrasados, y quedaron dañados otros siete, destruyendo a su paso monumentos como el templo de Júpiter. La versión más extendida acerca del origen del fuego defiende como su causante el mismo emperador Nerón, que morbosamente había observado la ciudad arder desde su palacio mientras tocaba su lira. No obstante, la versión mantenida como cierta fue que resultó ser un accidente, o que al menos no fue provocado por Nerón, pues él estaba en ese momento en Anzio. Así se justifica que el emperador volviera aprisa a Roma para organizar un plan de socorro, iniciando nada más se sofocó el incendio una reforma urbana que culminó con la construcción de un nuevo palacio, la Domus Aurea. Las causas del incendio fueron achacadas a los cristianos, motivo por el que se inició una persecución contra ellos, siendo condenados a morir de las más sádicas maneras. Pero el rumor de que el causante del incendio había sido el propio emperador había quedado lo suficientemente extendido como para que, a su caída, se procediera a destruir el símbolo de la opresión de Nerón, la Domus Aurea. 

En junio de 68 el Senado votó a Galba, pretor de la Hispania Tarraconense, como emperador. Enterándose de todo ello, y pese a que intentó huir de Roma, finalmente Nerón optó por el suicidio, pidiéndole para ello ayuda a Epafrodito, su secretario. Este consideró que solo los dioses podrían acabar con la vida de un gran criminal como Nerón, por lo que simplemente asistió a la escena. El suicidio del emperador fue recibido con gran alegría entre la aristocracia y la clase política de Roma, si bien el pueblo, los esclavos y los artistas consideraron la noticia como un horrible suceso por el cual se dice que lloraron con amargura. Nerón bien es cierto que había atesorado cierta obsesión de ser popular, siempre procurando mejorar la economía de los necesitados en su imperio, por lo que es creíble que el pueblo se mantuviera leal a su emperador. Su muerte trajo consigo un turbio año de guerras civiles donde se sucedieron cuatro emperadores, batiéndose entre sí por el poder hasta que Vespasiano y la dinastía Flavia quedarían como vencedores.


Fuentes:

I. Nerón, Gérard Walter. Ediciones Grijalbo.

II. Annales VI, Tácito.

III. Annales XI, Tácito.

IV. Annales XII, Tácito.

V. Annales XIII, Tácito.

VI. Annales XIV, Tácito.

VII. Annales XV, Tácito.

VIII. Annales XVI, Tácito.

IX. estantocandoatupuerta

X. EyeWitness to History

XI. mcnbiografías

XII. Planeta Sedna


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