Más conocido como Fréderic
F. Chopin y llamado cariñosamente Fricek, Fryderyk Franciszek Chopin, compositor y virtuoso pianista polaco
considerado como uno de los máximos exponentes musicales de la época del
Romanticismo, moría un 17 de Octubre de 1849 en París. Rememoraremos,
pues, algunos esbozos de lo que este gran genio – desvirtuado por nombres como
Mozart o Beethoven- fue e hizo para con la música.
Fryderyk
Franciszek, Federico Francisco si lo castellanizamos, nace el 1 de Marzo de 1810 en Zelazowa-Wola,
aunque en el registro oficial aparece como nacido el 22 de febrero por un error
del cura que le bautiza. No se sabe nada preciso de sus primeros años a
excepción de su traslado a Varsovia en octubre de ese mismo año, seis meses
después de su nacimiento, y su crecimiento en un ambiente familiar en el que el
gusto por la cultura era notable. Hijo de un profesor de francés y de
literatura francesa que es también
prefecto de una familia y de una mujer miembro de una familia noble
venida a menos, Fryderyk pasa su infancia rodeado de sus tres hermanas, Ludwika,
Izabella y Emilia.
Su primer contacto con la música lo establece gracias a una
de ellas, Ludwika, quien fue la primera
maestra de piano que tuvo Fryderyk. Es sabido que el primer contacto del futuro
compositor con la música es engañoso: escucha una marcha militar y lanza unos
gritos espantosos, rechazando así, desde el comienzo, la música ruidosa y
vacía.
Adalbert Ziwni,
violinista y clavicordista, será el maestro del pequeño Fricek, y verá en él un
talento inusual. En lugar de hacerle tocar los “horrores” de la moda, le enseña
las Sonatinas de Mozart y los Preludios y
fugas más accesibles del Clave de
Bach, compositores de quienes Chopin
tomará sus preocupaciones estilísticas. Estos dos compositores serán la influencia
más marcada de la obra de Chopin.
El repertorio del aprendiz de pianista no se quedó sólo en
estos dos genios, pasó también por otros nombres de la talla de Beethoven (de
quién, de uno de sus últimos tríos, escribió: “jamás escuchó nada tan bello: Beethoven se burla del mundo entero…”),
Haendel, Scarlatti o Weber y también de los compositores más destacados de su
tierra polaca, tales como Oginski, Kaczkowski o Kawrieswski. Desde la infancia siente ya un gran interés
por el folclore nacional, se hace cantar mazurkas
y toma la idea, así, del ritmo tan característico de la polonesa, género que hoy le da la fama.
El niño Fryderyk fue un pianista nato, pero supo compaginar
bien su devoción por la música con sus otras tareas, a diferencia de otros
niños prodigio. Con un comportamiento sencillo y riguroso, Fricek muestra una
mano de pianista con gran gusto para la ejecución y gran don de imitación, y
desde muy temprano deja ver su instinto creador en pequeñas composiciones. Sin
embargo, la música es su elemento y no su cadena, él va realizando sus tareas
escolares correctamente y acepta de buena gana cambiar de actividad para
distraerse. Nunca llegará a practicar
más de tres horas diarias de piano.
Con una educación digna de un príncipe (hablará seis idiomas
y tendrá grandes enseñanzas en religión y canto), Fryderyk llega a sus veinte
años creciendo junto a los príncipes de su raza por sentirse intelectualmente
igual a ellos. Será célebre muy tempranamente en Varsovia, hablando de él como
un segundo Mozart. En 1817 ya compone una primera polonesa, dedicada a la condesa
Victoria Skarbek (con ocho años); y será en 1818 cuando dé su primer concierto
público en el palacio Radziwill de Varsovia, en el que toca un movimiento del Concerto de Gyrowetz.
A los doce años deja de recibir las lecciones de piano del
señor Ziwni. “¡Ya no tengo más nada que
enseñarle!”, afirmó su maestro; “Me
lo enseñó todo”, afirmará Chopin años más tarde. En 1821, con once años,
Fricek ofrece a su maestro un manuscrito con una Polonesa en la bemol mayor,
el primero de sus manuscritos que ha
llegado hasta nosotros. Esta pieza presenta una sencillez en su redacción
que queda redimida por las proporciones y la armonía que caracterizaron la obra
de Chopin a lo largo de su vida; y en ella deja ya latente su gran talento.
En 1823 comienza a recibir algunas lecciones de órgano con Józef Ksawery Elsner, director de la
Escuela Superior de Música de Varsovia (quién se encargó de perfeccionarlo en teoría
musical, bajo continuo y composición) y de piano
con Vilem Würfel,
renombrado pianista bohemio. Tras un
tiempo recibiendo lecciones, se gradúa en el Liceo de Varsovia y comienza a
viajar por Europa y dar conciertos por algunas de las ciudades con un panorama
musical más importante. Así, pasará por Viena (donde recibirá una muy buena
crítica), Praga, Breslau y Wroclaw; y al regresar a Varsovia se enamora de una
estudiante de canto llamada Konstanze Gladkowska, a quien dedicará algunas de
sus obras más memorables: el Vals Op. 70 n.º 3 y el movimiento lento de su primer Concierto para piano y orquesta en fa menor. Sin embargo, este romance no fue
decisivo, pues Fryderyk emprende un viaje por Europa y Konstanze se casa con
otro hombre.
Un aspecto fundamental de la vida de Chopin, y condicionante
de su obra, es su estancia en París,
ciudad a la que llega en otoño de 1831.
París era el foco de la cultura de la época, y allí Chopin se relaciona con
algunos de los intelectuales más destacados: Honoré Balzac, Victor Hugo o
Heinrich Heine entre otros.
Friedrich Kalkbrenner, uno de los pianistas
más grandes de su tiempo, llamado el “rey del piano”, al escuchar a Chopin se
maravilló y se ofreció a darle clases para que mejorara en su técnica. Chopin,
ante esta propuesta, responde: “sé cuánto
me falta, pero no quiero imitarle”. Pronto escribió a Elsner: “No deseo ser una copia de Kalkbrenner
[...]. Nada podría quitarme la idea ni el deseo, acaso audaz, pero noble, de
crearme un mundo nuevo”. Pese a
ello, recibirá estas lecciones durante más o menos un año, de forma que se fue
introduciendo en el panorama musical de París.
En estos años románticos,
ningún concierto tenía éxito sin la participación de una cantante. Su primer
concierto en París, programado primero para el 25 de Diciembre de 1831 y
pospuesto para el 15 de Enero de 1832 por indisponibilidad de la cantante, se
lleva a cabo finalmente el 26 de Febrero
debido a una indisposición de Kalkbrenner. Celebrado en la Sala Pleyel, acuden
personalidades tanto francesas como polacas: en el auditorio se encuentran Listz y Mendelssohn. El concierto fue
un éxito, afianzó a Chopin entre los parisinos, pero financieramente, fue un
desastre: hubo demasiadas invitaciones y muy pocos asientos pagados.
La escasez económica
se agravó por la epidemia de cólera que asoló París en 1832, que hace que las
familias ricas huyan y los artistas se queden sin trabajo. Será entonces cuando Fryderyck comience a ser
profesor
de piano, convirtiéndose pronto en un maestro requerido y dedicándose a
ello hasta el final de su vida.
Tras su época de
esplendor europeo, en 1835 Chopin enferma gravemente y está a punto de morir,
dejando incluso el primer borrador de su testamento y mostrando tentativas de
suicidio. Sin embargo, este año será prolífico para su obra, pues completó su Balada y compuso dos de sus Nocturnos. La tuberculosis que había contraído
no le dejó indiferente: tras pasar una temporada en Mallorca con la familia de George Sand, regresa a París en
1840, época en la que compondrá un sinfín de creaciones ( la Sonata Op.35, el Impromptu Op. 36, los Nocturnos Op.
37, la Balada Op.
38, el Scherzo Op. 39, las Polonesas Op.
40, entre otros).
Chopin en su
lecho de muerte, por Teofil Kwiatkowski.
La enfermedad de
Chopin se agravó hasta el punto en que en 1849, tuvo que abandonar la
enseñanza. Todos sus coetáneos quisieron ir a visitarle y mostrarle su apoyo,
incluida su hermana Ludwika, que viajó desde Varsovia para cuidarle. Fryderyk
sabía que se moría, y aun así, trabajó en el borrador de su última pieza (Mazurca
en fa menor); y dejó escrito su último deseo: “Encontraréis muchas
partituras, más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me tenéis, por
favor, quemadlas todas excepto la primera parte de mi método para piano. El
resto debe ser consumido por el fuego sin excepción, porque tengo demasiado
respeto por mi público y no quiero que todas las piezas que no sean dignas de
él, anden circulando por mi culpa y bajo mi nombre.” Por suerte, nadie
respetó su petición. Fricek fallecía, a las dos de la madrugada, el 17 de
octubre de 1849, a la edad de 39 años, dejando tras de sí un gran legado
musical que ha servido de ejemplo a muchos compositores y pianistas, y que
permite que sigamos disfrutando de su talento como ya hicieron sus camaradas en
los salones de París.
Si se me permite
una recomendación personal, aquí les dejo el enlace de uno de los mejores
pianistas de nuestro tiempo interpretando a uno de los mejores pianistas de
todos los tiempos: Arthur Rubinstein y los Nocturnos: https://www.youtube.com/watch?v=YD-HsO0qqzE
Cristina Busto.
BIBLIOGRAFÍA:
GAVOTY, B.: Chopin.
Colección “La música y los músicos”. Javier Vergara Editor. 1987
CORTOT, A.:
Aspectos sobre Chopin. Alianza Música. 1980.


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