martes, 21 de octubre de 2014

Fryderyk Francizek Chopin (Fréderic Chopin).

Más conocido como Fréderic  F. Chopin y llamado cariñosamente Fricek, Fryderyk Franciszek Chopin, compositor y virtuoso pianista polaco considerado como uno de los máximos exponentes musicales de la época del Romanticismo, moría un 17 de Octubre de 1849 en París. Rememoraremos, pues, algunos esbozos de lo que este gran genio – desvirtuado por nombres como Mozart o Beethoven- fue e hizo para con la música.

Fryderyk Franciszek, Federico Francisco si lo castellanizamos, nace el 1 de Marzo de 1810 en Zelazowa-Wola, aunque en el registro oficial aparece como nacido el 22 de febrero por un error del cura que le bautiza. No se sabe nada preciso de sus primeros años a excepción de su traslado a Varsovia en octubre de ese mismo año, seis meses después de su nacimiento, y su crecimiento en un ambiente familiar en el que el gusto por la cultura era notable. Hijo de un profesor de francés y de literatura francesa que es también  prefecto de una familia y de una mujer miembro de una familia noble venida a menos, Fryderyk pasa su infancia rodeado de sus tres hermanas, Ludwika, Izabella y Emilia.
Su primer contacto con la música lo establece gracias a una de ellas, Ludwika, quien fue la primera maestra de piano que tuvo Fryderyk. Es sabido que el primer contacto del futuro compositor con la música es engañoso: escucha una marcha militar y lanza unos gritos espantosos, rechazando así, desde el comienzo, la música ruidosa y vacía.
Única foto conservada de Chopin, en 1849, poco antes de su muerte.

Adalbert Ziwni, violinista y clavicordista, será el maestro del pequeño Fricek, y verá en él un talento inusual. En lugar de hacerle tocar los “horrores” de la moda, le enseña las Sonatinas de Mozart y los Preludios y fugas más accesibles del Clave de Bach, compositores de quienes Chopin tomará sus preocupaciones estilísticas. Estos dos compositores serán la influencia más marcada de la obra de Chopin.

El repertorio del aprendiz de pianista no se quedó sólo en estos dos genios, pasó también por otros nombres de la talla de Beethoven (de quién, de uno de sus últimos tríos, escribió: “jamás escuchó nada tan bello: Beethoven se burla del mundo entero…”), Haendel, Scarlatti o Weber y también de los compositores más destacados de su tierra polaca, tales como Oginski, Kaczkowski o Kawrieswski. Desde la infancia siente ya un gran interés por el folclore nacional, se hace cantar mazurkas y toma la idea, así, del ritmo tan característico de la polonesa, género que hoy le da la fama.
El niño Fryderyk fue un pianista nato, pero supo compaginar bien su devoción por la música con sus otras tareas, a diferencia de otros niños prodigio. Con un comportamiento sencillo y riguroso, Fricek muestra una mano de pianista con gran gusto para la ejecución y gran don de imitación, y desde muy temprano deja ver su instinto creador en pequeñas composiciones. Sin embargo, la música es su elemento y no su cadena, él va realizando sus tareas escolares correctamente y acepta de buena gana cambiar de actividad para distraerse. Nunca llegará a practicar más de tres horas diarias de piano.

Con una educación digna de un príncipe (hablará seis idiomas y tendrá grandes enseñanzas en religión y canto), Fryderyk llega a sus veinte años creciendo junto a los príncipes de su raza por sentirse intelectualmente igual a ellos. Será célebre muy tempranamente en Varsovia, hablando de él como un segundo Mozart. En 1817 ya compone una primera polonesa, dedicada a la condesa Victoria Skarbek (con ocho años); y será en 1818 cuando dé su primer concierto público en el palacio Radziwill de Varsovia, en el que toca un movimiento del Concerto de Gyrowetz.
A los doce años deja de recibir las lecciones de piano del señor Ziwni. “¡Ya no tengo más nada que enseñarle!”, afirmó su maestro; “Me lo enseñó todo”, afirmará Chopin años más tarde. En 1821, con once años, Fricek ofrece a su maestro un manuscrito con una Polonesa en la bemol mayor, el primero de sus manuscritos que ha llegado hasta nosotros. Esta pieza presenta una sencillez en su redacción que queda redimida por las proporciones y la armonía que caracterizaron la obra de Chopin a lo largo de su vida; y en ella deja ya latente su gran talento.

En 1823 comienza a recibir algunas lecciones de órgano con Józef Ksawery Elsner, director de la Escuela Superior de Música de Varsovia (quién se encargó de perfeccionarlo en teoría musicalbajo continuo y composición) y de piano con Vilem Würfel, renombrado pianista bohemio.  Tras un tiempo recibiendo lecciones, se gradúa en el Liceo de Varsovia y comienza a viajar por Europa y dar conciertos por algunas de las ciudades con un panorama musical más importante. Así, pasará por Viena (donde recibirá una muy buena crítica), Praga, Breslau y Wroclaw; y al regresar a Varsovia se enamora de una estudiante de canto llamada Konstanze Gladkowska, a quien dedicará algunas de sus obras más memorables:   el Vals Op. 70 n.º 3 y el movimiento lento de su primer Concierto para piano y orquesta en fa menor. Sin embargo, este romance no fue decisivo, pues Fryderyk emprende un viaje por Europa y Konstanze se casa con otro hombre.

Un aspecto fundamental de la vida de Chopin, y condicionante de su obra, es su estancia en París, ciudad a la que llega en otoño de 1831. París era el foco de la cultura de la época, y allí Chopin se relaciona con algunos de los intelectuales más destacados: Honoré Balzac, Victor Hugo o Heinrich Heine entre otros.
Friedrich Kalkbrenner, uno de los pianistas más grandes de su tiempo, llamado el “rey del piano”, al escuchar a Chopin se maravilló y se ofreció a darle clases para que mejorara en su técnica. Chopin, ante esta propuesta, responde: “sé cuánto me falta, pero no quiero imitarle”. Pronto escribió a Elsner: “No deseo ser una copia de Kalkbrenner [...]. Nada podría quitarme la idea ni el deseo, acaso audaz, pero noble, de crearme un mundo nuevo”.  Pese a ello, recibirá estas lecciones durante más o menos un año, de forma que se fue introduciendo en el panorama musical de París.
En estos años románticos,  ningún concierto tenía éxito sin la participación de una cantante. Su primer concierto en París, programado primero para el 25 de Diciembre de 1831 y pospuesto para el 15 de Enero de 1832 por indisponibilidad de la cantante, se lleva a cabo finalmente el 26 de Febrero debido a una indisposición de Kalkbrenner. Celebrado en la Sala Pleyel, acuden personalidades tanto francesas como polacas: en el auditorio se encuentran Listz y Mendelssohn. El concierto fue un éxito, afianzó a Chopin entre los parisinos, pero financieramente, fue un desastre: hubo demasiadas invitaciones y muy pocos asientos pagados.
 La escasez económica se agravó por la epidemia de cólera que asoló París en 1832, que hace que las familias ricas huyan y los artistas se queden sin trabajo.  Será entonces cuando Fryderyck comience a ser  profesor de piano, convirtiéndose pronto en un maestro requerido y dedicándose a ello hasta el final de su vida.
Tras su época de esplendor europeo, en 1835 Chopin enferma gravemente y está a punto de morir, dejando incluso el primer borrador de su testamento y mostrando tentativas de suicidio. Sin embargo, este año será prolífico para su obra, pues completó su Balada y compuso dos de sus Nocturnos. La tuberculosis que había contraído no le dejó indiferente: tras pasar una temporada en Mallorca con  la familia de George Sand, regresa a París en 1840, época en la que compondrá un sinfín de creaciones ( la Sonata Op.35, el Impromptu Op. 36, los Nocturnos Op. 37, la Balada Op. 38, el Scherzo Op. 39, las Polonesas Op. 40, entre otros).

Chopin en su lecho de muerte, por Teofil Kwiatkowski.

La enfermedad de Chopin se agravó hasta el punto en que en 1849, tuvo que abandonar la enseñanza. Todos sus coetáneos quisieron ir a visitarle y mostrarle su apoyo, incluida su hermana Ludwika, que viajó desde Varsovia para cuidarle. Fryderyk sabía que se moría, y aun así, trabajó en el borrador de su última pieza (Mazurca en fa menor); y dejó escrito su último deseo: “Encontraréis muchas partituras, más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me tenéis, por favor, quemadlas todas excepto la primera parte de mi método para piano. El resto debe ser consumido por el fuego sin excepción, porque tengo demasiado respeto por mi público y no quiero que todas las piezas que no sean dignas de él, anden circulando por mi culpa y bajo mi nombre.” Por suerte, nadie respetó su petición. Fricek fallecía, a las dos de la madrugada, el 17 de octubre de 1849, a la edad de 39 años, dejando tras de sí un gran legado musical que ha servido de ejemplo a muchos compositores y pianistas, y que permite que sigamos disfrutando de su talento como ya hicieron sus camaradas en los salones de París.
Si se me permite una recomendación personal, aquí les dejo el enlace de uno de los mejores pianistas de nuestro tiempo interpretando a uno de los mejores pianistas de todos los tiempos: Arthur Rubinstein y los Nocturnos: https://www.youtube.com/watch?v=YD-HsO0qqzE
Cristina Busto.
BIBLIOGRAFÍA:
GAVOTY, B.: Chopin. Colección “La música y los músicos”. Javier Vergara Editor. 1987
CORTOT, A.: Aspectos sobre Chopin. Alianza Música. 1980.



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